Cultura de la Legalidad: la gran ausente

01/09/2017

Diversos intentos se han realizado para promover la Cultura de la Legalidad (CdL), de manera general en México, pero particularmente en la Administración Pública de los ámbitos municipal, estatal y federal; pese a ello, es la más ausente.

 

 

Hemos visto y escuchado al presidente Peña, reiterar en sus discursos la importancia de comportarnos dentro de la cultura de la legalidad; en especial los servidores públicos.  Pero nadie se ha detenido a preguntar, vamos, ni siquiera a pensar, qué es lo que quiere decir, y menos cómo lo tenemos que hacer.

 

¿En verdad todos saben lo que significa ser una persona, ser un servidor público con CdL?

 

La respuesta, lamentablemente, es negativa. La CdL ha sido y es parte de un discurso porque “está de moda”, porque “queda bien”. Pero no se han emprendido acciones sistemáticas que permitan explicar a los mexicanos, lo qué significa comportarse dentro de sus principios. Actuar conforme a las leyes y normas va más allá del temor al castigo, se trata de estar convencidos de que es mejor vivir con CdL. Muchos esfuerzos impulsados por autoridades y sociedad civil han quedado en poco o nada.

 

Podríamos preguntar a los servidores públicos mexiquenses, ahora que estamos en una campaña electoral para Gobernador, si conocen las leyes y las normas que los rigen; si de verdad han leído la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; o si tienen claros los artículos de la Constitución Política del Estado de México; o bien, qué tanto saben de las reglamentaciones y planes estatales y municipales de desarrollo; y también si de verdad han leído todo el articulado de la Ley de Responsabilidades que les rige, o al menos el artículo que señala las obligaciones que tienen como servidores públicos. Otra pregunta podría dirigirse a la policía, los ministerios públicos, los jueces y magistrados; podrían ellos respondernos con certeza, las nuevas responsabilidades que trajeron aparejadas el Sistema Penal Acusatorio Adversarial y los protocolos que les corresponde seguir en cada caso.

 

Vayamos a lo más sencillo: ¿Todos aquellos mexiquenses que circulan en su estado y en la Ciudad de México, han leído, conocen, los Reglamentos de Tránsito? Con “circular”, no me refiero a conducir algún tipo de vehículo, sea auto, camión o bicicleta, simplemente, a desplazarse como peatones por las calles de su ciudad, de su población. ¿Tendrán clara conciencia de todos los derechos y obligaciones que ello conlleva? Sólo si conocieran los reglamentos podrían saberlo.

 

Pero no basta con conocer las leyes y las normas, también es necesario respetarlas. Claro que sólo se puede respetar lo que se conoce. Si nunca me he preocupado por saber lo que dicen los Bandos Municipales del lugar en el que vivo, difícilmente podría respetar las normas que en ellos se establecen. Las obligaciones que tengo para con mis vecinos, el respeto que les debo, ¿los conozco?

 

Así, vemos que si no conocemos las leyes y las normas, difícilmente podríamos respetarlas. Esos, precisamente esos, son los dos primeros fundamentos de la CdL, conocer y respetar las leyes y las normas que nos rigen, y no sólo las que están escritas, sino todas aquellas que derivan de las costumbres y que hacen armónica la convivencia entre los habitantes de nuestra casa, nuestro edificio, nuestra cuadra, nuestro municipio, nuestro estado y nuestro país. El respeto a la naturaleza, al medio ambiente, a los animales. El respeto que debo al otro, independientemente de que sea parecido o distinto a mí, en género, en religión o en condición socio económica, en ideas, etcétera. La igualdad, el respeto a lo diferente, a los que no son como yo, es algo que tampoco distingue a la administración pública. Paremos un día a observar el trato que un servidor, una servidora pública otorgan a las personas en función de su ropa, de su arreglo, de su extracción; y nos percataremos de las ventajas o desventajas que trae consigo, un simple color de piel.

 

Pero vivir dentro de la CdL, no queda sólo en el conocimiento y el respeto a la ley y la norma; va más allá, se requiere una actitud proactiva por la que se manifieste, ante los demás, el rechazo hacia los actos ilegales, debe entonces señalarse a quienes infringen lo establecido para convivir en sociedad; el rechazo a la corrupción, a la impunidad, a la delincuencia que priva en el país, y marcadamente en nuestro Estado de México. Son los actos contra la legalidad y su hermana, la impunidad, el caldo de cultivo de la inseguridad en la que vivimos. Debemos denunciar a quien infringe la ley, a quien o quienes consideran que “esas leyes”, no se hicieron para ellos, a quienes piensan que: “Qué tanto es tantito”; o: “Total, si siempre se ha hecho, si todos lo hacen”; o bien “A mí no me cachan, soy más inteligente que los demás…”

 

Cuando soy testigo de un acto delictivo, y pasarse un semáforo en rojo o conducir en sentido contrario lo son, debo denunciarlo, manifestar mi rechazo, aunque quien maneje el vehículo me haga una seña grosera. Lo mismo cuando veo a un compañero de escuela que copia o baja de internet el informe que debe presentar, o un jefe que busca propasarse con un empleado o empleada, o que condiciona un ascenso con recibir un favor. Cuando nuestra actitud es “dejarlo pasar”, incubamos a un delincuente.

