Educación y México: una relación en aprietos

“El aprendizaje permite que aquellos organismos que aprenden evolucionen mucho más rápido que sus equivalentes que no lo hacen”.

 

Extrapolando los beneficios que da el aprender desde un punto evolutivo, a los beneficios que da una buena educación en el desenvolvimiento social, se podría argumentar como algo lógico, que invertir en la educación y en la adquisición de conocimiento aumenta la probabilidad de ser más competitivos en la sociedad actual. Por ende, se esperaría que los gobiernos destinasen de forma prioritaria, inversión y desarrollo al campo de la educación. Sin embargo, este no es el caso, los países en el mundo que lo hacen, tienden a ser más una excepción a la regla, que la tendencia general.

 

 

La inversión de los países en cuestiones como educación y adquisición de conocimiento se da principalmente en dos rubros: la educación básica y la educación superior e investigación. Cabe mencionar que México presenta un déficit en ambos sectores. Ejemplos de una inversión adecuada en la ciencia y la educación básica, los podemos encontrar en países como Finlandia y Corea del Sur. En dichos lugares, no sólo se ha cuidado la educación desde los primeros grados, sino que se ha promovido la integración de la educación superior, la investigación y el traspaso de tecnologías en las empresas nacionales.

 

Respecto a la educación básica, recordemos que México, en 2015, volvió a ocupar el último lugar entre los 35 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, en la parte de matemáticas, ciencias y lectura de la prueba PISA. Si extendemos la comparativa a los 45 que reporta la misma OCDE, México oscila entre los cinco últimos, de acuerdo con el área evaluada. Es de enfatizar la permanencia de nuestro país en estos lugares, así como el hecho de que sus puntajes prácticamente no suben ni bajan desde el 20092. Esto podría dar pie a reflexionar sobre el estancamiento en el que nos encontramos, y al parecer, no se hace mucho por tratar de salir. Políticas como la reforma educativa quedan muy cortas ante el problema que presenta el país. Parafraseando, lo citado por el Dr. Manuel Gil Anton: “es como si el sistema educativo fuera un camión con muchas fallas, que apenas avanza y va transitando en una subida no pavimentada, llena de baches que en este caso, es el terreno plantado por el país y la reforma lo que pretende hacer para mejorar, es evaluar y capacitar al chofer”.

 

Este estancamiento es evidente no sólo en aspectos de educación básica, sino en el rubro de investigación, para ejemplificar esto basta hacer unas cuantas comparaciones. México, en el periodo de 1975 a 1980, tuvo un promedio de publicaciones científicas anuales de 1031 artículos; para el periodo 2006-2009, después de 35 años, este número había subido a 9 mil 254. Si comparamos estos números con los de Corea del Sur, un país que en 1975 tenía un índice de desarrollo humano menor que el de México, así como un PIB más bajo, pero que a diferencia de nuestro país, decidió invertir fuertemente en educación, notamos que en el mismo periodo, 1975-1980, publicaban un promedio de 124 artículos científicos por año, es decir, 8 veces menos que México, para el periodo 2006-2009, el número subió a 35 mil 18; esto sin tomar en cuenta que actualmente el PIB de Corea del Sur es mayor que el de México, en gran parte gracias a esta inversión.3

 

Tanto Finlandia como Corea del Sur son países que han invertido en la preparación de su gente para mejorar su propia nación. Al fortalecer la educación básica, desde el 2000, lograron no sólo estar en los primeros lugares de la OCDE respecto a la prueba PISA2, sino cimentar bases que soportan una educación superior orientada a la adquisición de conocimiento, desarrollo de tecnologías y con la intención de nutrir así a sus empresas nacionales. Finlandia, al tener pocos recursos naturales que exportar, en comparación con México, ha volteado hacia su gente para generar productos de exportación, de ahí que empresas nacionales como Nokia, han tenido la oportunidad de crecer internacionalmente.

 

Por otro lado, Corea del Sur demuestra una fuerte influencia del traspaso de conocimiento generado en el crecimiento de sus empresas nacionales. Como dato, tenemos que el número de patentes registradas en 2008 fue de 33 mil 976, la mayoría con autores del mismo país. Si comparamos esto con las 22 patentes registradas el mismo año por el grupo CARSO3, uno de los conglomerados más grandes de México, podemos apreciar una discrepancia abismal. Estos datos van respaldados por el mismo porcentaje del PIB destinado a la ciencia, en 2014 Corea del Sur destinaba 4.29 por ciento, Finlandia 3.17 y México 0.54; siendo el promedio de la OCDE, 2.40 por ciento.

 

No ayuda el recorte de 23.3 por ciento que se acaba de dar en 2017 al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACyT, que predestina una disminución al financiamiento de los proyectos de investigación, así como un alto a la proyección que tenía esta institución en México.

 

Es verdad que la inversión en la investigación y adquisición de conocimiento no ha sido una preocupación para quienes nos han gobernado; pero es momento de reflexionar seriamente en el hecho de invertir en educación, investigación y su integración con las empresas del país. No sólo por fines filantrópicos, ya que esta inversión genera mayor valor social, sino porque esta estrategia impulsa el crecimiento de la riqueza en las propias empresas mexicanas, con lo que se abren nuevas posibilidades para el crecimiento y se da dinamismo positivo a la economía del país.

 

Aún es momento de apostar por la educación, por la adquisición de nuevo conocimiento, por la oportunidad de dejar atrás al subdesarrollo y combatir la pobreza. La solución no es fácil, e involucra muchas más vertientes que las mencionadas en este artículo. Sin embargo, no es imposible empezar a fomentar una estrategia que integre a la educación, la ciencia y el desarrollo de tecnología; a fin de cuentas, promover el aprendizaje para mejorar nuestra evolución es una dirección lógica. Con esto en mente, creo que vale la pena recordar las palabras de Sir Francis Bacon "ipsa scientia potestas est", “El conocimiento en sí mismo es poder”.

 

Víctor Enrique Olalde Mathieu

Químico por la Universidad de Guanajuato, Maestro en Neurobiología y actualmente estudiante del Doctorado en Ciencias Biomédicas, ambos en el INB de la UNAM.

vicmat005@gmail.com

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo