1-J, el futuro de México en juego: La batalla por el poder político

09/05/2018

El domingo 1 de julio de 2018 tendrá lugar el Proceso Electoral Federal de México. Unas elecciones donde se decidirá el nuevo Presidente de la República y se escogerán a los representantes del Congreso Federal, 128 senadores y 500 diputados federales, en un día catalogado no solo como “el proceso electoral más grande en la historia del país” –al coincidir los comicios federales con las elecciones locales–, sino, también, como el más violento. En este sentido, seguridad pública y violencia, combate a la corrupción y la impunidad, y democracia y pluralismo político son los tres ejes clave de la campaña electoral.

 Un proceso electoral marcado por un contexto de hartazgo generalizado después de tres décadas de políticas neoliberales que han producido tanta pobreza, desigualdad, violencia y falta de perspectivas de futuro para la mayoría social. Una situación, cuya responsabilidad recae, mayoritariamente, en los gobiernos turnistas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN), y de la que –según las encuestas demoscópicas – Andrés Manuel López Obrador, AMLO, líder de la alianza electoral de izquierdas “Juntos Haremos Historia”, puede ser el gran beneficiado. Una oportunidad de conseguir la victoria después de los dos segundos puestos anteriores conseguidos en las federales de 2006 y 2012, contra Calderón y Peña Nieto, ambas elecciones no exentas de polémicas por denuncias de fraude electoral.

 

La radicalidad democrática

 

En una decisión histórica el Congreso Nacional Indígena (CNI), organización hermana del zapatismo, decidió irrumpir en el escenario electoral. Meses después, de forma asamblearia, decidió que Marichuy Patricio fuera la candidata para las federales. Una decisión que preocupaba a AMLO por la posible fuga de votos a la izquierda; no obstante, la apuesta del CNI no superó la barrera electoral que marca la legislación electoral para validar las candidaturas independientes. El tropiezo de la candidatura anticapitalista, lejos de debilitarles, reforzó su campaña ya que habían cumplido escrupulosamente las reglas y son ejemplo de la radicalidad democrática que practican frente a las artimañas fraudulentas de la oscura cultura política mexicana. En este sentido, Pablo González Casanova, sociólogo y rector de la UNAM en los setenta, apuntaba que “Es una lección política para todo México y a la vez una aportación de universalidad, un aviso de que no hay cooptación posible”. No obstante, la representatividad político-electoral de los postulados del CNI-EZLN, en el ámbito nacional, tendrán que esperar y seguir construyendo desde abajo la alternativa.   

 

La caída libre del PRI

 

José Antonio Meade, encabeza la coalición “Todos por México”, una alianza del oficialista PRI con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza (NA). Un PRI que no tiene mucho que ofrecer y que carga sobre sí gran parte de la responsabilidad histórica y política por la degradación de las condiciones de vida y de convivencia de la sociedad mexicana, agravada por el desastroso gobierno de Peña Nieto. Un último sexenio en el poder político, que será el artífice del futurible castigo electoral a un PRI que se hunde en las encuestas por su impopularidad, por la nefasta operación en la elección de un candidato no priista y por las ya anunciadas y previsibles rupturas internas. Un partido, asimismo, rodeado por casos de corrupción de algunos gobernadores durante el mandato de Peña Nieto, y un candidato, Meade, que no logra situarse como el gran rival de López Obrador, y que evita en sus actos la imagen del partido por el supuesto lastre que este le acarrea. Una situación que augura un fracaso de “Todos por México”.  

 

La alternativa del PAN

 

El multimillonario Ricardo Anaya lidera la coalición “Por México al Frente”, integrada por su partido, el PAN, y a la que ha sumado, de forma muy hábil, al Movimiento Ciudadano pero, sobre todo, al Partido de la Revolución Democrática (PRD). En este sentido, la jugada de Anaya le sirve al PAN para maquillar su naturaleza derechista conservadora y, confirma, la deriva hacia la derecha de muchos de los sectores “progresistas” que fundaron el PRD. Así mismo, los analistas coinciden en que en el primer debate presidencial Anaya fue el vencedor de la noche. En un debate a cinco, donde participaron los candidatos de las tres coaliciones llamadas a la victoria final y los dos independientes, el líder del Frente consiguió abrir distancia con el candidato del PRI, consolidándose como el rival del líder de Morena, en lo que se aventura un duelo entre Anaya y López Obrador.  

 

Los independientes

 

A la candidatura de Margarita Zavala, primera independiente en la historia mexicana, le acompaña, finalmente, la de Jaime Rodríguez, conocido como el Bronco. La ex-primera dama, durante la presidencia de Calderón, y el ex-priísta, gobernador del estado de Nuevo León, presentan los peores datos en las encuestas y nada apunta a una remontada en unas elecciones donde la victoria final se la jugaran entre los tres principales candidatos, aunque cada vez tiene más visos de duelo.

 

¿AMLO presidente?

 

López Obrador, lidera la candidatura de una alianza integrada por su Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y los partidos del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES).

 

AMLO y su partido, Morena, han desplazado del centroizquierda al PRD, optando por un perfil menos izquierdista y más nacional popular, con un programa y un equipo más conservadores que en sus dos anteriores postulaciones, pero manteniendo un discurso de critica a las políticas neoliberales y haciendo un llamamiento a la democratización, en un sentido más antioligárquico, que de práctica democrática interna del partido.

 

La candidatura de AMLO es vista por una mayoría de las clases populares y trabajadoras mexicanas como la única alternativa real de cambio progresista en el contexto actual. No obstante, López Obrador ha de ser capaz de mantenerse liderando las encuestas, pero, sobre todo, tendrá que superar las operaciones de campaña –mediáticas y de uso masivo de recursos y de control clientelar del voto– del establishment político, económico y financiero, si quiere ser, esta vez sí, el nuevo presidente de México. En este sentido, el equipo de AMLO haría bien en no olvidar que, hace solo seis años, se catapultó a la presidencia a un candidato carente de todo carisma como Peña Nieto.

 

Finalmente, la salida a la crisis económica, política y social que azota el país en un contexto político de combinación de asistencialismo, clientelismo y neoliberalismo, ¿vendrá con AMLO presidente? El tiempo lo dirá, pero y mientras tanto, sea cual sea el resultado del 1 de julio, la alternativa para la mayoría social pasa por revitalizar y dar consistencia y proyección a las luchas en defensa de los bienes comunes y a las reivindicaciones para conquistar mayores derechos sociales.

 

Jesús Gellida Albiol

Máster Europeo en Trabajo y Política Social por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Politólogo y escritor.

jesusgellida@hotmail.com, @jesusgellida

 

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo