La ambigüedad en el uso de las palabras: la confusión entre normal, común y natural

09/05/2018

Introducción

 

Las siguientes líneas pretenden abordar tres palabras en específico que tanto en mi vida profesional, académica y personal, salen constantemente a relucir. He detectado, a grandes rasgos, una confusión en el uso de las palabras: normal, común y natural.

 

Las confusiones no serían tan graves si se limitaran a la transmisión incorrecta de un mensaje por parte de un emisor y a la no comprensión de dicho mensaje por parte del receptor. Aquí pretendo argumentar que el manejo inapropiado de dichas palabras impide que las personas comprendan la realidad social en la que viven. Además, de que en algunas ocasiones se pueden generar desacuerdos, y en los peores casos, alguien se puede ofender o sentirse ofendido por algo dicho o escrito.

 

 

 

Para ello, explicaré las razones de su ambigüedad, mencionaré algunos de sus significados apropiados dentro del contexto específico de la perspectiva social y lo ejemplificaré con el matrimonio igualitario y la homosexualidad.

 

¿Por qué son ambiguas?

 

La misma esencia de las lenguas y los idiomas es ambigua. Porque se presta a la interpretación de los mensajes transmitidos por parte de sujetos, lo que vuelve al emisor, al mensaje y al receptor, partes de un proceso subjetivo. Sin embargo, con la invaluable ayuda de innumerables filósofos, pensadores, intelectuales y científicos, hemos logrado como sociedad(es), llegar a ciertos acuerdos sobre lo que determinadas palabras pueden significar.

 

El caso de los colores es un buen ejemplo. Ya que refieren a unas tonalidades específicas y no a otras. Cuando una persona desea una chamarra de piel negra, dudo que salga de la tienda departamental con una chamarra de lana roja. Es decir, tenemos un punto de partida. Empero, el color rojo, puede significar otra cosa, como en la expresión “¡Se puso rojo del coraje!”. Dicha expresión no refiere a que una persona se convirtió en color rojo, pero se usa para afirmar la severidad del enojo de la persona en cuestión. Y usamos esta expresión porque al estar agitados el sistema nervioso simpático se activa y produce un aumento en la adrenalina que dilata los vasos sanguíneos del rostro y se nos pone la cara roja.

 

Para la Real Academia Española (RAE), ambiguo como adjetivo es lo…:

“1. adj. Dicho especialmente del lenguaje: Que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión” (Real Academia Española, 2014).

 

Las tres palabras de las que se trata este artículo son ambiguas, normal, común y natural. Y es evidente que las confundimos muy seguido, aunque aclaro, no es del todo nuestra culpa.

 

Lo normal

 

Comienzo con la palabra normal porque tomando como referencia a la RAE, normal puede y es usado como adjetivo de formas que pueden ser interpretadas como normal, común y natural. La definición dice textualmente:

 

“1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.

2. adj. Que sirve de norma o regla.

3. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano” (Real Academia Española, 2014).

 

Desde el punto de vista las ciencias sociales (inserte aquí la ciencia de su elección), usamos la segunda. Esto es un legado de Emile Durkheim, quien hablaba de reglas, normes en francés. Estas reglas eran sociales o legales y la sociedad misma ejercía presión a sus miembros para que las cumplieran. Estas reglas, que delimitaban lo normal, no estaban basadas de ninguna manera en lo ético o lo moral. Eran únicamente las reglas por las que una sociedad se regía.

 

A nadie pueden sorprenderle expresiones como “El matrimonio entre personas del mismo sexo no es normal”. Una afirmación de este tipo puede ofender a personas homosexuales (o no) cuando se afirma que no deberían casarse personas del mismo sexo. Y generalmente estarían en lo cierto los ofendidos. Sin embargo, las reglas sociales ampliamente compartidas, por motivos religiosos y/o ideológicos, establecen que el matrimonio debe ser entre personas de sexos opuestos, por lo tanto, si estamos hablando como antropólogos sociales de una determinada cultura en la que la mayoría de sus miembros consideran que el mal llamado matrimonio igualitario es inadecuado, sería correcto decir que el matrimonio igualitario no es lo normal. En otras palabras, las reglas sociales de sociedades concretas (la inmensa mayoría) dicen que el matrimonio debe ser entre personas de sexos opuestos y un matrimonio igualitario no es normal.

 

Por otro lado, lo normal, en lo que concierne a las leyes (en algunas partes del mundo), están del lado de la inclusión del matrimonio entre personas del mismo sexo, del matrimonio igualitario. En este caso es legal, y cuando existe una ley que permite el matrimonio igualitario, es incorrecto y ofensivo decir que no es normal el matrimonio entre personas del mismo sexo porque ya está permitido (normado).

 

En resumen, el matrimonio igualitario es normal desde el punto de vista legal (en algunos países). Pero no es normal desde el punto de vista de determinadas tradiciones (culturas misóginas como la mexicana).

 

Lo común

 

Desde la misma perspectiva social, lo común tiene menos riesgos de ser mal interpretado, la RAE nos dice que en cuanto a nombre masculino (no es adjetivo) lo común es:

 

“…

5. m. Todo el pueblo de cualquier ciudad, villa o lugar.

6. m. Comunidad, generalidad de personas” (Real Academia Española, 2014).

