Hacia una política cultural mexiquense: ideas y propuestas (primera parte)

 

No es asunto menor reiterar la importancia de la cultura y el arte como elemento esencial del desarrollo de toda sociedad. Una posición personal respaldada por diversos instrumentos nacionales e internacionales, que busca servir como plataforma para compartir, una serie de propuestas puntuales, estructuradas bajo principios, ejes y acciones que aspiran a servir como elementos de discusión y punto de partida para la formulación de una política cultural efectiva para nuestra entidad.

 

De tal suerte, estas propuestas retoman los estudios actuales en la materia, la experiencia personal y de equipo de años recientes, con una visión que está naturalmente sujeta a mejora, debate, contraste y crítica, pero que es la manera más efectiva de aportar ideas viables con honestidad y de frente a la sociedad, que sean además trascendentes e inscritas en un objetivo superior que es coincidente: hacer de la cultura una pieza clave para la sociedad, lejos de un uso accesorio, y por el contrario, convertirla en un elemento vital para la personas, que permita gracias a su influencia siempre positiva, afrontar los tiempos convulsos en que vivimos.

 

Por ello, lo aquí propuesto se soporta en principios rectores de amplio alcance, comenzaré por la gobernanza, entendida como el mecanismo de control, decisión, planeación y estrategia para el desarrollo de toda política, con visión transversal, participativa, equilibrada, sin filias ni fobias, cercana a los actores, plural en sus decisiones, que genere alianzas y crea en la importancia de la planeación con enfoque estratégico, de largo plazo y con una constante innovación y renovación. A esta base funcional, le sigue el principio de la calidad, base esencial para cualquier oferta que, en el caso de la cultura y el arte, es recibida por los ciudadanos sin intermediarios y de forma regularmente presencial, por ello, garantizar una oferta que cumpla expectativas, que resulte gratificante y que a su vez no se limite al entretenimiento por sí mismo, sino que sume contenido, visión educativa y reflexión colectiva e individual, es soporte esencial para la captación de espectadores y la tan buscada cohesión e integración social.

 

A lo anterior se suma la cotidianidad, que destierre la carencia de público, al engarzar la cultura y el arte como parte de la vida cotidiana de los habitantes y visitantes de cualquier espacio dedicado a la cultura, ya que al volverse centro de convivencia y encuentro comunitario, los eventos ofertados tendrán una afluencia que les soporte, justifique e idealmente, exija su desarrollo sin interrupciones. En la misma línea toda acción debe regirse desde la lógica del respeto a la pluralidad y la diversidad, principios indispensables, con los cuales se abre un abanico de posibilidades para consolidar una oferta de bienes y servicios culturales cercana a la ciudadanía, por ser justo ella la que aporta heterogeneidad y diversidad, y se permita, con ello, el desarrollo de la identidad, las vanguardias, los temas clásicos o incluso nuevos enfoques multidisciplinarios, que requieren de libertad y respeto para florecer.  

 

Otro principio vital, es el desarrollo de la sensibilidad, que, sin ser limitativa a las personas, permea hacia las sociedades para recobrar el sentido de belleza y trascendencia, incluso de lo etéreo e intangible, sensibilidad que apunte a compartir contenidos edificantes, positivos sin dejar de ser críticos o reflexivos, que aporten al individuo espacios de reflexión y análisis interno, que le enfrenten con las contradicciones de nuestros tiempos, que le dejen una sensación gratificante, que aún por breves momentos, toque las fibras de la sensibilidad personal y mueva conciencias.

 

Se integra también la necesaria sociabilidad, como el respaldo necesario, soporte y empuje de todo proceso creativo, entendiéndole como la presencia regular, cercana y también crítica de un público, que ávido de oferta de calidad, llene recintos, no sólo por el hecho de cumplir una meta numérica, sino porque son asiduos asistentes que por su cercanía, son la garantía de continuidad y seguimiento a cualquier oferta cultural y artística.

 

Estos principios marcan un actuar estratégico que se divide en cuatro grandes ejes:

1. Cultura para la convivencia

2. Cultura para la identidad

3. Cultura para el desarrollo

4. Cultura con gobernanza

 

Que a su vez plantean acciones concretas desde una perspectiva general, propositiva y sobre todo posible. En esta primera parte del artículo, ahondaremos en los dos primeros ejes.

 

El primero, Cultura para la convivencia, parte de la necesidad de articular acciones puntuales que den sentido, a la visión de la cultura como factor de la cohesión social, a la par de impulsar el talento, y el desarrollo de expresiones culturales, con prioridad por los artistas y creadores locales; del mismo modo se inserta como actor valioso en el esfuerzo por generar una sociedad más armónica, que combata con las armas del arte y la cultura los diferentes tipos de violencia, e incida en la disminución de la delincuencia, a través de un enfoque que apueste por la prevención social del delito, basada en la armonía comunitaria, la convivencia efectiva y la recuperación de espacios públicos, de tal suerte, que se logre que las expresiones artísticas, los bienes y servicios culturales sean un medio de convivencia que rompa el aislamiento entre generaciones, que refuerce los lazos que nos son comunes por encima de las naturales diferencias, a través de los cuales se aporten canales de interacción, empatía, cercanía y respeto entre los involucrados, con pleno énfasis en el rol socializador y catalizador de emociones que la cultura aporta.

 

Las acciones que materializan esta estrategia, se exponen y ejemplifican de forma general, si partimos de un renovado énfasis en la promoción y difusión de actividades artísticas y culturales, que busque garantizar el acceso de los mexiquenses a expresiones culturales de manera cotidiana, con una programación permanente de actividades artísticas y culturales en provecho de las sedes existentes bajo responsabilidad estatal, Centros Regionales de Cultura, Bibliotecas Estatales y Museos, cuya infraestructura puede albergar eventos de calidad para volverse lugares vivos y dinámicos.

 

Paralelo al uso de espacios destinados ex profeso para la cultura y el arte, resulta necesario acercar expresiones culturales a sitios emblemáticos y de alta concurrencia, especialmente aquellos donde la sociedad se concentra, sea por la naturaleza pública del lugar o por una celebración especifica que los reúne; por ello es viable conformar un ciclo de presentaciones artísticas con alcance estatal, principalmente de música, teatro y danza, que se presenten en sedes y horarios regulares, a lo largo de la amplia gama de sitios, que aunque carecen de infraestructura cultural, cuenta sin embargo con plazas, parques y otros escenarios donde se pueden desarrollar estos eventos.

 

De igual forma, si consideramos la existencia de otras sedes vinculadas al quehacer cultural, es imprescindible partir de un uso renovado de estos espacios, que pueden abrirse de par en par, para recibir propuestas, desarrollar proyectos, ser sede de actividades comunitarias diversas e incluso, desde luego con el debido cuidado de los mecanismo, y salvaguarda de acervos y patrimonio, ser rentados para actividades sociales, corporativas o privadas, que valoren la riqueza de cada inmueble y al mismo tiempo le llenen de vitalidad y nuevos públicos. Ello se complementa con una necesaria renovación de acervos, colecciones, revisión, actualización y puesta al día de guiones museográficos y curacionales, rehabilitación de la infraestructura, desde iluminación arquitectónica hasta la dotación de espacios de promoción que ayuden a su difusión particular, sin perder de vista un componente de auto proporción que incluye la existencia de puntos de venta, especialmente en museos, de recuerdos, libros y objetos referentes al propio recinto.

 

Por otra parte, un sector que representa una ventana de oportunidad para la entidad, es el cinematográfico, tanto en materia de producción, distribución y acceso, por lo que es necesario dar un impulso mayor, para en primer lugar, aprovechar la ubicación estratégica de nuestra entidad como sede de locaciones, cuya belleza, servicios y cercanía con la capital del país deben ofertarse como puntos positivos que incrementen la filmación de películas en nuestro territorio, con facilidades otorgadas desde las esferas pública y privada, para el desarrollo de estos proyectos, que además de generar derrama economía en el momento, se vuelven escaparates de difusión turística con amplio alcance. En segundo lugar, la infraestructura cultural existente, debe aprovecharse para la distribución del séptimo arte, acercar a nuevos públicos y con ello, diversificar la oferta tradicional de estas sedes para convertirlas en un medio novedoso.

 

Si la apuesta es hacer de la cultura un elemento que propicie la convivencia social, resulta indispensable contar con medios renovados, actuales e innovadores para que la sociedad se entere y participe de la oferta que se genere, para que no sólo unos cuantos, o los de siempre, puedan acercarse y disfrutar de la oferta cultural. Para ello, se debe sensibilizar a la misma sociedad, sobre el aporte positivo que a nivel individual y de comunidad ofrecen las expresiones artísticas, una consideración que guarda estrecha cercanía con el sector educativo, con los niños y maestros como elemento base de este proceso, y con grupos altamente potenciales para ser puente que acerque a más personas a la cultura, tales como adultos mayores, amas de casa, estudiantes en periodo de prácticas profesionales o servicio social, prestadores de servicios turísticos y comerciales, y desde luego, la misma comunidad artística estatal. Para cada uno deben diseñarse estrategias de comunicación y coordinación mediantes las cuales se compartirán agendas, se planeará en conjunto y fomentar una interacción tan estrecha que por sí misma sea un círculo virtuoso que informe y difunda la oferta programada.

 

Adicionalmente y no menos importante, es diversificar y modernizar los canales de comunicación masiva, a partir del uso de nuevos medios digitales y redes sociales, sin descartar los medios tradicionales, a los que habrá que fortalecer con una adecuada infraestructura de promoción y difusión estratégica que logre alcanzar en tiempo y espacio los impactos deseados.

