El derecho a la educación y su alcance en los niños, niñas y adolescentes refugiados en Europa

Para todos los niños la educación es una herramienta indispensable desde temprana edad; no sólo porque asisten a la escuela para adquirir conocimientos, también porque es un espacio en el que comienzan a formar su personalidad, su propio criterio, descubren sus habilidades y capacidades, pero también el mundo que los rodea. Tristemente este no es el caso de los niños refugiados, porque dejan de lado sus estudios y muchos de ellos a sus familias, para poder sobrevivir a los conflictos bélicos y de violencia que se viven en su país, que los hace huir para trasladarse a otro.


Dar acceso a la educación a menores refugiados representa una señal de esperanza y solidaridad, no sólo para ellos y la sociedad actual, también para la humanidad, pues proporcionar educación en situaciones de crisis adquiere un valor particular.


Refugiado es; “aquel que ha tenido que abandonar su lugar de origen o residencia habitual por razones políticas, religiosas, sociales, raciales o de pertenencia a algún grupo en concreto, entre ellos la población civil que no toma parte en conflictos armados”, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.


En 2015 millones de menores llegaron a distintos países de la Unión Europea con la finalidad de escapar de los conflictos y violencia que se vive en su país de origen. La mayoría de ellos huyen de países como Afganistán, Somalia y Siria. En este año el número de personas desplazadas por la fuerza llego a su nivel más alto desde la segunda guerra mundial, pues hubo un incremento de 65.3 millones de desplazados comparado con 2014, cuando sólo se encontraban en esta condición 59.5 millones.


A raíz de estos desplazamientos forzados muchos menores se han visto obligados a cruzar, a través de medios no seguros, el mediterráneo para llegar a países como Alemania, España, Grecia, Italia, Suecia, entre otros; los menores son vulnerables y sus derechos fundamentales son violados; como el derecho a la educación, debido al tiempo que se pierde para llegar a un lugar seguro. Tan sólo en 2015 la población de niños refugiados se encontraba en 51 por ciento, frente a 47 por ciento de personas refugiadas entre 18 y 59 años; en 2017 el porcentaje de menores refugiados alcanzó apenas 52 puntos porcentuales.


Otras cifras oficiales proporcionadas por la agencia de la ONU para los refugiados, revelan que sólo 50 por ciento de los niños refugiados puede acceder a la educación primaria, comparado con el promedio global que supera 90 por ciento. En el caso de los adolescentes refugiados, únicamente 22 de cada cien asisten a la secundaria, en contraste con el promedio global de 84.


Las cifras anteriores evidencian que se le debe dar prioridad a la educación de los menores refugiados, pues cada uno de ellos cuentan con menos posibilidades de tener estudios básicos, a diferencia de sus pares. Además, significa que existe una alta probabilidad de que la educación de generaciones de niños, niñas y adolescentes quede en rezago.


Después de conocer el panorama de la educación de los menores refugiados, en los párrafos siguientes se pretende resaltar la importancia de que este grupo vulnerable tenga acceso a la educación, aún en este tipo de situaciones. En la medida que tengan acceso a la educación podrán aspirar a disfrutar de otros derechos humanos.


En este orden de ideas, el derecho a la educación es parte fundamental de cualquier sociedad y Estado que pretenda prosperar. En especial para los infantes, quienes lo necesitan para formar un futuro mejor para ellos e incluso para sus familias. Lamentablemente, el caso de los menores refugiados exige que los países de la Unión Europea hagan esfuerzos mayores para garantizarles educación gratuita y de calidad, con el objetivo de continuar con su preparación, sobre todo, en los países a los que llegan la mayor parte de menores refugiados.


El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia ha identificado a los grupos más vulnerables, entre ellos se sitúan los bebés, niñas y niños pequeños, con discapacidad o necesidades especiales, perdidos, que se quedan en el camino, o que viajan solos, que en su mayoría tienen entre 14 y 17 años de edad.


Por otro lado, las niñas refugiadas también se ubican entre las más afectadas, pues su condición da lugar a perder oportunidades de educación, a aumentar su marginación y a provocar altas tasas de deserción escolar, trabajo infantil, violencia de género y matrimonio, precoz y forzado. Las niñas tienen 2.5 más probabilidades que los niños, de carecer de escolaridad en contextos de crisis.


La Observación General No. 13, (onu, 1999), ofrece dos conceptos acerca del derecho a la educación. El primero asevera que es un derecho humano intrínseco y un medio indispensable para alcanzar otros derechos; el segundo sentencia que como derecho del ámbito de autonomía de la persona, la educación es el medio primordial que posibilita, económica y socialmente, a adultos y menores marginados para salir de la pobreza y participar plenamente en sus comunidades. Por lo tanto, la educación es por excelencia la mejor inversión que cualquier Estado pueda hacer para beneficiar el desarrollo de sus habitantes. Este documento muestra que la educación, en todas sus formas y en todos los niveles, debe tener cuatro características interrelacionadas; disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y adaptabilidad.


Por ello la relevancia de que los menores refugiados tengan la oportunidad de acceder a la educación para que puedan desarrollarse en mejores entornos. Cualquier país que albergue a niños refugiados tiene la responsabilidad moral de asegurar que se les brinde una educación gratuita y de calidad. Recordemos que aunque estos menores crucen las fronteras de sus países, ya sea de forma ilegal o legal, ello no debe suponer un riesgo para el disfrute de sus derechos.


Después del desplazamiento forzado en el que se ven involucrados los menores, la mejor herramienta de protección con la que deben contar es la educación, con ello me refiero a que si permanecen en la escuela, tienen menos probabilidades de convertirse en víctimas de violencia, como matrimonios forzados o trabajo infantil.


De acuerdo con la unesco; “la educación también infunde conocimientos y competencias para la autosuficiencia y la resiliencia. Puede contribuir además a la paz y la seguridad, y mitigar los factores que en primer lugar fueron origen de conflictos y desplazamientos”. Sin duda, todo esto resalta beneficios importantes que resultan contundentes para que los menores superen las situaciones traumáticas por las que han pasado.


La educación que recibirán miles de niños a través de los docentes, no sólo se debe centrar en aprender a leer o escribir, sino que debe tener como objetivo, fomentar la práctica de valores humanos, los cuales permitirán una convivencia armónica; en consecuencia, los favorecerá para que tengan participación activa en la sociedad.


Por lo anterior, se puede confirmar que el respeto del derecho a la educación es la base fundamental para el desarrollo de cualquier persona, y en este caso para los niños, niñas y adolescentes refugiados. Además, se puede vislumbrar que los beneficios de la educación en favor de la niñez, forjaran un mejor futuro para ellos y para la sociedad; pues este derecho es clave fundamental para el goce y ejercicio del resto de las libertades y derechos fundamentales.


Natalia López Almeida

Pasante de la licenciatura en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México, investigadora adscrita a la Defensoría Municipal de Derechos Humanos de Toluca.

natalialalmeida19@gmail.com

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