El cambio global desde los feminismos

10/03/2018

 

 

La lacra cotidiana de los “feminicidios”, la explotación sexual, la desigualdad salarial y doméstica, la violencia económica, la interiorización y normalización del menos valor asociado a todo lo que es femenino, la doble jornada laboral, la asociación naturalizada del trabajo de cura a las mujeres, la no paridad en los cargos electos, y la falta del enfoque de género en las políticas públicas y la invisibilidad de la contribución de las mujeres en la historia de la humanidad, que perpetúa la educación con carencia de referentes femeninos; son algunas de las consecuencias más visibles del machismo y del patriarcado.

 

Los modelos económico y de sociedad neoliberal, comportan una tremenda desigualdad y pobreza; donde las políticas austeritarias y de recortes afectan principalmente a las mujeres, empobreciéndolas todavía más. Situaciones que hay que combatir para eliminar las desigualdades de género; y reivindicaciones que hay que exigir, como las que el 8 de marzo de 2017, se articularon a través de la primera Huelga Internacional de Mujeres, en un paso más del Internacionalismo Feminista.

 

Múltiples fórmulas de dominación, subordinación y violencia hacia las mujeres existen en esta sociedad heteropatriarcal. Según el informe “Mujeres y el 1 por ciento”, de Oxfam Intermón; la mitad de la población activa son mujeres, y sin embargo, ellas sólo generan 37 por ciento del PIB mundial. El informe es muy claro en que la desigualdad económica extrema y la desigualdad de género tienen que abordarse conjuntamente. Así mismo, el informe Mundial sobre Salarios 2016/2017, de la Organización Internacional del Trabajo; sitúa la brecha salarial entre mujeres y hombres en el Estado español, en 17 por ciento, lo que le convierte en uno de los países donde más han aumentado las desigualdades, en tanto que Estados Unidos registra un escandaloso 35 por ciento.

 

Privilegios masculinos y formas de hacer patriarcales, presentes también en la autodenominada nueva política, que hay que superar a través del empoderamiento individual y colectivo, para despatriarcalizar la política. Una política formal, la de las instituciones y los partidos políticos, marcada por la sobrerepresentación masculina y por unas formas de hacer patriarcales, con espacios discriminatorios.

 

En este sentido, destacar que la acción política de las mujeres no se tiene que reducir a la participación en la política formal, sino que viene de muy lejos, como se reivindica cada 8 de marzo. El marzo de 1908, 15 mil obreras marcharon en Nueva York al grito de “¡Pan y rosas!”, para exigir un recorte del horario laboral, mejores salarios, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil. Y el 8 de marzo de 1917, miles de mujeres rusas se declararon en huelga bajo la demanda de “pan y paz”, en contra de la guerra.

 

Feminizar y despatriarcalizar la política, para articular espacios igualitarios de participación directa, que pongan en el centro a las personas y la vida cotidiana, para así construir conjuntamente la sociedad que queremos.

 

El cambio social será feminista o no será.

 

Jesús Gellida

Politólogo

@jesusgellida

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