 

En el segundo eje: Cultura para la identidad, es necesario comprender que definir la identidad de un pueblo, es materia compleja, particularmente en nuestros días, cuando que la globalización, la comunicación inmediata y las nuevas tecnologías, han roto barreras y modificado todo tipo de esquemas. Sin embargo, la cultura y el arte a través de sus expresiones, son piezas fundamentales que dan identidad a un pueblo, por lo tanto, debe ser materia principal para cualquier política pública, especialmente desde la perspectiva de salvaguarda y consolidación de valores comunes que toda sociedad posee, y que requieren el respaldo decidido de la esfera pública.

 

Las acciones propuestas que se desprenden de este eje, parten de la preservación de la memoria e identidad mexiquense, hay que considerar de vital trascendencia, poner atención especial al patrimonio de los mexiquenses, tanto al material como al inmaterial; el primero, como materia de protección, rescate y conservación, pero a su vez, también de estudio, conocimiento compartido, uso renovado y muy importante, fácil ubicación, a fin de que los habitantes del lugar lo identifiquen, para que a partir de ello, se propicie su valoración y cuidado.

 

Por otro lado, el rico patrimonio inmaterial de los mexiquenses, enfrenta los retos que la globalización impone, como la diversidad, el sincretismo y el desarraigo, que han minado buena parte de las tradiciones locales, con nuevas formas impuestas, que dejan atrás lo que ancestralmente se realizaba, fenómeno presente en nuestras comunidades indígenas, pero también visible en las zonas densamente pobladas y urbanizadas, donde los puentes de comunicación se han diluido y las celebraciones, fiestas, tradiciones o expresiones orales de las localidades se han perdido; justamente, se deja de lado la riqueza de la interculturalidad que ahora les caracteriza; eso debe ser la base para la formación de un nuevo patrimonio común.

 

En este sentido, se debiera estrechar la colaboración con la Secretaría de Cultura Federal, especialmente con el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Instituto Nacional de Bellas Artes, para actualizar conjuntamente, el catálogo del patrimonio cultural material mexiquense, con fines claros de estudio e identificación; y para ir todavía más allá, buscar su restauración y salvaguarda, señalizarles para su fácil ubicación, otorgar facilidades y apoyos para su conservación a sus propietarios, en caso de ser privados, especialmente si los destinan a fines sociales, culturales o turísticos. Lo mismo sucede con la riqueza arqueológica mexiquense, cuyas vetas aún no están agotadas; es necesario incentivar la investigación, el rescate y la apertura del público de sitios donde pueda admirarse nuestro pasado más lejano.

 

Respecto con el patrimonio inmaterial, debe partirse de una renovada visión al respecto, pero con puntualidad y estrategia, para identificar la amplia gama de expresiones culturales y artísticas de nuestra entidad, las cuales deben sumarse a las crónicas comunitarias, las canciones y corridos, las celebraciones, fiestas y tradiciones locales, así como a los ejecutantes, creadores, artistas y gestores que las protegen. De igual forma, el fomento a la lectura y la creación literaria local, debe ser visto como parte angular de la conservación y formación, a su vez, de la identidad mexiquense, en la que se inscriba la trascendencia del pasado que nos es común, a la vez de mostrar las nuevas tendencias, que dan color y relatan lo que somos en estos días.

 

Por otra parte, debemos reflexionar que el Estado de México por su diversidad, ubicación y población, debe ser pionero en la organización de eventos recurrentes en materia artística y cultural, que sirva como medio para afianzar la identidad de sus habitantes, a la par de propiciar impactos positivos en la esfera económica y turística, gracias a la derrama que estas actividades generan en los sitios donde se ejecutan. Por ello, el impulso a citas anuales debe considerarse como una acción recurrente, una amalgama entre las celebraciones, tradicionales, locales, municipales, regionales o conmemorativas, para lo cual debe ofrecerse la posibilidad de integrar un calendario maestro que permita planear y garantizar que en cada una de ellas se pueda aportar y enriquecer la experiencia de la eventualidad anterior.

 

En el tema especial de los festivales estatales, es de reconocer que cada uno afronta retos específicos, y se redefine año con año. Estos esfuerzos debieran socializarse para lograr mayores impactos, es decir, sumar patrocinios, estrechar alianzas con otras instancias culturales a nivel nacional e internacional, y contar con una difusión que impacte positivamente. Con ello la oferta se amplía, diversifica, impacta y desde luego, contribuye positivamente en el entorno donde se desarrolla, genera espacios de convivencia social, desarrollo económico y turístico.

 

En la próxima entrega explicaré los ejes Cultura para el Desarrollo y Cultura con gobernanza, para así terminar de exponer una propuesta integral en materia de cultura que sirva como base para discusiones necesarias en materia de promoción y gestión de la cultura desde la esfera pública.

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