Trump, también contra el futuro

Sin lugar a dudas, Estados Unidos es uno de los países que más emiten Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera, gases causantes del cambio climático. Su consumo de energía per cápita es el más alto del mundo, y sigue usando muchos combustibles fósiles para generar esa energía. En 2011 su aportación de GEI, fue del 15 por ciento del total mundial. El primer lugar era y es China.

 

Estados Unidos no firmó el protocolo de Kyoto, que comprometía a bajar las emisiones, pero la sustitución del carbón por gas natural de la mano con el uso de renovables, lograron que Estados Unidos bajara sus emisiones por debajo de la línea base de 1990, mientras que algunos países firmantes incrementaron sus emisiones. La clave entonces fue desarrollo tecnológico y la eficiencia energética. Esa fue una verdad que dijo el director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) en su discurso del pasado jueves, pero a pesar de la mención parece que no lo entendió.

 

El protocolo de Kyoto fue sustituido por el acuerdo de París, del cual Trump sacó a su país el jueves pasado. Con eso tira un esfuerzo internacional importante, pero ¿qué tan duro será el impacto para la transición energética? Permítanme dudar.

 

Hasta hace unos 10 años, la transición energética significaba un sacrificio económico. El costo de las renovables era alto. Por ejemplo, en 2009 el watt por paneles fotovoltaicos costaba unos siete dólares, mientras que ahora ha llegado a centavos de dólar, como en las subastas para compra de energía eléctrica de largo plazo que realizó México. Esto significa que la energía solar fotovoltaica es ya tan competitiva como los combustibles fósiles, con dos diferencias: que la solar es intermitente; y que después del periodo de retorno financiero, la solar no requiere combustibles.

 

La intención de Donald Trump es revivir una industria que genera unos 50 mil empleos. Llegó a generar 800 mil plazas en 1923. El desarrollo propio de esa industria disminuyó a unos 70 mil empleos en 2013, cuando las renovables eran incipientes. En total, el sector de combustibles genera menos de 200 mil empleos, mientras que sólo la energía solar ofrece unos 374 mil.

 

El argumento de Trump de la defensa del empleo y del bienestar de los habitantes de Estados Unidos es falso. Si acaso, lo que revive es un sector que genera pocos empleos, con altos costos en la salud de sus trabajadores y de altísimo impacto ambiental.

 

Trump dijo que el acuerdo de París no era perfecto, lo cual es real, pues como cualquier acuerdo entre humanos, representados por los Estados, es un documento perfectible y cuyos objetivos podrían ser mucho mayores. Pero ese es un pésimo pretexto para salir de París. No necesita salir del pacto para superar las propias metas.

 

Si la innovación había permitido bajar las emisiones por debajo de la línea base de 1990, había crecimiento económico, las energías renovables generan más empleos y generan energía más barata, ¿por qué regresar al carbón y a los combustibles fósiles?

 

Difícilmente la industria invertiría al carbón, si tiene energía más barata a largo plazo. Los ciudadanos, la industria y los líderes del mundo han rechazado la medida de Trump. Cual ludita, el Presidente de los Estados Unidos parece apostar al pasado, a diferencia de lo que economías crecientes hacen. La medida parece obedecer más a dogmas que a razones.

 

En los hechos, la decisión del gobierno de Estados Unidos se aleja de hacer “grande de nuevo” a su país. Los empresarios lo entienden y se alejan para seguir la tendencia. Él dijo representar a Pittsburg y Pittsburg salió un día después a la calle a decir que no los representa. Trump se pone en contra literalmente a todo el mundo, y difícilmente logrará el éxito económico que espera. Trump le apostó a perder-perder, pero el reto y la oportunidad de ganar-ganar es nuestra.

 

Los telómeros. El repudio a Donald Trump en México es muy fuerte. La salida del acuerdo de París provocó rechazo, que ya es deporte nacional. Pero… ¿qué tanto pensamos igual?, ¿cuántos piden gasolinas baratas y refinerías nuevas con cargo al Estado? Todo esto con la misma justificación: empleo y crecimiento económico. ¿Qué tan diferente es ese sector de la sociedad mexicana?

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera

Licenciado en Biomedicina por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Doctorado en Ciencias Biomédicas en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Director ejecutivo de la Asociación Nacional de Energía Solar. 

victorramirezcabrera@gmail.com, @vicfc7

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