Rusia vista desde una perspectiva europea

11/07/2018

Hablar de Rusia requiere hacer un análisis sobre en qué situación nos encontramos a nivel de equilibrios de poder y jerarquía en relaciones internacionales, reflexionar sobre las fortalezas y puntos débiles de su política exterior y repasar los escenarios de conflicto en los que Rusia pretende garantizar su seguridad nacional o expandir su influencia.

 Si bien desde el fin de la guerra fría Rusia ya no representa la única alternativa a Occidente, hay que reconocer que todavía constituye una potencia militar de primer orden. El bipolarismo de la guerra fría llegó a su fin, pero el nuevo orden mundial basado en la existencia de múltiples centros de poder carece de gobernanza a nivel político. En este orden/desorden mundial hay diversas potencias que desafían el status quo y rivalizan entre sí por el poder, y una de las que más ejemplifican este hecho es Rusia.

 

En las relaciones de Occidente con Rusia hay que tener una idea clara de los pilares de la política exterior rusa, y el hecho constatado de que actualmente Rusia no es un socio para Europa ni Estados Unidos sino un competidor declarado. Rusia, al contrario que otras potencias como China, no ha dirigido sus esfuerzos diplomáticos a crear o reformar instituciones internacionales que se originaron después de la Segunda Guerra Mundial y que no concuerdan con la emergencia de nuevas potencias regionales. Sus esfuerzos no han ido dirigidos a liderar o proponer alternativas para gestionar a nivel político y económico el proceso de globalización.

 

La política exterior rusa se ha basado en la defensa de su concepto de seguridad nacional y en ocupar rápidamente los espacios de poder que Occidente ha abandonado en algunas regiones como Oriente Medio. Han defendido sus intereses nacionales pagando a menudo un alto precio como es el aislamiento político y económico a través de sanciones comerciales y aranceles, lo que dificulta asímismo la implementación de reformas estructurales muy necesarias a nivel interno para modernizar el país y elevar la calidad de vida del ciudadano medio ruso.

 

Rusia ha sido y sigue siendo, a pesar de la fractura de la URSS, un país inmenso, superando los 17 millones de kilómetros cuadrados y constituyendo la nación más extensa del mundo. Este hecho no és únicamente un hecho geográfico o estadístico, sino que en el caso ruso es un condicionante de su autopercepción como Estado y un criterio a seguir para identificar las potenciales amenazas exteriores. Además del factor geográfico tenemos que añadir una demografía con tasas de natalidad muy bajas y con unas tasas de mortalidad relativamente superiores a la de los países occidentales, que unidas a la concentración de la población en el oeste de los Urales (la llamada “Rusia Europea”) no cohesiona al país en términos poblacionales.

 

Bajo esta perspectiva entenderemos que la política exterior de Rusia se basa en la defensa de la soberanía sobre su territorio (como cualquier otro Estado-nación), pero con la particularidad de mantener la voluntad de que existan países que actuen como estados “tapón” respecto a otros países que sean percibidos como amenazas. Por este motivo desde la perspectiva rusa una ampliación de la OTAN o de la Unión Europea en el este del continente europeo representa una amenaza ya que se eliminan las zonas “buffer” o zonas de seguridad intermedias. Al mismo tiempo las autoridades rusas no tienen en cuenta que los estados bálticos o Ucrania son estados independientes no únicamente en términos nominales, sino que tienen derecho a decidir en qué alianzas económicas o militares quieren participar y en mantener su integridad territorial intacta siguiendo los mismos criterios de defensa de su soberanía nacional.

 

Si analizamos las fortalezas y debilidades que tienen la Unión Europea y la Federación Rusa nos encontramos con la paradoja de que las fortalezas de Europa son las debilidades de Moscú, y viceversa. La Unión Europea constituye un gigante económico pero continua siendo un enano político en el escenario mundial. Es razonable que las sanciones que se han interpuesto contra Rusia sean de tipo económico, porque es en esa parcela dónde radica el relativo poder europeo.

 

A nivel político la Unión Europea carece de visión conjunta tanto en la identificación de los problemas globales como en su resolución. Los debates internos corresponden siempre a debates de política nacional diferentes en cada estado, y el crecimiento de opciones populistas y anti-europeistas ya no son opciones marginales, sino partidos que ya han llegado al poder o que están en vías de hacerlo. Además, como factor desestabilizador de los estados y el proceso de construcción europea ha habido un crecimiento de nacionalismos tanto de base estatal como a nivel de las regiones.

 

A nivel cultural, a pesar de que Europa no presenta el mismo ímpetu que poseía en épocas previas a la segunda guerra mundial, no es desdeñable el papel de referente cultural que sigue representando Europa a nivel internacional.

