Hacia una política cultural mexiquense: ideas y propuestas (segunda y última parte)

En la primera parte de este artículo señalé que no es asunto menor reiterar la importancia de la cultura y el arte como elementos esenciales del desarrollo de la sociedad. Por ello, planteo una serie de propuestas puntuales para la formulación de una política cultural efectiva para nuestra entidad.


Si partimos de los principios rectores de gobernanza, cotidianidad, diversidad, desarrollo de la sensibilidad y sociabilidad, propongo cuatro ejes que marcan un actuar estratégico, 1): Cultura para la convivencia, 2): Cultura para la identidad, 3): Cultura para el desarrollo, y 4): Cultura con gobernanza.


Después de desarrollar los ejes uno y dos en la primera parte de este título, ahondaré en la Cultura para el desarrollo y la Cultura con gobernanza.


El tercer eje: Cultura para el desarrollo, se sitúa en una discusión actual en la que la cultura y el arte, lograron inscribirse, no sin resistencias de diversos flancos, dentro de la agenda global que apuesta por lograr objetivos de desarrollo en las esferas económica, social y sustentable, basados en la suma y corresponsabilidad, no sólo en la entrega de bienes o políticas asistenciales, sino que gracias a su transversalidad, cada uno, con sus componentes, aporten a fines superiores.


La cultura forma parte de las acciones que deben emprenderse para lograr metas que impacten de manera general en nuevos derroteros; como el impulso a la formación, capacitación y profesionalización de los involucrados en la dinámica cultural, para hacer de ellos agentes cada vez más preparados y actualizados; el impulso al emprendurismo cultural, un detonador económico de gran importancia; el desarrollo de infraestructura que se vuelva punta de lanza para la renovación de espacios públicos, con las consecuentes ventajas si se logran articular dentro de una planeación integral, sustentable y sostenible, con repercusiones evidentes en la esfera del desarrollo urbano y el mejoramiento del hábitat; así como, la vinculación con sectores de alto impacto y beneficio colectivo, como el turístico, esto hará de los bienes y servicios culturales, mecanismos incluyentes, participativos y reconocidos por su peso en las dinámicas y flujos actuales.


A este respecto debe agregarse un proceso, donde artistas, creadores, gestores y promotores, reciban capacitación, conforme a su perfil, en materias que rebasan la esfera cultural, empezando por el marco legal para conformar asociaciones o inscribirse en el Sistema de Administración Tributaria. Posteriormente, continuar con lineamientos básicos para, presentar presupuestos y carpetas de proyectos, para la innovación en sus ofertas, para la interacción con otros agentes, y desde luego, para el financiamiento y la gestión de patrocinios, así como la comunicación asertiva y actual. Temas importantes para hacer de los actores culturales, entes independientes, autogestivos, que aprovechen las herramientas a su alance, y construyan nuevos horizontes de actuación, fuera de los caminos tradicionalmente seguidos.


Asimismo, si la creatividad debe ser respaldada, con igual intensidad debiera apoyarse la capacidad emprendedora de los involucrados en procesos culturales, con la salvedad de que antes deben identificarse sus capacidades y metas, a fin de responder y apoyar con fuerza, un emprendimiento que genere impactos de trascendencia. Por ello, se requiere consolidar e incrementar las industrias culturales o creativas, es decir, que aquellos grupos o individuos que, mediante el desarrollo de bienes y servicios culturales, den un enfoque comercial y empresarial a su creatividad, para obtener ganancias, e idealmente, generar empleos. Con este enfoque que parece novedoso, la cultura aporta cerca del 2 por ciento al PIB nacional, y se coloca como un sector dinámico y con amplia perspectiva de expansión.


Uno de los flancos importantes del desarrollo, entendido como la capacidad de acrecentar las oportunidades de la sociedad, es la diversificación económica, es decir, materializar la innovación, romper paradigmas y buscar alternativas diferentes a las tradicionales. En esta tesitura, la cercanía entre actividades artístico culturales y el turismo es evidente, una relación que, correctamente dinamizada y aprovechada, trae consecuencias positivas para todos los actores involucrados, ya que al sumar estos dos sectores los impactos escalan en alcance, particularmente en materia de servicios, que detonan la economía, generan empleos e incluso, posicionan la imagen nacional y local ante quienes visitan la entidad.


Por ello resulta esencial establecer, de manera organizada y efectiva, acciones que conjunten y armonicen las ofertas culturales y turísticas del Estado de México. Materia que, debe señalarse, ha encontrado en diversos proyectos concretos, auténticos casos de éxito, reconocibles y destacados, como el espectáculo nocturno “Esplendor Teotihuacano”, en la zona arqueológica más importante de la entidad: Teotihuacán; lo mismo puede decirse del espectáculo multimedia recién puesto en marcha en el Cosmovitral de Toluca. Ambos, ejemplos notables de conjunción entre un sitio netamente cultural y su evidente vocación turística.


Lo anterior diversifica e impulsa a su vez el turismo de negocios, que visto desde la esfera cultural favorece una doble dimensión; primero como un escaparate atractivo que ofrezca los bienes y servicios culturales de la entidad, para aprovechar los tiempos libres en las agendas de trabajo de convenciones o reuniones, y con ello, complementar una experiencia cultural de calidad; en la segunda dimensión, es factible facilitar los espacios culturales como sedes para eventos de corte turístico, que además de representar un ingreso para el recinto, sea ventana de difusión de la arquitectura local.


Cierra esta reflexión, el último de los ejes: Cultura con gobernanza. Consideremos de inicio, que la gobernanza es un componente que, con cada vez mayor auge, se integra a las acciones y decisiones de la esfera pública. Aquí se abarcan aspectos como la planeación con visión estratégica, la medición y seguimiento con indicadores reconocidos, la transversalidad y participación ciudadana en la toma de decisiones y su corresponsabilidad con actores de la sociedad civil organizada, particularmente en las esferas regional, municipal y comunitaria.


Todos, elementos que conjugados desde las políticas culturales, revisten de mayor empuje, porque rompen paradigmas tradicionales donde los procesos de creación, planeación y toma de decisiones están regularmente centralizados, para dar paso a esquemas abiertos y transparentes, que, aplicados con alcances reales y efectivos, repercutan en mayores resultados, al tiempo que gana la confianza de los involucrados y el tan deseado respaldo social.


Para ello, es indispensable modificar patrones de conducta, procesos administrativos y usos reiterados en la operación de los aparatos culturales, y en el marco de la legalidad,