El Negro Erizo

 

—Miiiiiiiiiiiau…

A lo lejos, en una noche de abril, se escucha que un gato canta, un poco peor que el peor de los cantantes, pero canta.

Es “Negro Erizo”, un gato que después de nacer, abrir los ojos y verse en un espejo, se espantó tanto, que su pelaje quedó extendido para todas sus vidas.

Muchos lo conocían como Negro Erizo, pero el barrio pesado lo llamaba “Erizo” nada más, en los callejones come ratas y en el refugio croquetas.

—Miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiau… —siempre canta Negro Erizo.

Es imposible no mirarlo, su negrura parece la de un hoyo profundo y su pelaje sin forma, más que la de un garabato, recuerda siempre el peor de los espantos.

Negro Erizo disfruta tanto del sol como del viento, del sol porque lo hace existir y el aire porque peina su pelo por instantes.

Por el contrario, odia la noche, porque en ella se pierde, no existe, tal y como las palabras escritas con tinta negra sobre un papel oscuro, así, Negro Erizo se confundía en la noche.

—Miau, miau, miaaaaaaaaaaaaaau…

Solo sus ojos azules fluorescentes hacen la diferencia entre él y la noche, Negro Erizo, como todos sus colegas gatunos, tenía la habilidad de defender a un humano de las “malas vibras”, bolas de energía transparentes que golpean y hacen enojar a los adultos de la raza humana, esas bolas de energía salen de las malas palabras y deseos de cosas feas, como que el vecino se caiga o se atrape el dedo con el cajón de su escritorio y otras cosas como esas.

Pero por su color negro, a Negro Erizo mucha gente no le quiere, porque les da miedo, creen que por ser negros como Negro Erizo son de mala suerte y si los tienen al lado, las cosas que traten de hacer les van a salir mal, todos sabemos que eso no es cuestión de suerte, es cosa de poner atención y hacer lo mejor que podamos en todo.

 

Negro Erizo, lo entiende y lo sabe, por ello, no se cansa de buscar al humano que ha de cuidar.

 

Él, no siempre estuvo solo, cuando era pequeñito tuvo una familia, a su padre no lo conoció, parece que era un arrabalero igual que él, su madre era una bella gatita, mitad blanca y mitad negra, tuvo tres hermanos, dos blancos y uno gris, él fue el único negro, la primer noche que recuerda, fue la noche en que se vio al espejo o mejor dicho, no se vio.

—¡Jiiiiiiiiiiiiiiiii! —gritó asustado Negro Erizo, sin esperanzas de encontrar algo que no existía por la noche.

Luego, y tres noches después de la noche del espejo, la humana que alimentaba y daba cariño a él y sus hermanos, se cambió de departamento, Negro Erizo también lo hubiera hecho junto con toda su familia, si no hubiera sido tan negro como para confundirse en la oscuridad.

La humana de su madre, Clara, aunque lo buscó, no lo encontró para llevarlo con ellos, Negro Erizo, durmió fuera de la cama como acostumbraba, el sótano le parecía el mejor lugar para dormir.

Clara no lo encontró y Negro Erizo se quedó solo, sin querer se convirtió en uno de los cientos de animales que son abandonados por sus dueños, ese cachorro negro de pronto no fue de nadie y no tomó más lechita caliente.

—¡Au, au, auuuuuuu…! —gritaba Negro Erizo al despertar, corría por todo el departamento, no encontró a nadie, pensaba en su mamita y en su calorcito que no volvería a sentir, en sus hermanitos con quienes no podría volver a jugar y en su humana a quien no podría ronronear más.

—Ruuuun, ruuun —hacía su pecho al ronronear cuando Clara le tocaba la espalda.

Tuvo que salir por una ventana medio abierta, que bueno que no había cenado tanto, sino su barriguita le hubiera impedido pasar por ese pequeño huequito.

Caminó y caminó hasta que percibió que a lo lejos alguien comía eso que a él le gustaba tanto, ¡PESCADO!, corrió tan fuerte como los sonidos de sus tripitas le permitieron, al llegar al lugar donde salía el aroma más delicioso del mundo, era un restaurante en forma de barco, pero cuando intentó entrar, una persona vestida de negro, igual que él, le propinó tamaño aventón que seguramente hubiera llegado a la luna si no se hubiera aferrado al pantalón de aquel hombre.

