#19s la pospolítica como limitación

06/11/2017

 

La trágica coincidencia del terremoto del 19 de septiembre de 2017, con el de 1985, ha obligado a reflexionar sobre sus consecuencias sociales y políticas. En ambos acontecimientos vimos a una sociedad civil organizada desde la horizontalidad, pequeñas células de voluntarios que se arrojaron a la calle para rescatar a personas de los escombros, otras que alimentaron a los cientos de héroes anónimos y muchos más que se desprendieron de algunas cosas para donarlas a los damnificados, en resumen, lo que vimos fue la ciudadanización de la tragedia, que además, mostró durante las primeras horas posteriores al sismo, a un Estado incapaz de atender a los miles de afectados, lo que detonó críticas a las instituciones, pero con mayor énfasis a los partidos políticos.

 

Ante esto surgieron voces que apuntan a la renovación de la sociedad civil organizada, que saldrá de las redes sociales para participar activamente en la transformación de la vida política del país, igual que en aquel 1985, esta idea cobra mayor fuerza cuando se atiende la coyuntura política por la que atraviesa México: el proceso electoral que renovará Presidente de la República, Senadores y Diputados Federales. Lamentablemente no soy tan optimista al respecto e intentaré explicar las razones en las líneas siguientes.

 

1.- Ausencia de una figura que aglutine y encauce el reclamo social

 

En 1985 el régimen de partido único estaba aterrado con la figura naciente de la sociedad civil organizada, ya Carlos Monsiváis narró cómo es que el presidente Miguel de la Madrid se molestaba sólo con escuchar el término, los debates teóricos estaban encausados en definir aquellas tres palabras demasiado huidizas para el partido en el gobierno. Y mientras se distraían con un debate estéril, esa sociedad se apoderó de la ciudad y llenó los espacios que el poder del Estado había abandonado. Cuando el partido en el gobierno se dio cuenta, ya tenía una candidatura opositora que consiguió aglutinar la molestia de la gente, Cuauhtémoc Cárdenas utilizó esa plataforma para competir por la presidencia de la república que, a pesar de no haber ganado, sí restó legitimidad al triunfo de Carlos Salinas de Gortari.

 

Hoy no existe eso, el sistema político mexicano pasó de un régimen de partido único a uno multipartidista, con actores sin la suficiente legitimidad como para llamar a la unidad de todo el país. La izquierda que hoy descansa en Andrés Manuel López Obrador está desgastada, después de dos elecciones perdidas ya no se ve a un político con ideas nuevas. El PRI, nuevamente en el gobierno federal está desacreditado debido a los múltiples casos de corrupción, y el PAN y el PRD aún no terminan de definir un proyecto político que, aunque interesante, no deja de mostrar tintes de interés personal de Ricardo Anaya, presidente de Acción Nacional.

 

2.- Reglas electorales diferentes

 

En 1985 la única forma de competir para obtener un cargo de elección popular era a través de los partidos políticos, hoy las reglas del juego han cambiado, al momento de escribir este texto, había 31 candidatos sin partido registrados ante el Instituto Nacional Electoral y todavía faltaba el registro de dos actores importantes: Margarita Zavala y Jaime Rodríguez “El Bronco”. Este escenario reduce notablemente la posibilidad para que una sola persona aproveche esa plataforma ciudadana que se activó el 19 de septiembre de 2017. Además, la figura de candidato independiente se ha desprestigiado, pues los partidos políticos han registrado a personas afines para restar votos a la oposición y con eso asegurar un buen resultado, aunque con márgenes de victoria cada vez más bajos.

 

3.- El tiempo cuenta más cuando es corto

 

Después del sismo de 1985, Cuauhtémoc Cárdenas tuvo tres años para organizar una plataforma que convenciera a los votantes de que era una opción competitiva frente al aparato de gobierno, además, contó con la participación de intelectuales que le ayudaron a dar visibilidad a sus propuestas. Hoy no hay tiempo para ello, las labores de reconstrucción serán prioridad sobre cualquier proyecto político y ante esto, los beneficiados son los partidos políticos. No hay tiempo para elegir a uno de los varios ciudadanos dignos de encabezar una candidatura independiente, no hay tiempo de elaborar una plataforma electoral que contenga soluciones para los problemas que más aquejan a esta sociedad civil organizada, y tampoco hay tiempo para generar una estructura ciudadana que acompañe a ese candidato y que además sea capaz de hacer frente a las grandes estructuras partidistas.

 

4.- Pospolítica como limitación

                                            

Decidí dejar al final está razón por considerarla la más importante. Hoy, los aparatos burocráticos y los partidos políticos han abandonado las viejas disputas ideológicas, de ahí que sea cada día más complicado hablar de izquierda y derecha o conservadores y liberales, contrario a eso, lo que tenemos son tecnocracias que a través de negociaciones alejadas de la ciudadanía reprimen las quejas políticas, las excluyen hasta el punto de que las deliberaciones de carácter nacional, se llevan a cabo sólo entre quienes se consideran técnicamente capaces para ello. En ese sentido, la sociedad civil organizada que salió a las calles el 19 de septiembre está excluida, lo vemos en los comentarios que se han hecho desde el gobierno federal. Se requieren empresarios -la élite económica- para apoyar en la reconstrucción, políticos -élite gobernante- para diseñar el plan correcto para que la tragedia no sea utilizada políticamente. Economistas que permitan diseñar una estrategia de recuperación en los estados más afectados.

 

En 1985 las quejas particulares servían como metáfora de un reclamo mayor, la exigencia de atender a los damnificados era el pretexto para exigir una verdadera democracia, con la que, a través de las elecciones, se pudiera cambiar un modelo de partido único. Hoy, las quejas particulares están alejadas de una demanda general, se reclama la reconstrucción de las zonas afectadas, y el gobierno sólo dará eso y al entregarlo, arrebata a la sociedad civil la posibilidad de una reforma integral que castigue la corrupción y la falta de transparencia en las cuentas públicas.

 

Este es el problema de la sociedad posmoderna, pospolitica, que en un momento de su historia olvidó que la lucha ideológica no era una limitación para conseguir las demandas particulares, sino una forma de reorganizar el todo social, nos conformamos con las reivindicaciones particulares como la libertad sexual, equidad de género, la defensa de la ecología, entre otras, pero no entendemos que esa fragmentación llevaba implícita la muerte de la verdadera política.

 

Hoy queda esperar que el sismo nos lleve a una reflexión profunda sobre el tipo de sociedad que queremos construir después de la crisis mostrada por el Estado y sus instituciones, y sobre todo, después de esta crisis de la pospolítica, aquella que como sociedad sólo nos une en la tragedia, pero fuera de ella nos mantiene indiferentes y ajenos a lo político.

 

Antonio López López

Licenciado en Sociología por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Analista dentro de la Dirección General de Desarrollo Político.

antoniolopez_lopez@hotmail.com

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