Cirugía: pacientes religiosos vs pacientes no religiosos

06/11/2017

 

Como cirujano una experiencia muy común a la que me enfrento previo a una cirugía, es que muchos pacientes rezan o realizan una oración. En ciertas ocasiones incluso me invitan a participar. Por el hospital donde trabajo, me ha tocado realizar cirugías a personas de distintas religiones. Aunque en México predomine el catolicismo y las costumbres religiosas sean diferentes, el objetivo es el mismo, todos piden por un resultado quirúrgico favorable. Estas situaciones son muy comunes en el medio quirúrgico, por lo que ya muchos científicos se han preguntado si las personas que son religiosas obtienen mejores resultados en sus cirugías, o si tienen menos dolor o menos enfermedades en general.

 

En un estudio publicado en la revista Americana de Cirugía, se comprobó que no hay ninguna diferencia en los resultados de la cirugía entre aquellos pacientes religiosos que hacían algún tipo de rezo previo a la cirugía, frente a los pacientes que no hacían ningún tipo de rito. En cuanto al postoperatorio, se han hecho muchos estudios para evaluar el manejo de dolor y la recuperación en general. En un estudio realizado en China, se comparó la tolerancia al dolor entre tres razas diferentes, europeos, africanos y asiáticos; y entre dos tipos de práctica “espiritual”, práctica religiosa y práctica no creyente. En dicho estudio no hubo ninguna diferencia en la tolerancia al dolor al comparar las personas por creencias, la única diferencia que se encontró es que los europeos tienen un umbral al dolor más alto que las otras dos razas. Desafortunadamente no se logró establecer una explicación científica al respecto, quizá sólo se deba a la genética, de la cual hay poco que explicar y mucho que aprender y aceptar. 

 

Ahora, en otro estudio se comprobó que aunque el dolor y los resultados generales de las cirugías son iguales en pacientes religiosos y en aquellos que no lo son, no me refiero a los no religiosos como ateos, ya que en los estudios se comparan también personas creyentes pero no practicantes; los religiosos tienden a sobrellevar mejor el postoperatorio e incluso se manifiestan con cierta satisfacción. Algunos autores se preguntan si esto tiene que ver con algún efecto piscológico que obtienen las personas de su religión o si en realidad las personas creyentes y practicantes tienden a tener mayor resignación ante situaciones inevitables. 

 

También ha sido estudiado de una forma muy amplia el efecto que tienen otro tipo de práticas espirituales o psicológicas en los resultados postoperatorios de los pacientes. Una forma muy común en otras partes del mundo de abordar el dolor es por medio de la meditación. Hacer esto puede ser parte de una religión o simplemente una práctica psicológica. Si bien se han comprobado los efectos de la meditación en muchas cuestiones fisiológicas como la frecuencia cardiaca o la temperatura corporal, poco se ha demostrado acerca de la tolerancia al dolor. En un estudio que comparó la tolerancia al dolor en mujeres religiosas que meditaban frecuentemente contra mujeres que no lo hacían, posterior a una cesárea; no se encontró ninguna diferencia dentro de las primeras 3 y 6 horas siguientes al procedimiento. Es decir, en las primeras horas las mujeres que meditaban tenían el mismo dolor que aquellas que no lo hacían, pero posterior a dicho periodo, las mujeres que practicaban la meditación frecuentemente, necesitaban menos dosis de analgésicos y referían menos dolor.

 

Se ha intentado replicar este resultado mediante la práctica de meditación en pacientes postoperados, pero sólo se ha demostrado que la meditación tiene efecto disminuyendo el dolor en aquellos pacientes que practicaban este método con anterioridad. Lo que significa que aunque la meditación es un método que disminuye el dolor después de una cirugía, sólo funciona para las personas que están seriamente familiarizadas con esto.

 

Por otro lado, los científicos  se han preguntado  si la práctica de cualquier religión tiene algún efecto en la salud en general; los resultados demuestran que la salud en general es mejor pero sólo en aquellos que han crecido con la religión y que la han practicado durante muchos años. Esto no significa que las personas religiosas se enfermen menos o que necesiten menos cirugías, sólo que aquellos que son “profundamente religiosos”, tienen una satisfacción de vida mayor y esto se relaciona directamente a la calidad de vida, por lo tanto, la percepción de salud es diferente. 

 

¿Esto significa que habría que ser religiosos para tener mejor estado de salud? No necesariamente. Si bien las personas “profundamente religiosas” tienen mejor salud en general, ¿cómo se explica que se enfermen igual, necesiten las mismas cirugías o tengan la misma incidencia de cáncer que los no creyentes o poco religiosos? Hay varias hipótesis para responder esto, en primer lugar, se ha demostrado que los pacientes muy religiosos tienden a llevar una vida sin excesos o con menos exposición a ciertas sustancias como el alcohol, tabaco y otras drogas; en segundo lugar, los pacientes practicantes son más propensos a buscar situaciones estables como trabajo, relaciones o familia; por lo que los cambios drásticos que generan estrés, suceden con menos frecuencia.

 

Pero esto no es suficiente para explicar el mejor estado de salud en general. En un estudio se compararon pacientes cáncer, religiosos contra no religiosos; se demostró que en los dos grupos requerían las mismas cirugías y tenían la misma expectativa de vida. La única diferencia estadística que se encontró es que los pacientes profundamente religiosos tenían una mejor actitud ante la situación inevitable del cáncer.

 

Por último, quisiera señalar que una creencia fuertemente arraigada, como la religión, en el ser de una persona, aunada a un buen tratamiento médico, podría tener un efecto benéfico; no habría razón para no aplicarla.

 

Edgar Núñez García

Médico general por la ULSA.

Cirujano general, Hospital Ángeles Clínica Londres.

@edgaroypunto

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