Reforma educativa: una reforma laboral cínica

Desde aquel 25 de febrero de 2013 en el que fue promulgada la reforma educativa, en México se ha vivido una guerra contra la educación. Sin dudarlo, miles de docentes a lo largo y ancho del país alzaron la voz, el motivo: la degradación de sus derechos laborales. Pero la guerra no ha sido causada por ellos, la guerra viene desde el corazón del gobierno del estado mexicano, quién juró velar por los intereses y el futuro de millones de mexicanos, una tarea que, sin duda, le ha quedado grande y que no ha demostrado ningún interés por cumplir.


Han existido bandos de todo tipo, empero, desgraciadamente la mayoría se han inclinado por insultar y menospreciar la labor docente de los profesores. Es lógico, resulta evidente que el principal problema de nuestro país es la educación. Sin embargo, el diagnóstico es lo erróneo. Claro que se tiene que acabar con algunas prácticas corruptas que existen en el gremio magisterial, pero resulta aún más apremiante crear una verdadera reforma educativa, que impacte en planes y programas, y que dote de la infraestructura y recursos educativos necesarios para que se alcance tan anhelado objetivo: la calidad educativa.


Desafortunadamente el objetivo del gobierno federal fue impulsar una reforma que, más que educativa, tiene tintes políticos que impactan en la degradación de los derechos laborales de los profesores. Un sector que de por sí ha sido golpeado y discriminado con bajos salarios, si se comparan con los del resto de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y de los primeros lugares en la prueba PISA; además, no se destinan recursos suficientes para sus espacios laborales.


Cualquiera de nosotros levantaríamos la voz si en nuestros espacios laborales no se nos da un salario justo, si no se nos dota de los recursos necesarios para llevar a cabo nuestra labor: computadora, papelería, un espacio propio, una silla, un buen ambiente laboral; alegaríamos no tener lo suficiente para desempeñar nuestra actividad profesional. Pero, ¿por qué los profesores no tienen derecho a lo mismo?, ¿por qué si ellos lo exigen los consideramos incompetentes, aprovechados o flojos?


A partir de 2013 empezó una batalla campal, dura, fuerte y denigrante contra los dicentes que día a día luchan en silencio por desempeñar su labor. Profesores de zonas rurales que enfrentan la falta de un aula digna, de pizarrones y gises, de libros de texto y un sinfín de recursos necesarios para que las instituciones educativas lleven a cabo sus actividades. En zonas urbanas el problema es el mismo, si bien no enfrentan, en la misma intensidad, la carencia de recursos como en zonas rurales, sí enfrentan problemáticas sociales más fuertes, sin contar con el apoyo suficiente para hacerles frente.


¿Acaso alguna vez, como padres de familia hemos pensado en todo lo que las escuelas necesitan?, ¿en verdad el gobierno federal se hace cargo de la educación básica?, ¿con los paupérrimos recursos que se destinan a la educación, es suficiente para que funcionen las escuelas de nivel básico de todo país? La respuesta a todas esas preguntas es, no.


Existe muy poca consciencia por parte de padres de familia sobre todos lo que las escuelas requieren para su funcionamiento: desde recursos administrativos como hojas, computadoras, impresoras, tinta y material de papelería, entre otros; hasta recursos humanos, es decir, personal de intendencia y especializados. Costos que tienen que ser sufragados cada ciclo escolar sin falta. ¿De dónde sale ese recurso? Engañosamente el gobierno federal emplea propaganda en la que se menciona que la educación pública es gratuita y se considera inaceptable pedir las llamadas “cuotas” en las inscripciones. Pero, ¿cómo pretende el gobierno federal que las escuelas funcionen si no les otorga esos recursos, y prohíbe que se soliciten a los padres de familia? Como esta, existen un sinfín de contradicciones en la llamada reforma educativa, una reforma cínica, que engaña y pretende mantener al país sumido en la ignorancia.


Dejemos de juzgar a los profesores y pensemos un poco en su molestia, una que, sin duda, compartiríamos con ellos. Es cierto, existen actos de corrupción dentro del magisterio, como lo existe en innumerables gremios que no son señalados. Existen los profesores buenos y malos, como existen médicos o abogados igualmente buenos y malos. Es bueno garantizar que los profesores cumplan con los requerimientos para desempeñarse; pero la distancia entre ese objetivo y la persecución que han sufrido, es abismal. ¿Cómo nos sentiríamos si en nuestros trabajos, a los que hemos dedicado años de nuestra vida, nos trataran de la misma forma? Y que quede claro, la evaluación no es un tema nuevo, ya existía, y sin problemas, muchos de los profesores aprobaban. La molestia radica en la forma en que se les exige y evidencia, como si fueran criminales que tienen que probar su inocencia, en una reforma laboral disfrazada, ya que no se modifica el corazón de la educación en México: los planes y programas y, con mayor apremio, la infraestructura educativa, recursos materiales, especialistas en salud y valores.


Ahora en pleno 2017, año de elecciones consideradas como determinantes para lo que sucederá el año entrante, se anuncia que al fin se modificarán planes y programas. Claro, fue una excelente noticia, los reclamos de los profesores por fin han sido escuchados. Pero una vez más, el cínico y fallido gobierno federal no decepciona. Promulga un esperado Modelo Educativo que será efectivo hasta 2018, en los comicios presidenciales y con la administración de Enrique Peña Nieto por terminar, lavándose las manos.


Pero calma, este modelo ha sido muy esperado, tardó tanto porque fue planeado con expertos, se tomaron en cuenta las necesidades y características educativas de nuestro país. El Secretario de Educación, Aurelio Nuño, aparece en diferentes medios de comunicación masiva triunfante, lleno de gozo y plena seguridad porque su reforma es lo que el pueblo mexicano se merece y ha esperado.


¿En verdad ha sido así? El Secretario Nuño únicamente demostró, en cuanto medio de comunicación pudo, que es completamente ignorante de los planes y programas educativos de México. Si tuviera conocimiento de estos, no habría dicho lo siguiente:

  1. Los niños ahora van a “aprender a aprender”.

  2. El modelo es innovador ya que propone clases de inglés en toda la educación básica.

  3. Tomando en cuenta las características de los estudiantes, habrá contenidos regionales.