Día de Muertos: estampas de nuestra identidad.

 

Visita al Panteón, un ritual muy mexicano

 

En sintonía el espíritu ritual y cíclico que rige buena parte de la vida social y cultural de México, durante la última quincena de octubre y principio de noviembre, tiene lugar uno de los rituales más importantes de la vida tradicional de los mexicanos, uno de esos que nos distinguen en el mundo y marcan nuestra particularidad frente a otras sociedades y culturas, me refiero al Día de Muertos o de los Fieles Difuntos, que se manifiesta a través de las más diversas y extraordinarias expresiones, con rituales cargados de simbolismo, de tradición, de significado, de memoria y de todo lo que ha hecho grande la identidad de nuestro país, que no deben perderse entre el agitado trajín de nuestro día a día.

 

Ejemplo significativo es la visita anual a los panteones, recintos de gran importancia, peculiaridad y misticismo; que se tornan particularmente bellos en estas fechas, precisamente por la forma en que se concibe la muerte en México, en que se mezclan las luces de los cirios, la oración y la espiritualidad con la gastronomía, el color, la artesanía, la fiesta, el olor y la espera de una visita, cierta pero no vista, de nuestros antepasados y que, en el caso de Toluca, cuenta desde el siglo XIX con un espacio cargado de historia, no sólo por sus distinguidos moradores o la belleza de sus monumentos funerarios, sino porque en él reposa buena parte de los protagonistas, muchos de ellos anónimos, de la historia de nuestra ciudad. Su nombre por si solo es simbólico: Panteón de la Soledad, nominación dada, no por el verbo, sino por su advocación presente en su bella capilla de la Virgen de la Soledad, que incluso fue patrona de la Nueva España en otro tiempo.

 

Para muchos, gracias a diversos esfuerzos por conocerle, resultan cercanas las historias de gobernantes y generales cuyas tumbas, por si mismas, generan asombro y algo de temor, lo mismo los relatos de parejas enamoradas, viudas afligidas, pequeños que dejaron este mundo en pleno brillo o el trágico hecho materializado en catorce tumbas y una columna rota, que rememora a las víctimas de una intoxicación durante los festejos del Centenario de la Independencia en 1910. Hechos todos, que aportan a la historia cotidiana de la Toluca del pasado como elementos de trascendencia y orgullo.

 

Acompañan a los pilares de nuestra historia local en este panteón, una suma extraordinaria de tumbas pertenecientes a los ancestros de las ramas familiares más antiguas de nuestra ciudad; entre las que, con orgullo, cuenta su servidor con la presencia de mi rama materna hasta el cuarto grado, lo que me hace partícipe obligado y natural de los festejos con los que año con año se viste este panteón. Así pues, atracción o tradición, el Panteón de la Soledad es un recinto histórico de recogimiento, de asombro por el arte funerario, de espiritualidad mayúscula y lo es ahora, también de fiesta cultural. Por tanto, abrir sus puertas como celebración pública es algo que consideré siempre un gran acierto, y con la oportunidad en mis manos, se trató en lo posible de darle cabida a la sociedad civil, siempre con respeto a los monumentos, pertenezcan o no a grandes personajes, por la historia cabida en ellos y por la calidad y correspondencia de los espectáculos que ahí se presentaron.

 

Al día de hoy, mantener este referente de cultura y tradición no debe obedecer a colores o cambios de administración local, sino a la protección, vigencia y enriquecimiento de lo que nos es propio a todos los toluqueños: nuestra historia, que va aparejada con la fiesta de todo el país en el día de los fieles difuntos.

 

Alfeñique en Toluca: una tradición siempre viva

 

Desde esta primera semana de octubre y hasta pasado el 2 de noviembre, año con año los históricos portales de Toluca cobran una vida inusitada, se llenan de olores y colores que se suman al trajín normal de sus corredores. Desde los años ochenta ininterrumpidamente, los portales son sede de la Feria del Alfeñique, la vistosa colocación de puestos del dulce tradicional de azúcar en forma de animales, calaveras de azúcar y decenas de oferta dulce al paladar; marco ideal para esperar el Día de Muertos en nuestra ciudad capital.

 

Este dulce en particular, llamado alfeñique; masa azucarada con la cual se elaboran lo borreguitos y puerquitos bellamente adornados, reúne en su elaboración las técnicas artesanales de diversas familias toluqueñas desde siglos atrás; a las que se suman las de vaciado, que se aprecian en calaveras de azúcar y chocolate; el relleno, las botellitas o ratoncitos rellenas de licor; el cubierto, todos los dulces cristalizados o en almíbar; y el dulce de pepita, figurillas de masa con diversas formas; además de estas delicias, en alusión a los adornos en los altares de muertos, se suman elementos distintivos como el papel picado o las figuras con ataúdes u oficios, todo a base de esqueletos.

 

La Feria del Alfeñique ha ganado fama en la tradición que se conformó cuando los artesanos de inicio transmitieron su saber y sus técnicas de generación en generación. La gran mayoría elabora sus productos a lo largo del año para tenerlos a punto durante estas fechas; razón por la cual, la numerosa afluencia de visitantes locales y foráneos, que los adquieren, significa el reconocimiento que necesitan la feria y el artista, en cuyas manos está la conservación de esta tradición de meticulosos y detallados procesos.

 

¿Se considera usted estimado lector, habilidoso en la formación de figuras en masa?, ¿piensa que el modelado de alguna pieza como la de esta feria, no requiere demasiado talento?, desde luego habrá quienes así lo piensen, bastaría tomar un poco de tiempo para visitar el Museo del Alfeñique y conocer la complejidad del trabajo y la habilidad que debe ser pulida por años y años de práctica y experiencia.

 

Como en todas las circunstancias humanas existen aristas contradictorias, al día de hoy las piezas artesanales no se salvan de la piratería, aún no existe el empaque que permita su traslado o conservación por largas distancias, y por supuesto, para que los visitantes disfruten plenamente del colorido y el sabor, siempre se presentará la dificultad que representa el ambulantaje a flor de piel, que en todo evento de convocatoria masiva, no espera para entorpecer la fluidez de nuestros olorosos corredores.

 

Con todo y los grandes retos que ya representa la fama de nuestra Feria de Alfeñique, y su consecuente organización periférica y logística; todas las generaciones toluqueñas somos privilegiados de tenerla cercana y nuestra, como parte de un cúmulo de identidad festiva que encuentra en la muerte y en el dulce, el descaro de saborearla, la alegría del color y el coraje que merece la vida, que se burla de la muerte.

 

Como consecuencia de esta construcción cultural, nos toca velar por su conservación y desarrollo, sin duda, un avance fue la creación del Museo del Alfeñique en 2014, como merecido homenaje a las familias y a la tradición que protegen, que es además, testimonio permanente del talento que lo acompaña. Por tanto, recordemos que la esencia de estos días de fiesta, no sólo permanece en los puestos de alfeñique, sino que en gran medida la tenemos todos dentro, en la valoración, el respeto y enriquecimiento de nuestra identidad y cultura.

 

En defensa de las tradiciones: Halloween & Día de muertos

 

Posiblemente desde mediados del siglo XX, pero particularmente tras la apertura comercial de los años ochenta y noventa, fue notoria la presencia en México de la tradición anglosajona de Halloween o noche de brujas, herencia europea asimilada principalmente en los Estados Unidos, que posee reminiscencias celtas, y que con el paso de los siglos evolucionó de un ritual purificador y religioso, a una celebración coloquial que claramente hoy en día se identifica con disfraces aterradores, con dulces y colores específicos; y cuya llegada, permeó en espacios sociales con fiestas temáticas, adornos alusivos y la infantil versión mexicana de “pedir calaverita”.

 

En la zona norte de nuestro país, el Halloween fue recibido con mayor naturalidad dada la cercanía geográfica de la tradición, sin embargo, en el centro y especialmente en las zonas con presencia indígena, donde las tradiciones del día de muertos adquieren una dimensión ritual de alto alcance, entró en choque total con las costumbres importadas, que, pese a la polaridad del tema, encontró terreno fértil en importantes sectores de la sociedad, ganó espacios y suplió las celebraciones cien por ciento mexicanas. Así, abarrotó comercios, estableció gustos y costumbres, rigió celebraciones familiares y sociales e incluso invadió el uso de la lengua, aportó expresiones en inglés, consecuencia de los programas académicos en que se incluye como medio para conocer la cultura extranjera y sus costumbres culturales.

 

En Toluca, recientemente se manifestó una postura férrea por rechazar la influencia del Halloween en las celebraciones de muertos que se organizan en torno a la Feria del Alfeñique, los propios artesanos se han solidarizado para fortalecer las tradiciones y rituales nacionales con muchos esfuerzos, sin conseguir en su totalidad la erradicación de esta influencia, ya que es notoria la presencia de la misma en el comercio ambulante, cada vez más invasivo, en que, la accesibilidad a ellos, el bajo costo, el colorido, el morbo y la novedad propician un alto consumo entre los visitantes, en perjuicio sin duda de los artesanos tradicionales.

 

A pesar de ello y de todos los inconvenientes que trae consigo la aglomeración en torno al Halloween, no debe pasar desapercibido el importante papel que nos toca a cada ciudadano como herederos de la tradición, partícipes del ritual, depositarios de la cultura, consumidores y miembros de esta sociedad; frente a la celebración de estas fechas, en que somos un factor determinante, no sólo de conservación y protección de nuestra historia, sino también como actores que propician o defraudan el desarrollo económico, turístico y comercial de nuestra localidad y de nuestro país.

 

Por tanto, es fundamental, el impulso institucional y de igual o mayor importancia, el social, para propiciar el orgullo masivo por nuestras actividades más tradicionales; que fomentan el respeto, la valoración y la participación en la vida ritual de nuestro pueblo, tan trascendental hoy y siempre, de donde se infunde a las nuevas generaciones el deseo de mostrarse con la altivez, belleza y la elegancia que una pareja de catrines posee, y que nada le deben envidiar a un vendaje que emule a una momia o las prendas desgajadas y ensangrentadas de zombis o monstros desfigurados.

 

Soy un convencido de que el futuro de nuestras celebraciones es mayor, que sin duda el sincretismo del Halloween estará presente, pero que es posible que desde la esfera familiar, social, y desde luego institucional; se vele por preservar y difundir lo que es México, y sentirnos orgullosos de mantener viva la fiesta única y especial de la muerte, que hace de ella, un signo de vida y a la vez de esperanza ciega, siempre a la altura constante y deslumbrante de nuestra espiritualidad.

 

Pedro Daniel García Muciño

Maestro en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Presidente fundador de la Fundación Ideas Libres A.C. (2006). Primer Director del Instituto Municipal de Cultura y Arte de Toluca (2013). Convencido de la importancia del arte y la cultura como motor de la sociedad.

@PedroDanielGM

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