Dos Ciudades

En el año de 1859, el escritor británico Charles Dickens publicó una novela relativamente poco conocida que además tiene un estilo literario inusual. La Historia de dos Ciudades narra las experiencias de un médico británico y su hija, separados por el encarcelamiento del primero en la mítica prisión de La Bastilla durante los últimos años del Antiguo Régimen francés. Por diversos avatares del destino, estos personajes emparentan con el hijo del aristócrata que ocasionó aquel encierro, y, que habiendo caído la monarquía, es perseguido por los delitos que cometieron su padre y su tío.

 

En su texto, Dickens habla de los numerosos males que aquejan a la capital británica a finales del siglo XVIII: inmundicia, inseguridad, arbitrariedad e incluso pinta un retrato bastante desagradable acerca de los “muy honorables” jueces ingleses. No obstante, al establecer su paralelismo entre Londres y París, es mucho más duro al narrar las condiciones que vive la capital francesa durante la época de la Revolución. En estricto sentido son homologables aquellas a las que se refiere en Londres, pero en París el diferencial se pervierte cuando se hace notar que la revolución había nacido para superar todas esas iniquidades y que lo que ha conseguido en términos reales es un cambio a peor, pues sumado al autoritarismo y el terror, debe tolerarse la perfidia que representa la ruptura de las esperanzas de los franceses que acompañaron aquel proceso.

 

A pesar de que ese libro se publicó hace 159 años, podemos encontrar la esencia de ese hilo documental en los días en los que nos ha tocado vivir. En nuestro caso particular, México se encuentra en una encrucijada histórica, principalmente representada por el proceso electoral para la renovación del Congreso de la Unión y de la presidencia de la República. Hace escasos 18 años, la alternancia en el ejecutivo cerró una época que comenzó con la reforma política de 1976 y que tenía como propósito ordenar la transición política de México desde el régimen autoritario de la revolución mexicana hacia una normalidad democrática basada en la pluralidad de ideas y el respeto a la efectividad del sufragio. No obstante, el natural devenir de los acontecimientos entre los diferentes actores políticos permitieron que a partir del año 2000 se experimentara un nuevo mecanismo de intercambio de poder que, sin renunciar a las perversiones del régimen revolucionario, se articulaba con los mecanismos de las sociedades democráticas y se acompasaban con el salto en las tecnologías de la información, principalmente el Internet y recientemente con las redes sociales.

 

El resultado de este acelerado proceso de desgaste es que México experimenta la coyuntura electoral más complicada desde 1988. La sociedad mexicana se encuentra sumergida en la apatía y el hartazgo derivada del fracaso del sistema político para garantizar la autonomía e imparcialidad de los órganos electorales, la honradez del gasto público y efectividad en la consecución de reformas que se reflejen en la calidad de vida. Es correcto decir que no hay cambios instantáneos ni transiciones de terciopelo, pero los últimos 18 años hemos asistido al deterioro de las expectativas democráticas del pueblo de México asociadas a una permanente defraudación de las esperanzas de los ciudadanos.

 

Particularmente importante es la necesidad de mencionar que nuestro país no ha sido una excepción en la radicalización del discurso de la izquierda y la disolución de los valores tradicionalmente asociados al espectro de la derecha. Prácticamente en todo el occidente se ha establecido un consenso en torno a la socialdemocracia que ha producido como resultado el desvanecimiento de las fronteras tradicionales del pensamiento político. A pesar de esto, en numerosos países han surgido movimientos radicales bien aprovechados por corrientes de izquierda altamente ideologizada. Los movimientos de Syriza en Grecia, Podemos en España, o el abanico cobijado por el foro de Sao Paulo en Iberoamérica representan fielmente estos movimientos que, con distintos orígenes y contextos temporales, comparten esencialmente la radicalidad de sus posturas.

 

Como si se tratara de un espejo, se ha presentado el surgimiento de los movimientos poco articulados entre si pero similares en su contenido ideológico a los que se ha dado en llamar derecha alternativa, y cuyo principal exponente es el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Esta nueva derecha, aunque aparentemente carece de unidad ideológica, es una articulación de diferentes componentes, en ocasiones enfrentados entre sí, pero que se unen en oposición de una agenda radical de izquierda. De esta forma y prácticamente sin percatarnos, nos encontramos nuevamente polarizados, con la desventaja de que durante la Guerra Fría, las ideologías se encontraban perfectamente delimitadas mientras que actualmente el pensamiento político se ha ido diluyendo de tal manera que una delimitación estricta es prácticamente imposible.

 

Nuestro país no se encuentra ajeno a esta confrontación. El saldo impresentable que deja como resultado el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto permite afirmar que la mayoría de los electores mexicanos desean sacar al PRI del gobierno de la nación. La corrupción, representada por figuras como Javier Duarte, la impunidad que muestra Emilio Lozoya, la simulación encarnada en Virgilio Andrade, el uso faccioso del poder que representa Alberto Elías Beltrán, el cinismo en la persona de la primera dama y la simple torpeza que es nota personal del propio Presidente Peña Nieto crean un consenso claro de que el PRI no debe seguir gobernando. Queda pues en todo caso el reto de determinar cuál es la opción más apropiada.

 

El electorado ha determinado que el centro del debate no pasa por las candidaturas independientes, especialmente cuando éstas se han visto desvirtuadas por el empleo de mecanismos poco claros, escasamente éticos e incluso ilegales para cumplir los requisitos que la ley establece. En estos momentos la disyuntiva puede presentarse entre dos proyectos antagónicos: el proyecto de nación presentado por Andrés Manuel López Obrador y la plataforma de la coalición Por México al Frente que encabeza Ricardo Anaya.

 

El proyecto obradorista apela a ese hartazgo, reclamando la legitimidad de un gobierno eminentemente social y enemigo de las fórmulas artificiosas del poder y del neoliberalismo económico que según su visión es responsable del empobrecimiento constante de los mexicanos. Tiene como centro neurálgico la devolución de competencias legales y súper legales a la figura presidencial. Sus propuestas de combate a la corrupción, reconducción del gasto público, obra pública e infraestructura y seguridad pasan todas necesariamente por ejercicios de voluntad del titular del poder ejecutivo. Sin decirlo expresamente en su plataforma, requerirá de una sumisión casi absoluta del sistema de pesos y contrapesos de la constitución a su voluntad personal. Sin necesidad de pronunciarse acerca del contenido de sus proposiciones, es evidente que ese proyecto de nación pasa por la personalización del poder, la ruptura de los equilibrios constitucionales y la arbitrariedad en el ejercicio de la autoridad, notas políticas que caracterizaron al régimen de la Revolución al que el propio López Obrador desea remontarse cuando hace referencias al general Lázaro Cárdenas o a la época entre 1952 y 1970 conocida como el desarrollo estabilizador.

 

Por su parte, la coalición de por México al frente que encabeza Ricardo Anaya carece de esa efectividad sentimental y trata de encontrar al elector desde una perspectiva mucho más racional. Fue construida en torno a ejes fundamentales y se distingue fácilmente por la construcción argumentativa de sus proposiciones. No posee componentes emotivos y por lo tanto no apela a la sensibilidad, sino que efectúa un diagnóstico situacional y propone líneas generales y particulares de acción encaminadas a atender determinadas necesidades sociales. Las propuestas que se presentan en esta plataforma no poseen componentes de personalización del poder, sino que se establecen mediante las herramientas del llamado Gobierno Abierto y cuyo objetivo es el fortalecimiento de los contrapesos institucionales que la ley señala y el incentivo de la participación ciudadana en la toma de decisiones públicas.

 

Es posible identificar los contrapuntos entre ambas plataformas. Y de la sana deliberación de cada uno de los componentes de esos documentos y de la trayectoria personal de quienes se desempeñan como candidatos es necesario interpretar el derrotero que habrá de seguir el país en caso de que cualquiera de ambos gane. En su metáfora, Dickens sugiere que a pesar de la inmundicia de Londres, era un mejor destino que la violencia y la hipocresía del autoritarismo revolucionario de París. Es necesario un cambio en el rumbo de México, pero como apunta Dickens, por muy edulcorados y apoteósicos que resulten los discursos, los cambios pueden construir regímenes tan o más viciados que aquellos a los que sustituyen. Hay cambios y transiciones ejemplares, como la española, y fracasadas, como la sudafricana. De nosotros depende elegir.

 

José Ortega y Gasset hacía en 1914 una distinción entre la vieja y la nueva política. Para él: La nueva política es menester que comience a diferenciarse de la vieja política en no ser para ella lo más importante, en ser para ella casi lo menos importante la captación del gobierno de España, y ser, en cambio, lo único importante el aumento y fomento de la vitalidad de España. El verdadero éxito del cambio necesario será cuando traslademos la importancia del escenario electoral al desarrollo del país, pero sólo podremos conseguirlo si en lugar de regresar al pasado construimos una senda hacia el futuro por medios democráticos. Estoy convencido que a través del gobierno abierto encontraremos la manera de construir esta ruta con seguridad, estabilidad y desarrollo.

 

Guillermo Flores Manríquez

Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México.

Secretario de Formación y Capacitación del Comité del PAN en el Estado de México.

guillermo.flores@pan-edomex.org, facebook: guillermofloresmanriquez tw: guillermofm

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