El Camino de la Unidad

Separar, dividir, levantar un muro, trazar una línea fronteriza entre lo que se considera está bien y lo que está mal. Aquella es la solución tradicional que ha desarrollado la humanidad para enfrentar los problemas que la acogen. Es, en el fondo, la mirada de concebir “lo otro” como amenaza.

Y aquello que nos puede parecer lejano en el tiempo, con antecedentes como Shih Huang Ti –el impulsor de la construcción de la Gran Muralla China- o más recientemente con el Muro de Berlín, hoy es política de Estado en el gobierno de Donald Trump. Y aquellos muros de hormigón que vemos a lo largo del mundo, son solo la materialización de una idea que cruza nuestra percepción de la realidad. Hay muros que parecen lejanos. Están los de Ceuta y Melilla; el de Cisjordania; entre las dos Coreas por diferencias políticas; entre India y Pakistán a lo largo de la frontera en Cachemira; en Lima en el cerro San Francisco, en el distrito de Surco, que separa a familias según sus recursos; en Belfast en Irlanda del Norte que divide católicos de protestantes. Sin embargo, aquello que parece lejano y anacrónico, pasa por el medio de nuestro propio corazón como diría Solhenitzyn.


Hemos levantado infinidades de muros y líneas divisorias, aun cuando las amenazas no sean reales. Y si bien es verdad que el motor principal de la existencia de los seres vivos sea la sobrevivencia, en épocas en las que el ser humano parecía más desnudo frente a una naturaleza intimidante, su fragilidad le llevó a parapetarse, pero de tal modo que construyó no solo herramientas, sino incluso ejércitos, armas de destrucción masiva.


Y los muros no son solo las rígidas estructuras de cemento con alambres de púas, muros pueden ser también las leyes que generamos y nos envuelven en una enorme red de aparatos tecnocráticos: decretos e incisos que nos llevan a relacionarnos con el otro, solo a través de la transacción monetaria o la norma jurídica. Muro puede ser la propia percepción de la realidad sentida como verdad absoluta –ya sea religiosa o científica- y donde el otro es tratado como incorrecto e incluso torpe. Muros pueden ser nuestras ciudades levantadas para dejar afuera la naturaleza. Muros pueden ser nuestros hogares concebidos ya no solo como lugares de descanso, sino espacios que nos libran de la presencia de los demás. Pueden ser un muro las ideologías políticas que conciben al otro como un contrincante al cual vencer. Son muros nuestras sensaciones de ver todo aquello que nos rodea como algo ajeno y extraño. Es, el mundo parcelado.


Si bien es difícil determinar la realidad de lo que vivimos, algo con un examen sencillo surge como irrefutable. La existencia no son una serie de parcelas sin conexiones entre sí, y por el contrario, espacios totalmente interconectados. Es, como aquello que ha parecido tan oculto a todas las filosofías, el Ser, no haya estado en los entes sino entre nosotros, en las relaciones. Aquello que nos permite ser, es la interconexión, pues todos somos Uno.


Frente a esa realidad, “los muros” son un fenómeno que causa sufrimiento, pues resisten la corriente natural de las cosas.


Y la Unidad a pesar que no es posible restringirla a una definición, de manera sencilla es aquello que siempre el ser humano ha intuido como lo absoluto o la verdad. Es aquello que en distintas tradiciones llaman el Ser, Dios, El Tao, Brahma, etc. El sentido de la vida humana por ende es volver a la Unidad, recordar lo que siempre hemos sido. Progresar en la superación de los muros levantados por el egoísmo.


A lo largo de la historia de la conciencia humana, en todos los rincones han surgido profetas, maestros y personas comunes y corrientes que han entendido que la existencia no termina en la entronización del yo personal. Pues como Unidad, el Yo se extiende en un prolongado nosotros. La actitud correcta frente a la vida y que nos libra del mal hacia uno mismo y los demás, es “no hacer a los demás lo que no quisiéramos nos hicieran a nosotros”. Es, la empatía.


