El trastorno del poder

09/05/2018

Cuando se trata de elegir entre varios candidatos a alguno que será representante popular, ya sea en el Poder Ejecutivo o en el Legislativo, entre las cuestiones que el electorado evalúa para poder decidir por quién votar, se encuentran el partido político con el más se identifican, la historia política del candidato, su currículum profesional (si tiene, por supuesto), su propuesta (si aprovechó la campaña y no solamente se dedicó a denostar a sus adversarios), etc., pero lamentablemente pocas veces (por no decir nunca) se evalúa la salud mental del aspirante.

 

 

 

Algunos lectores dirán que para ello existen profesionales de la salud, pero a diferencia de muchas otras patologías y muchos otros aspectos de la medicina, por ejemplo, el que tiene que ver con el tubo digestivo, (no es de interés general conocer los detalles del tránsito gastrointestinal de quienes aparecen en la boleta electoral), o bien el dermatológico, (poco importa si el contendiente tiene más o menos ronchas) y aunque todos los aspectos se relacionan, el ámbito mental repercutirá directamente en la toma de decisiones de los representantes populares, por ello, no sobra ni es mala idea tener un panorama de cómo se encuentra ese rubro del aspirante al poder.

 

Por supuesto, la exposición pública de algún candidato durante su campaña, no es suficiente para conocer su historia clínica completa ni mucho menos para elaborar un diagnóstico, pero nos deja ver ciertos rasgos que pueden ser orientadores en una evaluación más integral por la que debe someter el votante a cualquier individuo que pretende ostentar algún cargo de elección popular; y esto último es el objetivo de las presentes líneas.

 

Sería muy ambicioso poder e incluso absurdo pretender que este artículo abordará todas las posibles de enfermedades mentales que puede padecer un candidato, por ello, se abordará únicamente el síndrome de Hubris, trastorno que está estrechamente relacionado con el poder (Owen, 2008) y que, por ende, cualquier aspirante a un cargo público está en riesgo de padecer.

 

Es pertinente aclarar que debido a que la cantidad de personas que ejerce el poder en la sociedad respecto a la población general, es mínima, las cinco fases (descripción clínica, estudios de laboratorio, definición de límites respecto a otros trastornos, estudios de seguimiento y estudios familiares) para la estricta validación de este síndrome como entidad psiquiátrica no se han completado (Owen, 2009).

 

No obstante, la importancia de su descripción y de advertir su existencia radica en que las decisiones de quien lo padece (sujetos que ejercen el poder) pueden afectar directa e indirectamente a millones de personas.

 

También cabe señalar que además de que el síndrome de Hubris se desarrolla en un contexto de situación de poder, es más factible que se presente en individuos que son arrogantes y cuya conducta se caracteriza por: exceso de confianza en sí mismo; impaciencia constante; falta de atención a los detalles; creerse insustituible (Carvajal, 2014).

 

Dichas conductas conducen a presentar el síndrome de Hubris, el cual se caracteriza porque el sujeto: 1) Evalúa una situación con ideas fijas preconcebidas. Rechaza todo signo contrario a sus ideas. 2) Es incapaz de cambiar de conducta. No saca provecho de la experiencia. 3) Trata a los demás con prepotencia. 4) Tiene una conducta marcadamente narcisista (Carvajal, 2014).

 

Aunque Owen integró el concepto del síndrome de Hubris, al observar la conducta de George W. Bush (ex presidente de Estados Unidos de América) y Tony Blair (ex Primer Ministro del Reino Unido) (Jacovljevic, 2011), con solo leer las cuatro características más relevantes de las 14 que incluye el síndrome completo, es evidente que muchos actores de la política latinoamericana y específicamente de la política mexicana cumplen con el perfil. No es necesario escribir nombres propios: ¡lo que se ve no se juzga!

 

Ante la coyuntura en la que se encuentra nuestro país con las próximas elecciones, es necesario hacer uso de todas las herramientas a nuestro alcance para poder lograr la mejor evaluación y con ello tomar la decisión óptima no solo de quién será el próximo titular del Poder Ejecutivo Federal sino de los otros tantos cargos de elección popular que se encuentran en juego. Aunque pareciera lejano, la Psiquiatría es una de esas herramientas y el síndrome de Hubris, una prueba de ello.

 

Así que, estimado lector por más raro que parezca, considere consultar un psiquiatra para decidir su voto en la próxima y en todas las demás elecciones en las que participe.

 

Vicente Camacho Téllez

Médico por la Universidad La Salle, A.C.

Especialista en Neuropsicología Clínica por el ISEP, Barcelona, España.

Maestro en Ciencias (Neurobiología) por el INB, UNAM, Campus Juriquilla.

vicentct@hotmail.com, @VICATEL

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