Después de eso, Negro Erizo solo recibió maldiciones, patadas, empujones, pisotones y malos tratos de toda la gente a la que se le acercaba, en época de lluvia, sufría de tos —Miaaaau cof, cof —y en invierno no maullaba porque temblaba tanto que no se le entendía nada. 

—GrrrMigrrraaagruuuuu….

En verano y otoño, pasaba todo el día en los parques, le encantaba sentir el subir del calor de la tierra al cielo, sus patitas se ponían más contentas que nunca, cuando hacía calorcito. Negro Erizo, había crecido algunos centímetros y su maullido era mucho más sonoro de lo normal.

—¡MIIIIIIIAAAAUUUU!, siempre cantaba, parecía un espectáculo de ópera cuando cantaba sentado al lado del basurero del refugio de Lolita, la señora que le daba de comer a todos los gatos y perros que llegaban a su puerta, ahí conoció a Esquelético, el gato más flaco del mundo, Esperpento, un perro tan feo, que Negro Erizo cree que a él, su mamá sí lo abandonó por feo, y a bonita, una gatita blanca, de ojos azules y nariz rosita, una princesa de verdad.

 

Pero aun con lolita y sus amigos, algo le faltaba, un humano para él, por eso buscó en museos, librerías, cafés, estadios. Y no le importaba que de todo lugar le sacaran a escobazos y gritos de espanto por su color.

—Marrauuuuu —Negro Erizo siempre fue un andante.

—¡Ay, un gato negro! —Gritó una mujer regordeta una tarde de casino—. Toda mi buena suerte se irá, shu, shu, largo, gato negro, shu shu, vete de aquí feo animal. —Dijo moviendo los brazos, como los pájaros del parque con los que Negro Erizo jugaba.

Trató de acercarse más a ella, quizá, fuera esa mujer la humana que tanto buscaba, pero alguien lo tomó de su lonjita del cuello, como él decía, y lo tiró en una banqueta, apenas caminó unos pasos, se encontró con un pequeño niño que salía de una casa.

Los dos se miraron y se reconocieron, como si se estuvieran esperando desde mucho tiempo atrás y corrieron a abrazarse, Negro Erizo le pegó unas cuantas pulgas, pero no importaba nada, ese…,

 “ESE ERA EL HUMANO QUE NEGRO ERIZO BUSCABA, ERA PERFECTO, CON LOS PANTALONES CORTOS, LA NARIZ SIN LIMPIAR, GORDITO, CON EL CABELLO MENOS PEINADO QUE EL DE ÉL Y TARTAMUDO. ERA TODO ESO, PERO ERA PERFECTO Y LO IBA A QUERER DE AHÍ DONDE ESTABA PLANTADO HASTA EL LUGAR MÁS LEJOS QUE SE PUDIERA IMAGINAR.

ALEX, el niño humano perfecto, tomó a Negro Erizo entre sus manos y apenas hizo aquello, la fuerza le llegó y pudo encestar el balón en el aro más alto del parque, la fuerza es aquella decisión de hacer lo correcto o el descubrimiento de un cariño nuevo y la motivación de ser mejor que antes.

—Miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiau… Celebró Negro Erizo, seguro que su mamá estaría orgullosa de él en ese momento.

Alex y Negro Erizo, ahora bautizado como noche, fueron los amigos más fieles que cualquier historia pueda contar, Alex cree que, lo que ha logrado es gracias a Noche y sí, tiene algo de razón, noche se ha encargado de maullarle a todas las malas vibras y ronronearle a las buenas para que se peguen a Alex y logré todo lo que él quiera lograr, además Alex ahora tiene un motivo por quien esforzarse siempre, su amado noche, el gato que siempre lo buscó.

 

María de los Ángeles Martínez Quiroz

Licenciada en comunicación por el Campus Universitario Siglo XXI.

lic.mamq@gmail.com

Please reload

Artículo de la semana

COVID-19 y el nuevo orden mundial

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo