Pacientes y elecciones. El impacto de las enfermedades en el número de votantes

09/05/2018

Hace seis años tuve como muchos mexicanos la oportunidad de votar en las elecciones para elegir al presidente de nuestro país. Recuerdo haber estado de guardia en el servicio de cirugía resolviendo algunos casos y viendo a los pacientes que llegaban a urgencias. Fue una guardia tranquila, aunque estuve ocupado desde que llegué a las ocho de la mañana al hospital. Mis compañeros residentes y mis jefes inmediatos decidimos turnarnos durante la guardia para poder salir a votar y regresar a continuar con nuestro trabajo ese domingo. No todos lograron ir a votar ya que algunos tuvieron que entrar a cirugía de urgencia cuando ya estaban por salir a las casillas electorales.

 

 

Cuando regresé de votar, uno de los pacientes que estaba hospitalizado me dijo que le hubiera encantado acudir a la casilla electoral, pero no tomé en cuenta su comentario hasta mucho después que me puse a pensar en las circunstancias del paciente. Ahora que escribo esto, he analizado el problema y me doy cuenta de que existe una brecha importante entre los servicios de salud, el gobierno y las instituciones electorales ya que no solo miles de médicos internos, residentes, especialistas, enfermeras y demás personal de salud se ven limitados para votar, sino que existe un gran número de pacientes que estarán hospitalizados, postoperados, convalecientes o imposibilitados desde el punto de vista médico para ejercer su derecho al voto.

 

Quizá aparentemente esto no resulte tan relevante, pero tomemos en cuenta algunos factores para ver el impacto que puede tener. Según la Secretaría de Salud, en 2010, solo en tres instituciones públicas de salud (IMSS, ISSTE y SSA) había 74,064 camas censables, lo que representa una relación de 0.7 camas por mil habitantes (la cama censable es aquella instalada en el área de hospitalización que aloja al paciente, posterior a su ingreso a la unidad, para ser sometido a observación, diagnostico, cuidado o tratamiento). Imaginemos una ocupación hospitalaria baja, supongamos 50%, esto implica que el día de las elecciones podrían estar ingresados en un hospital por lo menos 37 mil personas en el país.

 

Dicho dato no toma en cuenta las camas censables de otras instituciones públicas ni de ningún hospital o clínica privada, además de que lamentablemente en México no contamos con los datos de los pacientes que están en sus casas inhabilitados médicamente para votar, pero en un estudio realizado en Finlandia, se calculó que solo hablando de diabetes, 0.2% de los pacientes con esta enfermedad se vieron imposibilitados para votar. Ajustando el mismo porcentaje a México, tomando en cuenta que según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino hay 9.4% de habitantes con diabetes, lo que representa aproximadamente 11.28 millones de habitantes, y esto significa que el 1 de julio habrá 22,560 personas que no podrán votar debido a esta enfermedad. Dicha cifra sólo tiene que ver con los enfermos por diabetes, pero si replicáramos el estudio finlandés y consideráramos la cifra de enfermos totales que no podría votar sería cercano al 8%, es decir aproximadamente 9.6 millones en México.

 

Esto es alarmante si se toma en cuenta que para las elecciones de este año se supone que poco más de 85 millones de personas en el país tendrán la posibilidad de votar. Considerando la participación histórica en los últimos cuatro procesos federales, se espera un porcentaje de participación ciudadana por encima del 60%, lo que significa aproximadamente 51.5 millones de electores. Ahora, si tomamos en cuenta que la diferencia de votos para el ganador presidencial será menor a 5 millones, puedo decir con determinada certeza científica y sin temor a equivocarme que, si se considerara a las personas enfermas para las elecciones, no solo habría una mayor participación ciudadana, sino que habría una representación mucho más veraz de los resultados electorales.

 

Es evidente que falta mucha regulación en este tema y que no existen ni siquiera propuestas para solucionar el problema. Pero como todo conflicto, el primer paso para resolverlo es estar consciente de ello. Si tuviéramos estadísticas y números reales podríamos estimar el número de pacientes y profesionales de la salud que podrían votar y no lo harán. Pero lo más importante es que podríamos implementar medidas para resolverlo como llevar casillas electorales a los hospitales o sistemas de votación que lleven la boleta electoral a la cama del paciente que no por estar enfermo (por ejemplo, postoperado de apendicitis) significa que no está apto para ejercer su derecho al voto.

 

Edgar Núñez García

Médico general por la ULSA

Cirujano general, Hospital Ángeles Clínica Londres

@edgaroypunto

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