El año 2015 a través de editorial Ril publiqué “El Camino de la Unidad” que propone el autoconocimiento a la par con un ejercicio enfático de la empatía, lo que progresivamente nos permite tomar conciencia del egoísmo y desde ahí abrir el corazón a la Unidad.


Nos damos cuenta así, que simplemente la realización de la vida humana se juega al ennoblecer la correspondencia de nuestro mundo interno, con el externo. El descanso del pensamiento surge cuando se logra claridad sobre los hechos del mundo. Lejos de la inquietud, queda la pura contemplación y sensación de belleza. La belleza de la claridad, la reconciliación y el agradecimiento final en el sentir de la Unidad, lo que realmente somos.


Así que si bien somos libres en nuestra voluntad, no son necesarias grandes explicaciones metafísicas, pertenecer a grupos o vestir de determinada forma para llegar a la realización espiritual. No es necesario consumir libros y terapias de autoayuda, ni matricularse con alguna tendencia teórica. No es necesario vivir persiguiendo la ostentación material, no es necesario que la solución venga desde fuera. No es necesario abandonar el mundo, sino al contrario, comprometerse. Actuar, más que pensar o decir. La realización de cada cual la sentiremos cuando la propia voluntad esté en comunión con la voluntad de la Vida.


El Camino de la Unidad es un proceso de toma de conciencia que se realiza en el vínculo con todas las cosas. No pretende llegar a la vana aspiración de la perfección personal, sino al sencillo mejoramiento de lazo que relaciona la propia existencia con la Vida entera. Constituye la intención de una realización profunda que echa sus raíces no solo en el bienestar propio, sino fundamentalmente colectivo. De esta forma busca poner en comunión dos principios al parecer irreconciliables entre sí, la libertad personal con el bienestar del contexto. El sentido de la vida humana es “Sé Uno en lo que quieras”.


Por esto, nuestra intención principal es contribuir a través de esta expresión, a fomentar en la reflexión personal las actitudes empáticas, en el reconocimiento del valor de los otros. Superar egoísmos que nos inmovilizan en intereses rígidos y miedos infundados, nos permite resolver conflictos de mejor forma y vivir una vida más feliz a partir de una perspectiva abierta y enriquecida en la comprensión, el altruismo y los afectos. La importancia de la diversidad, la belleza de la sencillez y el vínculo existente entre todas las cosas me producen una profunda alegría percibirlos y comunicarlos.


Resuena acá un compromiso sin obligación de la propia persona en comunión con todos, independiente de su origen étnico, forma de pensamiento u orientaciones sexuales, sin restringir el límite de su acción hacia los animales, el agua, el aire, la tierra y toda la Vida que se extiende más allá de lo que nuestra conciencia logra sentir.


El Camino de la Unidad es una forma de sentir la belleza de la Vida, es una revolución sin violencia, es un desafío a las trabas personales, un gesto amoroso capaz "de bendecir el mundo". Es en el fondo, una invitación para emprender un viaje de reencuentro...


Conjuntamente el canal en YouTube que puedes encontrarlo como Javier Muñoz S a través del programa "Caminos", es una invitación a reconocer y comprender las distintas sabidurías que existen a nuestro alrededor. Aprender a escuchar a "los otros". Mirar el mundo a través de una perspectiva más amplia nos permite conocer de mejor forma el espíritu humano y por ende a nosotros mismos. Nos alejamos de miedos infundados, posturas rígidas y juicios egoístas. De esta forma podemos vivir en la realidad de la diversidad, a través de la empatía con mayor bienestar en el reencuentro de lo que verdaderamente somos, Unidad.


Como antiguamente fue la igualdad o la libertad, la empatía debe convertirse en al nuevo pilar de nuestras sociedades y el fundamento de nuestra realización existencial.


Javier Muñoz Salas (Chile)

Autor del Camino de la Unidad.

www.elcaminodelaunidad.com

YouTube: Javier Muñoz S

Instagram Javiermunozsalas

jamsal79@gmail.com

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