La búsqueda del bienestar: el camino de los refugiados en Europa

El fenómeno migratorio global tiene una diversidad de matices que hacen imposible analizarlo desde un punto de vista único.

 

Los orígenes identificados de expulsores y posibles receptores también son múltiples. Desde quienes buscan una mejor calidad de vida y mayores ingresos con el sueño americano, quienes huyen de la guerra o de la violencia endémica en regiones en constante conflicto social, gente que por supervivencia debe encontrar condiciones para el desarrollo de su vida.

 

Así, el número de personas desplazadas forzosamente en el mundo; ya sean refugiados, desplazados internos o solicitantes de asilo humanitario; mantiene encendidas las señales de alarma en los países considerados de primer mundo, por ser calificadas como opciones válidas para iniciar una nueva vida con mayores posibilidades de desarrollo.

 

La crisis de refugiados en Europa, no tiene comparativo, salvo lo vivido en la época de la posguerra. Y no es para menos, pues las causas que le dan origen, son en muchos casos equiparables a un conflicto bélico de las mayores proporciones.

 

A diferencia del migrante centroamericano, cuyo camino es, por demás, tortuoso para llegar a los Estados Unidos de Norteamérica; en la mayoría de los casos mediante una travesía que los lleva a cruzar casi totalmente el territorio mexicano, con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida que le permitan contar con un ingreso económico suficiente, y con ello satisfacer las necesidades de su familia en sus comunidades de origen, el refugiado en Europa no toma la decisión de internarse a un nuevo país con el propósito preponderante de obtener un empleo bien remunerado, sino que busca, en compañía casi siempre de todo su núcleo familiar, un lugar donde desarrollar de manera permanente su residencia, pues su comunidad de origen ha sido devastada, vulnerada o incluso extinta.

 

En este, las condiciones para desarrollar la vida en sus comunidades de origen, ya no son una opción, ya sea por un conflicto bélico internacional como el que involucró a Afganistán, Irak e Irán; o una lucha civil o guerrilla interna; como los casos de Nigeria, Yemen, el noroeste de Pakistán, Somalia, Sudán, Siria, o Libia; o con afectaciones por el cambio climático, como ejemplos; África Central, Sudán e Myanmar.

 

Para comprender las condiciones que obligan a un refugiado a arriesgar su vida para buscar nuevas oportunidades, imaginemos que, de la noche a la mañana, la vida que conocemos ha sido trastocada. Sin empleo, sin escuelas, sin servicios básicos ni de salud. Posteriormente, sin gobierno definido y en estado de anarquía. Para llegar a la falta de agua y alimento para sobrevivir. Y esto último, convertido en una lucha a muerte no sólo entre milicias, sino entre vecinos, donde cada uno busca vivir un día más. Permanecer tiene menores probabilidades de subsistir.

 

Es importante considerar, que aunque se trate de un “migrante económico”, en Europa carecen de derecho a solicitar asilo y recibir protección, lo que ha incrementado el número de ingresos ilegales, con el correspondiente riesgo a la vida, y en muchos de los casos, con desenlaces fatales.

 

Los gobiernos europeos, tienen el reto de repatriar de manera voluntaria a los migrantes ilegales, o establecer mediante el uso de la fuerza el regreso a sus lugares de origen o a los países donde transitaron previo a su llegada a tierras europeas. En este último sentido, la Unión Europea (UE) y Turquía, lograron un acuerdo mediante el que se establece que quienes lleguen a Grecia sin solicitud formal de asilo, o cuya solicitud haya sido negada, podrán ser devueltos a Turquía. Como apoyo por esta medida, la UE proporciona 3 mil millones de euros.

 

De manera inicial, incrementar el número de refugiados, tal como lo realizó Alemania, parecía una solución, sin embargo, la desbordada corriente migratoria generó una crisis humanitaria y afectó la economía y la convivencia social de los diferentes países europeos. Los conflictos derivados por cuestiones de fe; pues la mayoría de los refugiados son de fe musulmana, sus costumbres, la cultura y los hábitos de vida; han provocado episodios importantes de choque entre la comunidad que los recibe y quienes llegan a desarrollar una nueva vida, sin integrarse del todo a la sociedad occidental.

 

Para los países receptores, proporcionar a los refugiados e inmigrantes cobijo, agua y alimento, así como los elementos mínimos para una vida digna, incluidos servicios públicos; constituye un alto costo sobre los presupuestos. En los casos de España, Grecia e Italia, rutas de mayor afluencia; las consideraciones son aún mayores: sólo entre 2015 y 2017, más de 17.700 millones de euros del presupuesto de la Unión Europea, se destinaron a resolver la crisis migratoria.

 

Por la complejidad del tema, a finales de junio 16 líderes encabezados por Francia y Alemania, celebraron una cumbre informal en Bruselas, Bélgica, para respaldar los planes de aislar a los migrantes en el norte de África y los Balcanes, y sólo permitir el ingreso de aquellos que cumplan con los requisitos para recibir asilo.

 

En la cumbre se intentó delimitar quien debería asumir la responsabilidad de los migrantes que llegan a la UE, en la actualidad asumida en su mayor parte por Italia, Grecia y España, así como el tiempo que deberían atenderlos y lo que deberían hacer sus socios europeos para ayudarlos.

 

No existió un acuerdo concreto, pero se consideró un encuentro útil para intercambiar posturas y avanzar en la búsqueda de consenso en torno a tres pilares: la necesidad de trabajar más con los países de origen y tránsito de la inmigración, mejorar la protección de las fronteras exteriores, y reformar los procedimientos de asilo. La canciller alemana, Angela Merkel, afirmó, tras la cumbre, que hay coincidencia en que no se puede dejar solos a los socios más afectados, y dijo que los refugiados no pueden elegir en cuál país piden asilo.

 

Las voces en Europa son encontradas; desde quienes consideran continuar con la recepción de refugiados por cuestiones humanitarias, hasta quienes creen que de seguir así, se vulnera la seguridad de los diferentes países, situación fortalecida con los atentados terroristas de París y Madrid, atribuidos por un número importante de ciudadanos a “radicales”, a quienes se dio cabida y fungieron como “Caballos de Troya” en su contra.

 

Establecer los límites de ingreso y permanencia es un reto para los desarrolladores de política exterior, pero también para los responsables de la política interior. Convertirse en expulsores, tampoco es la opción que tenga más allegados. Y entre tanto, la ultra derecha en Europa se posiciona, en la búsqueda de un recogimiento en sí mismos, para blindar desde el interior, los retos de la migración.

 

Es momento de repensar los conceptos de aldea global. Cambiar la residencia no soluciona los problemas de violencia y hambre, sino la generación de condiciones de vida que eviten la expulsión de personas de sus lugares de origen, lo que puede no sólo frenar la ola migratoria, sino mejorar las condiciones de seguridad del mundo.

 

Resulta indispensable que la ruta de bienestar que buscan los refugiados inicie con posibilidades de desarrollo en sus localidades de origen. Es ahí donde los recursos destinados al tema migratorio pueden brindar los mejores frutos; ayudar a contener la salida de los mismos.

 

La pacificación es un paso fundamental para ello, confiemos en que los líderes del mundo tengan la capacidad para alcanzar los acuerdos necesarios que permitan a las personas que habitamos este planeta, alcanzar nuestro mayor elemento de igualdad sin importar nuestra nacionalidad: ser humano.

 

Julio César Medina Ruíz (México)

Máster en Desarrollo Estratégico y Gestión de la Innovación por la Universidad Autónoma de Barcelona (España)

Director General de Ser Electo Consultores S.C.

serelecto@gmail.com, @JulioMedina

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