La Ley de Seguridad Interior. ¿Es buena o mala?, ¿perjudica o beneficia?


Planteamiento del tema


El 21 de diciembre de 2017 fue expedida la Ley de Seguridad Interior después de una intensa lluvia de opiniones, críticas y apoyos, que desafortunadamente, se presentaron más en la prensa y redes sociales, que en las Cámaras de Diputados y Senadores, lugares naturales para su debate.


Desde que surgió se encuentra en medio de dos corrientes; una que la crítica y considera inadecuada, que llegó a pedir que no se aprobara, y ahora, que sea vetada por el presidente de la república; otra, de opiniones favorables, principalmente de actores oficiales que la consideran como la solución adecuada para la lucha contra el crimen organizado. Hay que decir que ésta se manifiesta de manera más tenue y menos combativa que la primera.


Sin embargo, en todo este tiempo no se han visto contenidos que expliquen su razón, su objeto de regulación y las disposiciones previstas para que las Fuerzas Armadas intervengan legalmente en el llamado combate al crimen organizado, en la lucha contra la violencia, y contra la delincuencia de alto impacto que viene aparejada. Es decir, es más lo que se dice entre las corrientes en términos de crítica opositora o de cualidades positivas y adulación, que aquello que explique de manera sencilla al gran público, en qué consiste la mencionada ley y cuáles son los efectos de su aprobación.


En este contexto y con respeto al espacio concedido, la postura de la presente aportación es informar de manera muy sintética, el objeto y las finalidades de la Ley de Seguridad Interior; paralelamente se incluyen algunos comentarios y reflexiones que proporcionan juicios al lector para diseñar su propia opinión.



Los polos del debate


La lectura de la ley genera muchas preguntas sobre su fundamento y finalidad, así cómo de su aplicación y operación; no obstante, las respuestas que pueden avanzarse dan lugar a más dudas y temas por resolver.


Las dudas sobre la ley van de lo superfluo a lo complejo, de lo general a lo realmente puntual, entre ellas, las siguientes: la ley, ¿es inconstitucional?, ¿otorga facultades extraordinarias al presidente de la república para hacer uso de las Fuerzas Armadas?; la Seguridad Interior, ¿implica que nuestra república está en guerra? El Ejército, competente para la Defensa Nacional y combatir el peligro extranjero, ¿lo es también para asediar y combatir a los propios mexicanos? Si la corrupción de las diversas policías es la causa del fracaso de la lucha contra el narcotráfico, ¿no es mejor sanear y mejorar a la policía que sustituirla con las Fuerzas Armadas? Si el Ejército sale a la calle, ¿puede actuar contra mi persona y propiedades?, ¿puede intervenir en cualquier delito y asunto ilegal?, ¿hasta cuándo permanecerá en las calles?, ante su presencia, ¿cuáles son mis derechos humanos y civiles?


A estas interrogantes, es válido agregar, ¿qué sucede con las fuerzas policiacas de las entidades federativas y de los municipios cuando se da la intervención de las Fuerzas Armadas y Federales? Se estableció un Sistema Nacional de Seguridad Pública para combatir la delincuencia organizada, ¿desaparece?, ¿ha dejado de existir el llamado Mando Único como medio de coordinación de las fuerzas policiacas? Se dice que la Policía Preventiva Municipal es corrupta y permisiva con el narcotráfico, entonces qué pretende combatir la ley, ¿el crimen y narcotráfico organizado o el narcomenudeo?, la intervención de las Fuerzas Armadas y Federales, ¿no violentan la autonomía de los estados y los municipios?


Sin embargo, las respuestas que se han dado a éstas preguntas y los avances con que se ilustra su futura aplicación se ubican, hemos dicho, en uno u otro de los extremos opuestos de opinión, o critican la Ley y la consideran inadecuada o le otorgan méritos para resolver el problema del crimen organizado y validan su aprobación y aplicación. Es decir, que en cada una de las preguntas citadas hemos encontrado repuestas opuestas, un si y un no, las que se oponen y las que aprueban. ¿Es esto posible?, claro que no, ni científica, ni cotidianamente.


La razón de las respuestas contrarias, no sólo es cuestión de la postura de quien las emite; se debe a que la redacción así como la interpretación de la ley, contienen muchas lagunas y contradicciones legales; otorga facultades y genera supuestos de acciones y aplicaciones que pueden llevarse a cabo, pero que no tienen fundamentación o no se prevé la forma y modo de realización. Este es un comentario poco difundido, pero válido y verdadero, con el cual coincido.






Principal contenido de la ley


La Ley de Seguridad Interior cuenta con 34 artículos y cinco artículos transitorios.


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