Grupos antivacunas: mala información para los padres

“A excepción del agua limpia, ningún otro factor, ni siquiera los antibióticos, ha ejercido un efecto tan importante en la reducción de la mortalidad”

Stanley Plotkin, Walter Orenstein, Paul Offit.

 

 

 

Como ya se habrán dado cuenta, uno de mis temas favoritos en cuanto a salud pública y epidemiología, es la vacunación; soy alguien completamente pro vacunas y por esa razón, trato de hacer siempre promoción de este tema. Uno de los problemas que vivimos actualmente a nivel mundial, es la proliferación de grupos anti vacunas, los cuales argumentan, infundadamente, que las vacunas son peligrosas y causan enfermedades como autismo o síndrome de muerte súbita del lactante, pero realmente no hay ninguna relación causal entre la administración de las vacunas y estos padecimientos. Es cierto que existen las reacciones vacunales, pero generalmente son leves y temporales, como febrícula o dolor en el sitio de aplicación. 

 

En cuanto al autismo y las vacunas, se determinó que fue un estudio publicado en 1998 el que suscitó inquietud acerca de un posible vínculo entre la vacuna contra el sarampión, parotiditis y rubéola, llamada SRP, con el autismo; el texto contenía graves irregularidades, porque la publicación que lo divulgó lo retiró. Lamentablemente el que se divulgara sembró temor que provocó una disminución en las tasas de inmunización, por consecuencia brotes de estas enfermedades. Hasta la fecha no existe ninguna prueba científica de una relación entre la vacuna SRP y el autismo. 

 

Las consecuencias en tema de salud pública fueron considerables a nivel mundial. En 1997, la cobertura de vacunación de SRP en Reino Unido era del 92 por ciento, y en 1998 cayó abruptamente, para llegar al 83 por ciento en 2002. El declive de la cobertura es más precoz en los grupos de mayor nivel educativo y se extiende luego a los menos favorecidos, en que persiste más intensamente. La oficina europea de la Organización Mundial de la Salud, en 2011 alertó del considerable aumento en el número de casos de sarampión notificados durante los primeros meses de ese año. 

 

Como lo mencioné en el artículo de los deportes extremos, uno de los brotes de sarampión más recordados es el vinculado a dos parques temáticos de Disney, en el Condado de Orange, California; donde durante el período de diciembre de 2014 a febrero de 2015, se registraron 125 casos confirmados de sarampión entre los residentes de Estados Unidos de América. El año 2016 no fue la excepción para el sarampión en ese país, desde el 2 de enero hasta el 3 de diciembre, se notificaron 62 casos en 17 estados; Alabama, Arizona, California, Colorado, Connecticut, Florida, Georgia, Hawai, Illinois, Massachusetts, Michigan, Minnesota, New York, North Carolina, Tennessee, Texas y Utah. 

 

Desde 2016, en seis países de la Unión Europea se considera endémica la transmisión del sarampión: Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Polonia y Rumania. Durante 2017 se han reportado casos de sarampión en Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, República Checa, Dinamarca, Francia, Hungría, Islandia, Italia, Portugal, España, Suecia, Suiza, Rumania y Ucrania. De acuerdo con reportes del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades, para el mes de abril ya se tenían registrados 4 mil 793 casos confirmados de sarampión y 22 defunciones. 

 

Otros ejemplos de la mala información sobre las vacunas, son todos los mitos que giran en torno a la vacunación contra los virus de influenza, una vacunación anual que conlleva toda una compleja logística para su formulación de acuerdo a los virus de influenza circulantes a nivel mundial. Lamentablemente los propios trabajadores de la salud se han dado a la tarea de esparcir rumores como “la vacuna causa gripa o influenza”, “es muy peligrosa porque si te la pones te da Síndrome de Guillain-Barré”, que son las más comunes. Todos estos argumentos son falsos, la vacuna no puede producir enfermedad ya que solamente contiene fracciones del virus que permiten producir una reacción inmunológica pero no infección. En las personas que después de vacunarse se enferman, lo más seguro es que cuando se vacunaron ya se encontraban en período de incubación de algún virus respiratorio.

 

En cuanto a síndrome de Guillain-Barré, en los años setenta se observó una asociación entre la vacuna que en ese momento se formulaba, sin embargo, la seguridad de los biológicos actuales es alta, desde su formulación hasta la aplicación de la misma. Aunado a esto, es más común que se desarrollé este síndrome por la propia infección natural por influenza, o infecciones de otro tipo como virus Zika o Campylobacter jejuni, y que, de esta última, cada año se presentan casos y brotes a nivel mundial, y que no se han escuchado grandes campañas para evitarlos o prevenirlos, al contrario, hay zonas donde les parece muy común o muy normal.

 

Si por algo se reconoce a México es por su excelente Programa de Inmunización, uno de los más completos a nivel mundial, el esfuerzo que hacemos todos los servicios de salud al tratar de cumplir con los esquemas de la población ha rendido frutos. Cabe mencionar, y desde mi punto de vista aplaudir, que en México la última epidemia de sarampión ocurrió entre 1989 y 1990, cuando se reportaron 89 mil 163 casos. En 2011 se presentaron tres casos importados: dos en el Distrito Federal y uno en Guanajuato. De 2013 a 2014, se reportaron casos importados en viajeros extranjeros. El último caso autóctono en nuestro país fue en 1996. 

 

Sin embargo, la tarea no termina, tenemos que continuar con la promoción de la vacunación, ya que así nos protegemos nosotros mismos. No debemos olvidar que no sólo los grupos anti vacunas son un obstáculo para conseguir una cobertura universal de vacunación, sino también los niños vulnerables que suelen vivir en zonas rurales remotas y mal atendidas, en entornos urbanos pobres, estados frágiles y regiones afectadas por conflictos políticos y armados. Lamentablemente, de los 24 millones de niños alrededor del mundo, casi 20 de los que nacen anualmente, quedan sin recibir todas las vacunas sistemáticas previstas durante el primer año de vida.

 

Dr. Óscar Sosa Hernández

Médico Residente del Curso de Posgrado de Alta Especialidad de Epidemiología Hospitalaria y Control de Infecciones (HGDMGG/SSA).
Médico Epidemiólogo (DGE/SSA).

Médico Cirujano (ULSA).

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