Cómo ser mamá, trabajar, y no morir en el intento.

Para María, por ser una inspiración cada día… 

 

 

 

Raras veces me gusta escribir o platicar de cosas personales, pero cuando me invitaron a participar en esta edición de Pensamiento Libre, para hablar acerca de mi rol de mamá trabajadora, me encantó la idea. He platicado millones de veces con diferentes mujeres, sobre lo complicado que puede ser, tratar de embonar el amor a su profesión, con el amor más grande que alguien puede tener en la vida: un hijo. He escuchado toda clase de teorías sobre las propias limitantes laborales que nos imponemos las mujeres, por ejemplo, el famoso “Techo de Cristal”, que no es otra cosa que un concepto de género, que habla de que las mujeres limitamos nuestro propio desarrollo, ya sea académico o laboral, porque sabemos que, si crecemos o nos desarrollamos más, sacrificaremos tiempo y bienestar con nuestras familias.

 

El término “Techo de Cristal” apareció por primera vez en un artículo del Wall Street Journal de 1986. El texto describe las barreras invisibles a las que se exponen las mujeres trabajadoras altamente calificadas, que les impiden alcanzar los niveles jerárquicos más altos en el mundo de los negocios, la política, la administración, en fin; cualquiera que sea su profesión, independientemente de sus logros y méritos.

 

La primera vez que escuche el término Techo de Cristal me pareció sumamente fuerte y retrógrado, ¿cómo podría imaginar que las propias mujeres limitemos nuestro desarrollo y crecimiento consciente e inconscientemente? Sin embargo, al pasar el tiempo y ver el crecimiento de mi hija, entendí que construyo mi propio techo de cristal, que soy parte de esa generación de mujeres que no luchamos por la igualdad de género, que luchamos contra nuestras propias limitantes personales, pero sobre todo contra nosotras mismas. Y es que, cuántas veces te has preguntado, ¿qué harías si te dan el ascenso por el que tanto has trabajado?, ¿cómo justificarías las ausencias de fines de semana cuando es el único tiempo para tu familia?, ¿qué se supone que debes elegir, el festival de navidad o la reunión con tu jefe?, ¿qué es lo correcto, cumplir tus sueños o forjar los de ellos?, ¿cómo logras enterarte de todo lo que pasa en su vida y ser parte de ella?, ¿cómo compensas no poder recogerlos en la escuela y saber de su día a día?, y la más difícil, ¿cómo les haces saber que siempre estás ahí, aunque no estés? Y es que, si trabajas y eres mamá, seguramente te has hecho todas estas preguntas, ya que, sin duda, la invisibilidad del techo de cristal, lo hace más difícil de analizar. ¿Cómo te das cuenta de que eres tú misma quien define tus límites? ¿Cómo ves lo que no se ve?

 

Y encontré que hay tiempo para todo; que no puedo ser feliz sin lograr mi realización personal, y que amar mi trabajo es otra forma de amarlos a ello; que eso los hace más fuertes y les da la seguridad de que no importa lo que quieran en la vida, ellos lo pueden lograr. Entendí, que cada proceso es diferente, que cada mamá maneja las situaciones del día a día lo mejor que puede. Me puse reglas muy estrictas, por ejemplo, jamás faltar a alguna actividad de la escuela, ya sea el festival, la clase abierta o el taller de lectura; nunca contestar los mensajes ni las llamadas después de mi llegada a casa; no cansarme jamás y hacerme creer que el día tiene 48 horas; aunque debo confesar que las dos últimas no me han salido del todo bien, ya que después del trabajo, sin duda, es difícil llegar a bañar a mi hija, arreglar su uniforme, preparar el lunch pero recordar que no tuve tiempo para ir al súper, y recurrir a la improvisación.

 

Cuando comencé a escribir este artículo, le pregunte a María, mi hija; qué opinaba de que su mamá trabajara, ella contesto que era algo muy difícil, porque tenía que ayudar a cuidar la casa y al perro que tenemos, muchas veces tenía que explicar a sus abuelos la tarea, sobre todo la de inglés; pero que también era muy fácil, porque así había muchas mamás que trabajan por su país, entonces su país será mejor. Así que cuando me preguntan por qué trabajo, mi respuesta es muy sencilla: trabajo por mi hija.

 

Silvia Fernández Martínez

Licenciada en Derecho por la Universidad del Valle de México. 

Maestra en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas, España.

@silviafdzm

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