Ley de Seguridad Interior: ¿y los soldados?

10/03/2018

 

Ante la reciente aprobación de la denominada “Ley de Seguridad Interior” en nuestro país, los medios de comunicación y la sociedad en general se han volcado en discutir acerca de las repercusiones de esta ley, sobre todo en civiles, pero en este espacio quisiera abordar un tema en el que los protagonistas son los soldados.

 

En el actuar de estos últimos, sobre todo en escenarios de guerra, que por supuesto no es el caso de nuestro país, pueden presentarse situaciones que modifiquen su conducta y su salud. Las posibles consecuencias tienen que ver, entre otras cosas, con los cambios que puedan ocurrir en el funcionamiento del cerebro, órgano responsable de la regulación de mecanismos neurobiológicos, cognitivos y psicológicos que permiten la interacción con el medio interno y por supuesto con el medio externo, y las respuestas ante los diversos estímulos, que en el caso de los soldados, sería el ejercicio de sus funciones en combate.

 

¿Cómo podría reaccionar el cerebro ante estímulos traumáticos? Trastorno de Estrés Post Traumático

 

La discusión sobre las consecuencias a mediano y largo plazos, de estar expuesto a un hecho traumático, ha sido poco abordada en los medios de comunicación y por la sociedad en general. Además, dichas repercusiones cobran relevancia meses e incluso años después de ocurrido el evento estresante.

 

Respecto con las probables formas en las que el cerebro puede reaccionar ante un evento traumático, pongamos sobre la mesa el escenario menos deseable: uno en el que el sujeto, después de haber estado expuesto a algún suceso muy estresante como, guerras, terremotos, violaciones, asaltos, accidentes automovilísticos; sufre flashbacks, es decir, recuerdos intrusivos de lo ocurrido: trastornos del sueño como pesadillas, se torna hipervigilante y se encuentra en estado de alerta máxima permanentemente, tiene respuestas fisiológicas exageradas al recordar hechos preocupantes, presenta reacciones de evitación y prefiere no exponerse ante cualquier estímulo por considerar que pudiera ser traumático; todo ello finalmente genera que el sujeto disfuncione en su vida cotidiana. El conjunto de las características de esta posible reacción, es conocido como Trastorno de Estrés Post Traumático (TEPT), cabe señalar que sólo un porcentaje de las personas que son expuestas a un evento estresante desarrollan este trastorno.

 

Las primeras descripciones de este trastorno se hicieron a finales del siglo XIX; en ellas se hizo mención de soldados que después de participar en la guerra civil americana presentaron hipervigilancia, frecuencia cardiaca elevada e irritabilidad; por lo que se le conoció como síndrome de los soldados con corazón exhausto o irritado.

 

Posteriormente el término continuó en evolución y en la primera guerra mundial se conoció como astenia neurocirculatoria; en la segunda guerra mundial cobró el nombre de neurosis de combate o fatiga operacional, hasta que después de la guerra de Vietnam, la Asociación Psiquiátrica Americana lo incluyó como TEPT en el Manual Estadístico de los Trastornos Mentales III, DSM-III por sus siglas en inglés; al observar que hasta 30 por ciento de los soldados veteranos de este conflicto lo presentaron.

 

Estrés: factor indispensable para la presentación del TEPT

 

El estrés puede definirse como una respuesta displacentera adoptada por el sujeto ante una situación amenazante; dicha respuesta se caracteriza por un incremento en la actividad fisiológica originada por una reacción del sistema nervioso simpático.

 

El cerebro es el controlador principal de la interpretación de lo que es estresante y las respuestas conductuales y fisiológicas que deben asumirse. Las hormonas del estrés, como el cortisol, desempeñan un papel importante en la mediación de las respuestas adaptativas y desadaptativas. Cabe señalar que la acción de estas hormonas tiene consecuencias en diversos órganos blancos, entre ellos, el cerebro. Las hormonas del estrés son protectoras en el corto plazo, pero pueden resultar dañinas cuando existe una producción excesiva, o no se “apagan” cuando ya no se necesitan.

 

Los sistemas fisiológicos más comúnmente estudiados que responden al estrés son el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (EHPA), y el Sistema Nervioso Autónomo (SNA), aunque existen muchos más.

 

Conductualmente, la respuesta al estrés puede consistir en reacciones de lucha o huida. Dichas conductas son favorecidas por la activación de los dos sistemas mencionados, por ejemplo, para luchar o huir, es necesario que los músculos tengan energía y que el oxígeno sea transportado hasta ellos. Esto es posible gracias a los glucocorticoides, activados por el eje HHA, y por el control del SNA ejercido sobre la frecuencia cardiaca y la frecuencia respiratoria, respectivamente.

 

¿Qué pasa con la respuesta al estrés en el TEPT?

 

Los cambios plásticos estructurales y funcionales propios del cerebro sano, permiten la adaptación frente al estrés, cuando esto no ocurre se pueden presentar situaciones como las siguientes.

 

A través de estudios de neuroimagen, se ha comprobado que individuos con alta vulnerabilidad para la depresión, tienen un volumen hipocampal menor, es decir, esta estructura cerebral implicada en procesos de memoria, es más pequeña que en individuos sanos.

 

Otro tipo de reacción ante una situación potencialmente estresante es un aumento del estado de vigilancia, o hipervigilancia, acompañado de ansiedad y preocupación, particularmente cuando la amenaza es mal definida o imaginaria, y cuando no hay una respuesta conductual alternativa clara que ponga fin a la amenaza.

 

Síntomas que tienen que ver con las alteraciones en el sueño es decir, pesadillas; la evitación y la ansiedad, guardan relación estrecha con la actividad simpática del SNA, ya que existe una hiperactivación que resulta en un exceso de la cantidad de catecolaminas liberadas, ante la exposición a estímulos estresantes.

 

En resumen, los individuos con TEPT, presentan disregulaciones en ambos sistemas fisiológicos de respuesta al estrés; tanto en el eje HHA, como el que tiene que ver con el SNA.

 

Implicaciones más allá de la Neurobiología

 

Conocer los mecanismos que subyacen a un fenómeno, nos permite entenderlo mejor. Por tanto, saber de las funciones cerebrales involucradas en la respuesta ante situaciones de estrés, en última instancia tendrá un impacto social.

 

Poder identificar cuáles son las condiciones que llevan a un individuo a responder de tal o cual forma ante el estrés, tiene implicaciones sociales muy importantes, pues guarda una estrecha relación con la funcionalidad de la persona, que tendrá impacto en todos los ámbitos en los que se desarrolle y eso, al ser considerado en una escala mayor, pasará de tener relevancia sólo en un individuo para tenerla en la sociedad entera.

 

Vicente Camacho Téllez

Médico por la Universidad La Salle, A.C.

Especialista en Neuropsicología Clínica por el ISEP, Barcelona, España.

Maestro en Ciencias (Neurobiología) por el INB, UNAM, Campus Juriquilla.

vicentct@hotmail.com, @VICATEL

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