Muros contra la desgracia en Europa

Levantamos muros en lugar de apoyar a países vecinos en desgracia, así se atienden mayoritariamente las situaciones de emergencia en este sistema globalizado, que nos pone de frente a nuestros valores, que distan mucho de tener un rostro humano.


La crisis de refugiados, saca a la luz una crisis humanitaria, pues ante la latente emergencia de proveer de ayuda y suministrar con suficiencia, eficacia y diligencia a quien lo requiere, se ponen barreras que han desembocado en una catástrofe humana que ha acabado con la vida de miles de personas.

Es esta crisis humanitaria, la que proviene de una crisis de valores humanos además de severas crisis políticas, económicas, ambientales y sociales, que dan lugar a una gran crisis civilizatoria que arriesga a la humanidad entera.


Es este orden civilizatorio, que promueve el mecanicismo, racionalismo, industrialismo, la propiedad privada, la productividad, la competitividad, la practicidad, superficialidad, el consumismo, antagonismo, consumismo, individualismo, ventajismo, imperialismo, clasismo, cientificismo, androcentrismo, sexismo, binarismo y neoliberalismo como principios, paradigmas y valores hegemónicos, que se iteran y reiteran hasta parecer inexorablemente inevitables y finalmente naturales. Sin embargo, no guardan una lógica aparentemente natural o visionaria, generando una miopía social e ilusión óptica de que las guerras son inevitables, así como el desgaste ambiental, pobreza y marginación, causas principales de la migración, éxodo de refugiados y desplazamiento forzado.


En este mismo orden de ideas, es el modelo de desarrollo el que conlleva a un “mal desarrollo “, como lo menciona Vandana Shiva, pues éste, beneficia a un 20% de la población mundial que consume el 80% de los recursos de la Tierra, en donde según ACNUR (1997) “el 20% de la población más pobre del mundo disfruta solo de un 1% del comercio mundial”. La tasa de participación en el comercio mundial de todo el continente africano no llega siquiera al 5%.” La marginación genera un letargo crónico que en combinación con la degradación ambiental y la sobrepoblación son la fórmula perfecta para generar estancamiento económico que se ve reflejado al mismo tiempo en una espiral sin fondo de conflictos sociales y políticos.


Pero, por otro lado, no hay que olvidar la geopolítica, no todos los problemas surgen desde el centro de donde están ocurriendo las guerras civiles, a veces las guerras comienzan afuera de las zonas de conflicto con estrategias geopolíticas de las Naciones acaudaladas en búsqueda de recursos como el petróleo, para controlar reservas de agua y pivotes geográficos (pasos marítimos o terrestres), donde los refugiados no son más que el síntoma de la geopolítica mundial.


Siguiendo este hilo, en 2015 el número de personas desplazadas en todo el mundo alcanzó su punto máximo desde la Segunda Guerra Mundial, es decir la crisis humanitaria más impresionante desde entonces, un éxodo masivo que mueve a millones de personas en el mundo en busca de un lugar seguro, al que todos y todas en el planeta tenemos derecho.


Según ACNUR, al finalizar el 2017, 68,5 millones de personas se encontraban

desplazadas forzosamente en todo el mundo debido a la persecución, los conflictos o la violencia generalizada.


¿Puede una cifra así caber en nuestro corazón? ¿Sabemos cuántas personas son?


En cifras, que las personas no son cifras, pero para mostrar una equivalencia de la gran cantidad de personas que están sufriendo y para comprender el reto inmenso que tenemos como conciudadanos mundiales, 68.5 millones de personas, equivale a 787 Estadios Azteca (con capacidad para 87,000 personas), 2,283 Estadios Nemesio Diez (con capacidad para 30,000 personas) , 6,850 Auditorios Nacionales de la Ciudad de México (con capacidad para 10 mil personas), 4. 23 veces la población del Estado de México (16,187,608 personas de acuerdo al INEGI en 2015) y 83.58 veces la población de la Ciudad de Toluca (de acuerdo al censo de población del 2010).


Y lo más triste y penoso, es que esta cifra cada día va en aumento en lugar de retroceso, es decir el problema sigue creciendo, pues la población desplazada forzosamente en el mundo aumentó en 2017 en más de 2,9 millones de personas, indicando que 44.400 personas se vieron obligadas a huir de sus hogares cada día, durante ese mismo año. (ACNUR, 2017)


La procedencia de la gran mayoría de refugiados en el mundo proviene de la República Árabe Siria con 6,3 millones, de Afganistán con 2,6 millones, de Sudán del Sur con 2,4 millones, de Myanmar con 1,2 millones y Somalia con 986.400 (ACNUR, 2017)


De los cuales, los principales países de acogida de refugiados fueron: Turquía con 3,5 millones, Pakistán con 1,4 millones, Uganda con 1,4 millones, Líbano con 998.900, Rep. Islámica de Irán con 979.400, Alemania con 970.400, Bangladesh con 932.200 y Sudán con 906.600.


Lo anterior referencia el verdadero apoyo que tienen los refugiados en Europa y su verdadero humanismo, pues mientras Turquía acoge a millones, la Unión Europa sólo recibe a miles.


¿Pero porqué debería ayudar Europa a los refugiados? Si como menciona reflexivamente Nazanin Armanian en 2016:


¿Cómo unos gobiernos europeos, que han sido corresponsables, junto con EEUU, de la muerte de al menos millón y medio de personas en las recientes guerras contra Afganistán, Irak, Yemen, Siria, Libia, Sudán, Pakistán, Somalia, Mali, etc., y han desmontado allí la vida de al menos 100 millones de seres humanos y han provocado la huida de otros 25 millones de sus hogares, pueden tener siquiera voluntad de ayudar a sus víctimas? Pedir peras al olmo confundiría a los ciudadanos.


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