 

Para no dar ejemplos tan alejados del tema sobre matrimonio igualitario, hablemos ahora de la homosexualidad. Ciertas personas pueden sentirse ofendidas al escuchar o leer expresiones como “¡La homosexualidad no es común!” También hemos escuchado o leído en medios expresiones como “Eso está fuera de lo común.” “Es de sentido común” que las parejas deben ser entre hombre y mujer.” Quienes se ofenden ante esas expresiones estarían equivocadas, porque nadie les está ofendiendo. Tal y como indica la definición de la RAE, lo común es una cuestión estadística. Quizás haya una correlación directa entre considerar la homosexualidad como algo que no es normal (mal vista por la sociedad) y que la homosexualidad no sea lo común (que haya menos homosexuales que heterosexuales). Pero ese sería otro análisis, para otro día.

 

Terminando con lo común, quiero recordarle a los lectores que todos hemos escuchado sobre “el común denominador”. Incluso, a personas como yo, escucharlo dispara malos recuerdos ligados a mi pésimo desempeño en las clases de matemáticas. Lo común, es entonces lo que más se ve, lo que más se repite y ya.

 

Lo natural

 

Tal y como se expuso sobre lo normal, lo natural y lo normal se prestan a más confusiones que lo común. La RAE no desvanece las ambigüedades, las acentúa. Para muestra, las siguientes definiciones -elegidas a propósito basadas en los usos que he identificado- que nos menciona la RAE:

 

“1. adj. Perteneciente o relativo a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas.

2. adj. Nativo de un lugar. U. t. c. s.

3. adj. Dicho de una cosa: Que está tal como se halla en la naturaleza, o que no tiene mezcla o elaboración. Madera, zumo natural.

6. adj. Regular y que comúnmente sucede” (Real Academia Española, 2014).

 

Básicamente, la RAE nos dice que natural puede ser utilizado como normal y común. Para salir de la confusión, debo regresar a la perspectiva que nos ofrecen las ciencias sociales y por ello se eligieron las definiciones antes citadas.

 

Desde la perspectiva social, lo natural refiere a la primera y tercera definiciones que ofrece la RAE. Parafraseando ambas definiciones, se entiende como natural a aquello que existe tal y como es en la naturaleza, es decir, que existe.

 

Sigamos ahora con los mismos ejemplos, el matrimonio igualitario y la homosexualidad. El matrimonio igualitario es natural para los(as) ciudadanos(as) que viven en los países (o estados) en los que ya es un derecho. Y como existe de facto y ya se han celebrado matrimonios igualitarios, éstos son naturales simplemente porque existen. Pero el matrimonio igualitario no es natural para los(as) ciudadanos(as) de los países (o estados) en los que aún se tiene prohibido dicho hecho.

 

Con respecto a la homosexualidad, el tema se torna más sensible, ya que, en la mayoría de las civilizaciones, los y las homosexuales han sido -y siguen siendo- discriminados(as). Se les ha tachado de antinaturales, aberraciones y una larga lista de adjetivos calificativos peyorativos que no quisiera mencionar en este artículo.

 

Como ya se dijo en los apartados de lo normal y lo común, la homosexualidad no es normal ni común. Y, además, se sostiene que no se ofende a nadie al afirmarlo. Y quiero enfatizar que ello NO significa que la homosexualidad sea algo malo o bueno. Lo ético y lo moral aquí son irrelevantes. La homosexualidad es algo natural porque existe en la naturaleza. Existe en la naturaleza humana, porque sabemos que hay personas homosexuales, y eso lo hace natural. También existe la homosexualidad en otras especies animales. Por ello, afirmo categóricamente que ser heterosexual es tan natural como lo es ser homosexual. Incluso me parecen deplorables los adjetivos calificativos peyorativos que como sociedades e individuos dirigimos hacia personas que simplemente tienen una orientación sexual diferente.

 

Conclusión

 

Normal, común y natural no deberían ser lo mismo en nuestros discursos. Creo que el hecho de que un grupo determinado de personas, del que se habló en este artículo (o del que sea), sea discriminado (perseguido en ciertas partes del mundo) es absurdo e inadmisible. El hecho de que confundamos esas tres palabras en especifico nos impide ver la realidad tal y como es. Una realidad en la que la homosexualidad no es normal ni común, pero es totalmente natural. Y, como se enfatizó en este ejercicio de reflexión, no deberíamos discriminar ni ofender a quien se identifica como homosexual.

 

Pero tampoco hay que ser hipersensibles y sentirse ofendidos sin razón. La homosexualidad no es normal ni común. Nuestras sociedades siguen reproduciendo el estereotipo de la pareja heterosexual y este tipo de unión es el que prepondera en todo el mundo. Tan es así, que siguen siendo minoría los países (o estados) que reconocen el matrimonio igualitario como un derecho de sus ciudadanos(as). Sin embargo, no podemos negar los logros alcanzados por ciertas sociedades en las que ya es normal (es legal) el matrimonio igualitario y la aceptación de la homosexualidad es cada vez más común y eso es esperanzador.

 

Nazario Pescador Pereda

Licenciado en Antropología Social

Universidad Autónoma del Estado de México

nazario.pescador@revistapensamientolibre.com

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