 

Por otra parte a nivel militar la Unión Europea tampoco dispone de una estrategia conjunta en relaciones internacionales. Tanto a nivel político como en la opinión pública la seguridad y defensa militar se dan por hechos por la existencia de la OTAN, ocultando una disminución acumulada del gasto militar muy pronunciada en los últimos 30 años.

 

Es necesario que Europa se perciba no como un escenario de lucha entre intereses de potencias extranjeras sino como un potencial líder con una agenda exterior definida y coherente. Para conseguirlo tiene que haber un compromiso mucho más decidido en la contribución de los países europeos con la OTAN. Los cambios políticos recientes en Estados Unidos seguirán presionando en este sentido a los líderes políticos europeos, ya que la nueva administración estadounidense no está dispuesta a pagar la defensa de otros países con la misma intensidad con la que se venía realizando en épocas anteriores. Independientemente de la evolución interna de los países europeos y del proceso de construcción y/o ampliación de la U.E, un pilar básico de política exterior seguirá siendo la alianza transatlántica.

 

Otro factor de desestabilización para la Unión Europea respecto Rusia ha sido la cuestión energética. El gas y el petróleo ruso han sido utilizados por el Kremlin como arma geopolítica, sobretodo con los países de Europa del este. Un ejemplo de esta situación se vivió en Polonia y en Ucrania con la renegociación de los precios del gas natural con la empresa rusa Gazprom, que suministra también a otros países, entre ellos a Alemania. La respuesta europea no es unánime ni cohesionada, ya que mientras Polonia se esfuerza en la construcción de un gasoducto que les proveerá de gas noruego a través de los países bálticos (para evitar su dependencia respecto al gas ruso), Alemania y Rusia acordaron la construcción del Nordstream 2, otro gasoducto que proveerá a Alemania con gas ruso pasando por el mar Báltico.

 

En cuanto a Rusia, sus grandes fuentes de poder son a nivel militar y energético, mientras que su economía se encuentra estancada y con pocas perspectivas de diversificación sectorial. El orden civil a nivel interno y la defensa de los intereses geoestratégicos y políticos siempre tuvieron mayor relevancia que el cuidado de las relaciones exteriores a nivel comercial. Este hecho ha perjudicado gravemente la evolución de una economía todavía demasiado centrada en la explotación de recursos energéticos. Al mismo tiempo Rusia ya no es un líder a nivel tecnológico que pueda competir en otras esferas económicas. Su actuación en el exterior le ha llevado a recibir y también a imponer tarifas arancelarias e impedimentos a las importaciones que comportan un aislamiento muy nocivo para la evolución positiva de la economía.

 

Este estancamiento económico no se ha traducido en una pérdida de poder para el partido de Putin. En Rusia perdura una cultura política de querer un gobierno fuerte incluso cuando el propio gobierno desprecia derechos de minorías en nombre de la tradición y la excepcionalidad cultural rusa. Este nuevo nacionalismo recupera el viejo nacionalismo zarista basado en valores tradicionales, la iglesia ortodoxa, rol de familia tradicional, extrañamente combinado con un orgullo por el pasado mitificado de la Unión Soviética, sin haber hecho ningún revisionismo crítico del pasado totalitario de este periodo histórico. La lectura de su propia historia no se hace en términos de valores democráticos o derechos humanos, sino bajo el prisma de si Rusia era poderosa o no a nivel geoestratégico en cada momento histórico analizado.

 

Militarmente las fricciones entre la Unión Europea y Rusia continuarán con la crisis ucraniana y el conflicto en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk apoyadas por Moscú, el papel de Rusia en el conflicto Sirio, y otros focos de tensión como las cuestiones de Transnistria y el acercamiento de posiciones entre repúblicas del Cáucaso.

 

Por otra parte, a nivel energético Rusia es consciente de que la Unión Europea está progresivamente intentando reducir su dependencia energética a través de nuevos gasoductos con Argelia, y con la apuesta por las energías renovables. Rusia seguirá ejerciendo su poder diversificando sus exportaciones energéticas hacia China, con la que intenta un acercamiento a través de iniciativas como la One Belt Road o la Unión Económica Euroasiática. Con Pekín comparten una visión economicista basada en las doctrinas de Real Politik de las relaciones exteriores en las que los derechos humanos o valores democráticos no son una variable a considerar en las relaciones entre países, y el interés en que el nuevo orden multipolar quede representado a nivel político en las organizaciones e instituciones internacionales, no motivando estos cambios por la voluntad de construir un sistema de gobernanza global más democrático y representativo sino por la conveniencia de la existencia de un nuevo reparto del poder. 

 

Oriol Clemente Gallego

Profesor de Geografía e Historia

Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra y Maestría en Comercio Internacional.

 

 

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo