México de pie. Noviembre-Diciembre 2017. Año 7. Núm. 46

10/11/2017

A quienes piensan libremente:

Como se lee en la frase de Octavio Paz impresa en la primera página de esta publicación, los mexicanos amamos las fiestas. Entendiendo como fiestas las variadas celebraciones que compartimos en compañía de amistades y seres queridos. Sin embargo, las fiestas también son parte de nuestras tradiciones y, por ende, de nuestra identidad.

 

Sería muy reduccionista decir que la identidad de los mexicanos está determinada únicamente por las fiestas que como pueblo compartimos, y que se disfrutan y se transmiten de generación en generación. La identidad mexicana es un maravilloso misterio que aún no ha sido del todo definida. Y es en ese misticismo que la caracteriza donde quienes ejercen liderazgo político en nuestro país se pierden y siguen sin poder identificar un canal de comunicación efectiva entre las instituciones que representan y el pueblo de México.

 

Los sismos registrados en el mes de septiembre dejaron claras dos situaciones. La primera de ellas, la incapacidad del gobierno federal y los gobiernos locales de comunicarse con su ciudadanía. Y, segunda, que una de las características de la identidad de los mexicanos es unirse frente a la desgracia para más tarde volver a la indiferencia social.

 

En el presente número de Pensamiento Libre se abordan estas situaciones desde distintos ángulos. Por un lado, en la sección de política se analizan los escenarios que se generaron después del 19 de septiembre. Por el otro, la sección de Cultura nos presenta artículos donde se analiza la identidad del mexicano, así como las tradiciones relacionadas con el Día de muertos.

 

Sirva esta edición para hacer un llamado a todas aquellas personas que ejercen poder desde los distintos órdenes de gobierno, para que hagan un alto en su camino profesional y aprendan a comunicarse con su base de electores. Si una cosa ha quedado clara es que el pueblo de México no está conforme con las formas de ejercer el poder de sus gobernantes y que existe un completo divorcio entre el discurso público y la realidad social que vive la población.

 

Gobernantes, hagan un alto en su camino. Reflexionen. Acepten. Innoven. Si siguen en este mundo después del paso de la catrina, no desperdicien un año más haciendo una política que ha dictado su propia sentencia de muerte.

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