 

De igual manera, además de señalar y denunciar, que es el tercer principio o pilar de la CdL, el cuarto es colaborar con las autoridades de procuración e impartición de la justicia.

 

Son estos dos últimos pilares de la CdL, los que cierran el círculo vicioso del comportamiento de una gran parte de compatriotas. Porque al ser víctima o testigo de un delito nos decimos: “Y de qué va a servir que denuncie que me robaron el reloj, el celular; no tengo tiempo para ir y hacer una denuncia, e igual si la hago no pasará nada, porque nunca agarran al que delinque”, y otros pretextos más. Es la impunidad, el caldo de cultivo de la delincuencia.

 

Los servidores públicos que deberían ser los más preocupados por cumplir la ley, desconocen en muchos casos los protocolos que deben seguir, y si los conocen, no los llevan a cabo. La corrupción que ha privado en el país, y la existente en todos los niveles de la administración pública los ha marcado, ha manchado también a muchos buenos servidores públicos que hacen su trabajo bien, que trabajan con honestidad y dedicación.

 

En el Estado de México, hace poco más de tres años, se inició un programa de formación de servidores públicos en CdL. El fuerte y sistematizado programa que inicialmente se planeó, en el que se involucraría el gobernador y todo su gabinete, quedó reducido a 15 talleres y diez conferencias.

 

Ninguno de estos esfuerzos tuvieron continuidad. No hubo la “voluntad política” para profundizarlos, para continuarlos, para evaluarlos. ¿Qué se necesitaría? ¿Cuál es el mensaje a transmitir en el marco de este Foro de Seguridad y Justicia?

 

Primero, la urgente necesidad de tomar conciencia de que la delincuencia y la inseguridad que priva en el Estado de México, sin importar el lugar que ocupe en esa materia en el concierto nacional, no puede ser atacada y menos eliminada de continuar con las mismas tácticas y estrategias que se han utilizado en los últimos doce años. Está claro que han fallado, que no han dado resultado. Como decía un creativo que admiro, ”No se puede hacer otro agujero cavando más hondo en el que ya tengo”. Tenemos que desechar lo hecho; revisar si hay algo que dio resultado, y rescatarlo sólo si hay evaluaciones serias de su resultado, no por “latidas”. Si no se puede comprobar, hacer borrón y cuenta nueva. Y, como principio: siempre evaluar cualquier programa que se implemente. Lo que no se mide, no se puede mejorar.

 

Una segunda recomendación es implementar programas de formación en CdL de manera transversal y sistemática en el Sistema Educativo Estatal. Debemos trabajar para formar una niñez y juventud éticas, con principios de CdL.

 

Hace unos días tuve conocimiento de un programa implementado por la Escuela Judicial del Estado de México, dirigido a niños de quinto y sexto de primaria, y primero y segundo de secundaria, denominado “Yo y la Justicia”; en el que se les transmiten conocimientos básicos sobre Juicios Orales, bajo el eje central de la CdL. Se implementó con el empuje, o voluntad política, del titular de la Escuela. Es muestra de colaboración entre poderes. X lo Derecho A.C. trabaja con la policía cibernética en escuelas, para mostrar a los niños la importancia de una conducta ética en la vida, y en el uso responsable de Internet para evitar sus peligros.

 

Tercero. Ninguna persona a quien se asignen responsabilidades de seguridad, de procuración e impartición de justicia en el Estado, deberá trabajar en esas áreas si no ha pasado los controles de confianza, o bien, deberá ser separada de su cargo hasta que pueda aprobarlos. Hay que revisar si su metodología y procedimiento son correctos; si miden lo que deben medir y si siempre los hacen igual. Necesitamos instrumentos válidos y confiables.

 

Y no sólo esos servidores públicos deberían estar sometidos a controles de confianza, también los mandos superiores y medios, al menos los que estén asignados a áreas con riesgo de corrupción. No es necesario ir muy lejos. Si preguntamos a miembros de la ciudadanía, cuál es el concepto que tienen de tal o cual persona, si piensan que son honestos, o que los bienes que poseen fueron adquiridos de manera transparente; e investigamos que fama pública tienen, tendríamos una buena medida. La sociedad conoce a la sociedad.

 

De aquí la cuarta recomendación; sensibilizar, formar y entrenar a los servidores públicos y en lo posible, a la ciudadanía, sobre todo al empresariado. Necesitamos desaprender las malas y dañinas prácticas que a muchos llegaron a parecer, normales. Necesitamos aprender a Vivir con Honestidad e Integridad.

 

Se abre un nuevo período gubernamental. Es la oportunidad de enfrentar la realidad sin vendas en los ojos, sin colores que maticen lo que vemos. Esto no va a cambiar sólo porque lo deseamos. Hay que actuar. Hay que enseñar a los niños en la escuela, a que toda decisión que tomen, sencilla o compleja, tiene que pasar por el tamiz de la integridad; a los servidores públicos, que no habrá impunidad que los cobije, que toda acción u omisión de su parte tendrá consecuencias; a los empresarios que han aprovechado la corrupción, la han alimentado y han vivido de ella, mostrarles sus costos, lo mucho que pueden ganar si la combaten.

 

Sólo con CdL, podemos recuperar el Estado de México y el país, todo para los mexicanos. 

 

Silvia Pérez Campuzano

Presidenta de la asociación civil X lo Derecho A.C.

info@porloderecho.org

 

 

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo