La importancia de las políticas culturales en el 2018: una visión global

Desde la ratificación por 146 países de la Convención de 2005 sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de la Expresiones Culturales, ésta se ha vuelto un instrumento esencial para orientar el desarrollo de las actividades y servicios culturares, con énfasis en el fortalecimiento de las capacidades de producción, creación y difusión de la cultura. Especialmente por el seguimiento que desde 2018 se ha realizado a través de un informe mundial, que justo en este 2018 presenta una actualización por medio del Informe Mundial 2018: “Repensar las políticas culturales: creatividad para el desarrollo” (disponible en línea[), que da seguimiento a los ejes planteados por la misma convención desde una escala global, permitiendo a su vez, aproximaciones bástate precisas a los ámbitos nacionales y locales, particularmente con recomendaciones de fácil comprensión y cuyo respaldo resulta innegable.

 

 

Por ello de cara a los comicios presidenciales de este 2018, donde además se renueva el cuerpo legislativo federal en su totalidad adquiere mayor relevancia analizar los resultados de este informe, que por su cercanía temporal es una hoja de ruta necesaria de seguir para la correcta toma de decisiones, no solo en la esfera electoral venidera, sino en la comprensión y redimensionamiento de la cultura como un factor esencial del desarrollo y un elemento para el logro de la Agenda 2030; a la vez de contextualizar los referidos resultados desde una óptica mayor que, alejada de nuestro tradicional localismo, sirva para pensar o como atinadamente titular el informe, repensar las políticas culturales en el corto, mediano y largo plazo.

 

Estas líneas buscan acercar las reflexiones que desde la UNESCO se nos facilitan, con el deseo de servir como guía para encontrar coincidencias o divergencias, dentro del empobrecido debate público sobre la cultura. Un debate ausente en la contienda electoral, donde los temas de arte y cultura son nota al pie o referencia tangencial como evento de color, que viste una o dos actividades de campaña o se acota como una parte más de las plataformas electorales, pero cuya relevancia no esta en el centro de la discusión política.

 

Por esa razón, a quienes nos interesa y preocupa el futuro de la cultura en México, estas recomendaciones globales deben servir para visualizar cuales de todas las exiguas propuestas o referencias a la cultura que las fuerzas políticas están manifestando son viables, congruentes y en sintonía con la esfera internacional, y que sin perder realidad local, efectivamente pasen de la alegoría a una opción que motive y tenga futuro.

 

Entrando en materia, el informe 2018 se articula bajo el análisis de cuatro componentes, destacando sobre todo los resultados y recomendaciones que aportan las políticas culturales, que son el producto más trascedente para el debate en el que nos encontramos.

 

1. Apoyar sistemas sostenibles de gobernanza de la cultura

 

El Informe enfatiza la trascendencia de garantizar el derecho soberano de los Estados a adoptar y aplicar políticas destinadas a proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales y basadas en procesos y sistemas de gobernanza informados, transparentes y participativos. De ello se desprenden logros significativos a nivel global en los años recientes, destacando cuatro de ellos: a) el establecimiento de una base legislativa propicia para las industrias culturales, el acceso a internet y la libertad y diversidad de los medios de información y comunicación; b) la colaboración interministerial para desarrollar la economía creativa; c) el incremento de las inversiones en creatividad e iniciativas empresariales en el ámbito digital; y d) la motivación de la sociedad civil por los temas de política cultural.

 

Sin embargo estos avances, se ven ensombrecidos con diversas problemáticas aun vigentes, destacando los presupuestos insuficientes para aplicar íntegramente las políticas culturales, la carencia de capacidades de la sociedad civil para influir plenamente en la acción y ejecución en materia de políticas, dificultades para que los medios de información y comunicación atiendan o cubran eficientemente la materia cultural y remuneración injusta o poco atractiva de los creadores en el nuevo entorno digital.

 

Problemáticas que son de gran relevancia porque en México son vigentes, y que de manera propositiva el Informe genera algunas recomendaciones, como la necesidad de crear plataformas estructuradas para impulsar un diálogo sobre políticas, donde exista una base solida de discusión, reflexión y medición de estas.

 

También se propone modificar patrones anacrónicos como la improvisación, la renovación constante y la falta de evaluación. Igualmente sugiere adoptar programas globales y planes de infraestructuras en el ámbito digital que actualicen los actuales instrumentos de planeación a la inminente realidad digital en la que se vive, para volverla un medio efectivo en beneficio de las expresiones y servicios culturales.

 

Por otra parte, reitera la necesidad de proporcionar a la sociedad civil competencias y recursos adecuados para incidir con eficacia en la construcción de todo el fenómeno cultural, sin limitaciones o restricciones, generando sinergias positivas y constructivas entre los entes públicos y privados y la sociedad civil organizada.

Por último, refuerza la urgencia de invertir en la producción de contenidos locales de calidad, que reflejen los valores e identidades donde se desarrollen y con ello garanticen un nuevo mercado, que a su vez propicie públicos renovados y constantes.

 

Cierra este primer apartado del Informe con diversos mensajes claves que necesitan interiorizarse en todos aquellos involucrados en la cultura, desde una visión de política pública, de los cuales destaca el apremio por transitar hacia escenario de mayor colaboración, donde las políticas culturales no se vean restringidas en su capacidad por engarzarse con otros ámbitos como la educación, el comercio o el desarrollo económico. Simultaneamente, es necesaria la profesionalización de los aparatos culturales, especialmente en la esfera gubernamental, que redunde en seguimiento y análisis constante de los resultados de las políticas culturales, aportando datos duros que evalúen con honestidad su impacto en el desarrollo de las expresiones culturales.

 

En materia de las nuevas plataformas digitales, se reconoce la inminente trasformación de la cadena de valor cultural, con nuevos modelos en red que se alejan de la linealidad tradicional, pero donde existen pocas innovaciones para adecuarse a la cultura digital, que van mucho más allá de las iniciativas tendentes a digitalizar o reforzar eslabones específicos de la cadena de valor. Como colofón se ratifica el peso de la sociedad civil en la gobernanza cultural, como un pilar central, cuyo reto es evitar visiones que comparten muchos miembros de la sociedad civil, que cree que los procesos de elaboración de políticas carecen de transparencia y que las leyes y reglamentaciones vigentes no propician suficientemente su participación. Reto que cuenta como apoyo el impulso que importantes colectivos poseen y están resueltos a desempeñar el papel central en la mejora de la gobernanza cultural y la elaboración de las políticas culturales.

 

2. Lograr un flujo equilibrado de bienes y servicios culturales e incrementar la movilidad de los artistas y profesionales de la cultura

 

El segundo componente del Informe Mundial 2018: “Repensar las políticas culturales: creatividad para el desarrollo”, centra sus resultados en la necesidad apremiante de facilitar en diversas dimensiones los flujos de bienes y servicios culturales, por medio de un acceso equitativo y equilibrado, que con impulso a la creatividad facilite a su vez la movilidad y profesionalización de creadores y profesionales del sector cultural. De este rubro destacan como logros: a) el aumento de las colaboraciones transnacionales y de la movilidad en los países del hemisferio sur; b) el incremento del número de plataformas digitales, redes y estrategias de exportación que abren el acceso a los mercados audiovisuales a los países del hemisferio sur; y c) el aumento del uso de cláusulas culturales en los acuerdos comerciales bilaterales y regionales.

 

A su vez se identifican problemas palpables, relacionados con el acontecer internacional que limitan la creatividad, como ejemplo las restricciones impuestas a los viajes debido al actual clima mundial en materia de seguridad, los notorios desequilibrios persistentes de los flujos de bienes y servicios culturales a nivel mundial y la limitación de los compromisos contraídos con la Convención de 2005 en los acuerdos de asociación “megarregionales”, lo que hace que los objetivos globales no tengan repercusión o impacto sustantivo a nivel nacional y sobre todo local.

 

Tras este panorama adverso recomiendan mejorar los procedimientos de concesión de visas para los artistas como instrumento para impulsar relaciones positivas que enriquezcan la creatividad colaborativa; y desde un enfoque comercial de gran peso, el otorgar un rango específico a los bienes y servicios culturales en los acuerdos comerciales relativos al comercio electrónico, que encuentren en estos vehículos mecanismos para llegar fuera de las fronteras nacionales los bienes y servicios culturales locales, ayudando de este modo a la diversificación de consumidores y el fortalecimiento de la diversidad.

 

Los mensajes clave de este apartado son centrar su visión en la urgencia de ampliar los mercados para los artistas y profesionales de la cultura en el hemisferio norte, ya que estos destinos con gran capacidad de consumo son puntos cada vez menos accesibles en el actual contexto mundial caracterizado por los problemas en materia de seguridad.

 

Destacan por otra parte los desequilibrios en la circulación de bienes y servicios culturales, al identificar que el porcentaje de los países en desarrollo –incluidos China y la India– en el flujo mundial de bienes culturales ha aumentado y en 2014 se cifró en un 45% del comercio internacional de este tipo de bienes, mientras que en 2005 representó solamente un 25%. Aunque parece alentador, aún existen retos de gran calado, como las barreras comerciales, la escasez de medidas de trato preferente y la capacidad limitada de recursos humanos y financieros que siguen obstaculizando la penetración de los países en desarrollo en los mercados de bienes culturales de los países sobre todo del hemisferio norte. Reto en el cual México no esta exento y que con urgencia requiere tomar medidas, para aprovechar nuestro potencial cultural, y ser pionero, como en sus días los fue, de la internacionalización de nuestra cultura.

 

3. Integrar la cultura en los marcos de desarrollo sostenible

 

Si un avance debe reconocerse en estas primeras décadas del siglo XXI, es la inclusión de la cultura como una parte integral y no aislada de las políticas generales del desarrollo sostenible, como elemento complementario de los aspectos económicos, ambientes, urbanos y de desarrollo. Debido a ello, los logros iniciales en este contexto son palpables, como lo es a) el reconocimiento de la función desempeñada por la creatividad en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030; b) la mayor integración de la cultura en las estrategias y planes nacionales de desarrollo de los países del hemisferio sur; c) el aumento de las contribuciones de los países del hemisferio sur al Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC); y d) el aumento de las inversiones de las ciudades en las industrias culturales para el desarrollo. Hechos por sumamente positivos para el avance de la cultura como factor esencial de desarrollo. Sin embargo, el mismo Informe identifica débilidades y  problemáticas serias, reflejadas en la disminución del porcentaje de la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) destinada a gastos culturales, el cual es el más bajo de los diez últimos años.

 

Igualmente se observa que en la mayoría de los planes de desarrollo no figuran resultados específicos relativos a la creatividad, las desigualdades en la distribución y el acceso a los recursos culturales subsisten y las repercusiones medioambientales de la producción cultural y las prácticas artísticas se pasan por alto.

 

Todo lo anterior ensombrece los avances e inevitablemente es un llamado a la acción que se traduzca en decisiones de alto alcance, como lo es involucrar con mayor peso a Ministerios de Cultura o similares en la empresa de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, dedicar presupuestos a los planes nacionales de desarrollo que integren la creatividad como componente insustituible, aumentar las contribuciones a la cultura por conducto de la AOD y del FIDC y apoyar a las redes de PYME del sector cultural y creativo en los países del hemisferio sur.

 

4. Promover los derechos humanos y las libertades fundamentales

 

Informe 2018 finaliza con un apartado transversal cuyo objetivo es garantizar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de expresión, información y comunicación, como condición indispensable para la creación y distribución de expresiones culturales diversas. Materia con peso esencial y con absoluta actualidad, como lo muestran: a) la mayor concienciación de la importancia que tiene la promoción de la igualdad de género en el sector cultural; b) el mayor número de medidas adoptadas para proteger los derechos sociales y económicos de los artistas, especialmente en los países de África; y c) el mayor número de ciudades que ofrecen refugio a los artistas víctimas de amenazas.

 

Sin embargo, destacan como problemáticas vigentes la presencia muy insuficiente de las mujeres en funciones creativas importantes y puestos de toma de decisiones, el menor acceso de las mujeres a subvenciones financieras y desigualdades sustanciales en sus remuneraciones, el aumento de las denuncias de ataques contra artistas y públicos y el incremento de la vigilancia digital y de la difusión de comentarios en línea (“trolling”) que suponen una amenaza para la libertad artística.

 

Ante esta evidente visión negativa, se recomienda con urgencia integrar una perspectiva de igualdad de género en las políticas culturales, que no se reduzca a una declaración afirmativa o protocolaria, sino que efectivamente aporte acciones de largo alcance, y que encuentre su materialización en un mayor acceso de las mujeres a puestos de toma de decisiones en el sector creativo.

 

Reflexión final

 

Los resultados referidos por este Informe Mundial están a la vista, los cuales deberían ser de obligatoria referencia para quienes en estos momentos están en contienda electoral, no sólo a nivel federal sino local, para que en sus plataformas programáticas y en sus propuestas en dicha materia, oferten acciones que se traduzcan en políticas que no surjan de la ocurrencia o la intuición, que aporten y sigan construyendo y afianzando los logros alcanzados, lejos de destruir o limitarlos. Donde idealmente se abra un amplio debate donde todos los involucrados, tanto en la esfera gubernamental como privada, y desde luego la sociedad civil, coincidan en mínimos básicos, que sean el punto de partida para aprovechar el inicio de un nuevo ciclo político. Que se cimenten por fin auténticas políticas culturales de largo alcance y trascendencia, que den a la cultura el lugar que le corresponde, un sitio deseable, pero que debe transitar de la periferia o la coyuntura a la planeación con inversión que aporte resultados, con una constante evaluación participativa y un seguimiento total. Solo así la cultura y al arte serán efectivamente medios para transformar con contundencia a la sociedad.

 

Pedro Daniel García Muciño

Maestro en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Presidente fundador de la Fundación Ideas Libres A.C. (2006).

Primer Director del Instituto Municipal de Cultura y Arte de Toluca (2013).

Convencido de la importancia del arte y la cultura como motor de la sociedad.

@PedroDanielGM

 

 

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo