México, política y fútbol

11/07/2018

“El futbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”

 Jorge Valdano

 

El futbol como fenómeno de espectáculo tiene una relación insoslayable con la política, más aún en las democracias jóvenes en donde la omnipotencia de un balón subyace sobre cualquier situación de injusticia social por esos “momentos” de celebración heroica, que traslada a la sociedad de su cotidianidad para alegrar por instantes la vida; ese grito de “gooool”, se extiende como bálsamo profundo donde lo único real es lo que armoniza la realización personal a través de un “equipo”.

 Este 2018 es trascendente para México en la arena política: es la primera ocasión en la que contienden “Candidatos Ciudadanos”  por la Presidencia de la República; participa por tercera ocasión un mismo candidato; un escenario de violencia generalizada, al cierre editorial de este artículo, desde que inició el proceso electoral 103 personajes políticos asesinados; y así podría continuar con una larga lista de factores que condicionan por muchas razones la realidad y retos que enfrentamos como nación, en este proceso electoral.

 

Aunado a lo anterior, México participa en el Mundial de Futbol Rusia 2018, con predicciones de los profesionales no muy alentadoras, pero pese a ello, la emoción de concentrar la atención en los partidos de nuestra selección nacional, no disminuye, aunque siempre esté presente esa sentencia que pareciera el premio de consolación: “jugaron como nunca y perdieron como siempre”; esa frase que resume la idealización de lo que podemos ser y nos quedamos en el “ya merito”, con la ilusión de jugar el famoso quinto partido.

 

En los tres debates organizados por el Instituto Nacional Electoral (INE), pudimos observar que el nivel de argumentación y de propuestas fue insuficiente para contrastar proyectos de Estado e ideas para la construcción de un mejor país, sin embargo, México aparece en la escena internacional por el futbol, porque solo “el TRI” despierta esa pasión tan grande.

 

En pocos días se decidirá en gran parte el tipo de país que deseamos, pues se elegirá al Presidente de la República, Senadurías, Diputaciones Federales, Gubernaturas, la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Diputaciones Locales, Ayuntamientos y Alcaldías; ante dicho escenario debemos tener clara nuestra responsabilidad ciudadana y que la Copa Mundial de Fútbol sea una oportunidad de cohesión, vista no solo desde la arista de un nacionalismo transitorio que produce el disfrute de un partido de futbol de la selección mexicana, sino por el contrario, con la óptica de la emisión de un voto razonado, la jornada electoral será la cancha más importante en donde el encuentro democrático de nuestro futuro se definirá.

 

El futbol es el único factor de unión entre los mexicanos, hay que reconocerlo, podemos estar polarizados en cuanto a la repartición de la riqueza, en las visiones de modelo económico, entre las oportunidades del norte y del sur, pero en lo que sí coincidimos es que el fútbol es punto de encuentro, más allá de partidos políticos, condiciones sociales, edades y de más signos que nos alejan unos de otros.

 

La estridencia que produce la pasión, los colores y las banderas en torno a un partido de fútbol es una forma de legitimarse e identificarse como mexicano.

 

Tanto es el peso de futbol en la política que en el último debate presidencial pudimos escuchar al candidato José Antonio Meade, en su primera intervención desearles suerte a los hombres que van a jugar en el mundial, y justamente al día siguiente confirman a nuestro país como sede del Mundial de Futbol 2026, junto con Canadá y Estados Unidos.

 

La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), logró unir a tres países en una candidatura conjunta; el día de hoy no se ha conquistado el tan anhelado Tratado de Libre Comercio, pero mientras la algarabía de los mexicanos resalta con la noticia de que seremos “sede” de un mundial. Es evidente que este deporte apoyado en la pasión que despierta en sus aficionados (en los cotidianos y en los que aparecen cada cuatro años) representa un negocio tan grande, (capaz de superar cualquier dificultad geopolítica) que es muy mala idea no involucrarse en él.

 

Advierte el paraguayo Eduardo Galeano en su obra El fútbol a sol y sombra, “¿en  qué se parece el futbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.

 

Concluyo señalando que aunque el futbol tiene el desprecio de bastantes intelectuales conservadores, la seducción que produce en esos noventa minutos de comunión, es la fuerza que debería motivarnos para estar más unidos como sociedad. En cada “sí se puede”, retomemos las enseñanzas ancestrales de los aztecas con su “juego de pelota”, porque el fútbol y la patria estarán siempre atados.

 

Griselda Camacho Téllez

Maestra en Alta Dirección de Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Complutense de Madrid a través del Instituto Universitario Ortega y Gasset (México).

Directora de Seguridad y Protección Universitaria de la Universidad Autónoma del Estado de México.

griscate@hotmail.com 

 

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