¿Ser practicante de una religión nos vuelve obesos?

06/11/2017

 

El tema de la obesidad está de moda. El tema de la religión ha ocupado la mente humana, durante ya unos cuantos miles de años. ¿Será momento de empezar a ver una relación estrecha entre estos dos asuntos?

 

Cabe señalar que el presente artículo abordará la religión desde un punto de vista no espiritual, es decir, se considerará una persona religiosa como aquella que asiste a un servicio de esta índole.

 

A continuación, algunos datos. Estudios llevados a cabo en los últimos 10 años, muestran que feligreses asiduos a las iglesias, tienen entre 18 y 35 por ciento menos riesgo de morir; dicho riesgo considerado durante la ejecución de las diferentes investigaciones.

 

Sin embargo, también se observó que los individuos entre 45 y 84 años, que acuden de manera regular, por lo menos una vez a la semana, a la iglesia; eran 62 por ciento más propensos a ser obesos, comparados con aquellos que nunca participaban; esto según datos proporcionados por el National Heart and Blood Institute (NHLBI).

 

En otra investigación, se analizó a 2500 mujeres sanas y se les siguió durante 18 años; se encontró que el 32 por ciento de mujeres que acudían de manera frecuente a servicios religiosas se volvieron obesas, comparado con el 22 por ciento de las mujeres con obesidad en la población no religiosa.

 

No sólo se ha estudiado la asistencia a los actos religiosos y su relación con la obesidad, también la frecuencia de asistencia. Un trabajo realizado en la universidad de Northwestern, reveló una asociación positiva entre la presencia de obesidad y la frecuencia con la que se acudían a servicios religiosos. En este estudio se encontró que las personas con una alta frecuencia de participación en eventos religiosos eran más propensas a la obesidad, comparada con la que no. La conclusión fue que la frecuencia de participación en los jóvenes adultos se relacionaba hasta en un aumento del 50 por ciento de la probabilidad de ser obesos a los 50 años.

 

En cuanto a la población mexicana, existe una correlación en lo concerniente a los estados con mayor afiliación y asistencia a eventos religiosos y los estados con mayor índice de obesidad.

 

Los datos citados, son una muestra de que es innegable que existe una correlación entre la asistencia a servicios religiosos y padecer obesidad; no obstante, no explican las razones de dicha correlación. Los orígenes de este nexo son motivo de amplias discusiones y diferentes puntos de vista, pero se han encontrado diversas cuestiones de convergencia.

 

Una de ellas es que la práctica de algunas religiones suele prevenir contra ciertas conductas de riesgo, pero no contra la gula. El sexo y la lujuria son el principal objeto de sermones y reprimendas durante muchos servicios religiosos. En un análisis realizado sobre el contenido del discurso en las reuniones religiosas, se encontró que los sermones que pedían moderación en la ingesta de comida solamente eran superados en el nivel de rechazo de la población, por aquellos en los que se solicitaba dinero.

 

Aunado a esto, en las congregaciones religiosas no se suele calificar como pecaminosa la obesidad y no es común aconsejar a los feligreses para que mejoren su composición corporal. Por el contrario, en ciertos contextos, adquirir una silueta esbelta o una adecuada condición física se asocia a la presencia de vanidad y fuente de tentaciones carnales.

 

Es importante notar que estos resultados no significan que las personas que acuden de manera habitual a servicios religiosos tengan peor salud. Estudios previos demuestran que personas religiosas tienden a vivir más tiempo, entre otros factores, porque suelen fumar menos. Otros estudios han demostrado que los individuos asiduos a las iglesias son más felices, debido a que tienen una red de amigos cercanos con los cuales comparten creencias y actividades.

 

Así, se hace notar que asistir con asiduidad a un servicio religioso, no es una condena para volverse obeso, pero tampoco es una salvación ni una receta que asegure vivir más tiempo. Son necesarios más trabajos que estudien las razones inherentes a los datos señalados y no solamente aporten las correlaciones.

 

Ana Salvador Adriano

Especialista en Pediatría Médica por la UNAM.

Clínica del adolescente. Clínica de obesidad y enfermedades crónico degenerativas. Instituto Nacional de Pediatría.

draanasalvador@gmail.com

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo