¿Qué es y por qué importa el Acceso Abierto?

04/11/2016

Pensemos en la ciencia como una empresa colectiva consistente en la sucesiva acumulación, contraposición y diálogo de saberes. La ciencia es, entonces, conocimiento generado por una comunidad. Para que una comunidad exista, la comunicación es imprescindible. Por lo tanto, sin comunicación la ciencia es imposible.

 

Los artículos académicos publicados en revistas especializadas con revisión por pares son una de las principales formas de comunicación entre la comunidad científica[1] y el soporte en el cual se ponen en común muchas discusiones y descubrimientos. En la medida que esta puesta en común se limite, la comunicación se verá coartada. Restringir el acceso al conocimiento contenido en estas revistas es un obstáculo para el desarrollo mismo de la ciencia.

 

La restricción antes referida se da en gran parte por los elevados costos que las revistas cobran por acceder a sus contenidos. Instituciones como la Association of Research Libraries, University of Illinois y Loughborough University han documentado un incremento desproporcionado en el precio de las suscripciones en relación con la inflación desde hace al menos tres décadas (Rodríguez, 2008; Rogel, 2015; Swan, 2006; Thorin, 2003).

 

Los precios por suscripción de algunas revistas superan los 25 mil dólares anuales. Es el caso de la revista médica Comparative Neurology —27 465 dólares— y la revista de química, Tetrahedron —39 082 dólares— (Roth, 2012). Existen bases de datos que agrupan revistas y otras fuentes para luego vender el acceso a sus contenidos. En 2011, el negocio de las bases de datos científicas arrojaba, aproximadamente, un beneficio de tres mil millones de euros al año, unos 66 mil 640 millones de pesos[2]. Los márgenes de ganancias para editoriales de revistas de ciencia, tecnología y medicina van del 30% al 40% anuales (Córdoba, 2011).

 

Son contadas las universidades y bibliotecas que cuentan con presupuesto suficiente para costear las suscripciones ideales para sus investigadores. Entonces un científico cuyas condiciones socioeconómicas e institucionales no le permiten acceder a las discusiones y aportes más recientes en los temas que estudia, difícilmente podrá formar parte activa de una comunidad científica. Esta segregación de científicos —y de cualquier interesado, de hecho—, los excluye de la discusión y excluye a la discusión de los aportes que éstos pudieran hacer.

 

              La iniciativa de Acceso Abierto

 

¿Y qué tal si hubiera una iniciativa para que esto ya no suceda, para que la producción científica sea mucho más accesible? Esa iniciativa existe y se le conoce en inglés como Open Access (OA) y en español como Acceso Abierto (AA).

 

En Budapest, en 2002, un grupo de académicos formalizaron la iniciativa de AA en lo que denominaron Budapest Open Access Initiative (BOAI). Dicha declaración es un alegato a favor de la disponibilidad en línea, libre e irrestricta, de la producción científica. En la BOAI  se lee:

 

Por "acceso abierto" a esta literatura queremos decir su disponibilidad gratuita en Internet público, permitiendo a cualquier usuario leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o usarlos con cualquier propósito legal, sin ninguna barrera financiera, legal o técnica, fuera de las que son inseparables de las que implica acceder a Internet mismo. La única limitación en cuanto a reproducción y distribución y el único rol del copyright en este dominio, deberá ser dar a los autores el control sobre la integridad de sus trabajos y el derecho de ser adecuadamente reconocidos y citados (BOAI, s/f).

Posteriormente surgieron otras declaraciones también centradas en el AA: la de Berlín[3] y la de Bethesda[4], en 2003, y la de San Salvador de Bahía[5] en 2005 (Rogel, 2015).

 

Ha pasado más de una década desde entonces. En ese lapso diversas universidades, organizaciones, instituciones e incluso Estados se han sumado, en mayor o menor medida, a esta propuesta. En 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), incorporó de lleno los principios del AA a sus políticas e incluso publicó un documento titulado “Directrices para Políticas de desarrollo y promoción del Acceso Abierto[6]” (UNESCOPRESS, 2013).

 

De acuerdo con un informe preparado por Science Metrix (2014) para la Unión Europea, los artículos académicos evaluados en revisión por pares y disponibles en AA pasaron de ser menos del 30% en 1996 a poco más del 45% en 2013. Asimismo, en dicho reporte se encontró que en abril de 2014 más del 50% de los artículos científicos publicados entre 2007 y 2012 estaban en AA. Lo anterior indica que al menos desde hace nueve años más de la mitad de las nuevas investigaciones se publican en libre acceso.

 

A nivel Estado, más del 75% de los miembros de la Unión Europea rebasan el 50% de publicaciones científicas en AA. Sin embargo, con 76%, Brasil es el país con mayor porcentaje de investigaciones disponibles en AA (Science Metrix, 2014).

 

En términos de legislación, en Estados Unidos es obligatorio que las investigaciones pagadas con presupuesto público sean puestas en AA a más tardar un año después de su publicación. Por su parte, en América Latina, únicamente Perú, Argentina y México[7] cuentan con leyes nacionales acordes con las recomendaciones de la UNESCO y las declaraciones referentes al AA.

 

Los caminos del Acceso Abierto

 

Las revistas científicas no suelen pagar a lo autores por colaborar con artículos, tampoco a los revisores. Gran parte de la investigación científica que se hace es financiada ya sea por instituciones públicas, o por instituciones privadas que gozan de subsidios. Los ingresos de los académicos provienen generalmente de las universidades o de centros de investigación (Suber, 2015). Sin embargo, una de las primeras preocupaciones que surgieron en torno al AA es que, al no existir ingresos por la consulta de los artículos, se complicara el financiamiento de las revistas y bases de datos, ya que toda labor —sea de investigación, editorial, de sistematización o de cualquier otra índole— conlleva un costo.

 

Para afrontar el asunto del financiamiento del AA surgieron dos grandes propuestas: la vía verde y la vía dorada. Cabe aclarar que estas dos formas no se refieren únicamente a lo financiero, sino también a la forma de almacenar y distribuir los artículos.

 

El AA vía verde es aquél que se da a través del autoarchivo en repositorios, que son plataformas en las que una o varias instituciones sistematizan y comparten producción científica, generalmente aportada por sus propios investigadores. El costo de los repositorios suele ser solventado por las mismas universidades (Suber, 2015).

 

Por otro lado, el AA vía dorada se realiza a través de las revistas científicas que publican en AA. Para no cobrar por acceder a sus contenidos, estas revistas buscan otras fuentes de ingresos. Lo más común es que cobren a los autores o a las universidades por publicarles artículos, aunque también hay las que recurren a otras formas de financiamiento (Suber, 2015).

 

En América Latina la vía verde ha representado una opción importante para la comunidad científica. Quizá las iniciativas más importantes en este rubro sean el repositorio de Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Latindex, Scientific Electronic Library Online (SciELO) y la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (RedALyC). Cabe aclarar que, salvo la primera, se trata de plataformas interinstitucionales que desbordan la noción más básica de repositorio (Alperin, 2014).

 

En paralelo a los esfuerzos institucionales para fomentar el AA dentro de un marco legal, existen otras iniciativas que retoman postulados del AA y liberan artículos y libros protegidos por copyright. Quizá las más conocidas sean Sci-hub —que permite acceder a artículos

publicados bajo un esquema de acceso restringido— y Library Genesis —que hace lo mismo pero sobre todo con libros completos—.

 

Aunque afronta diversos retos —como la brecha digital y reticencias por parte de un sector— el AA se perfila como una herramienta para facilitar el acceso al conocimiento científico no solo a investigadores, sino a las personas en general. Aunado a ello, algunos de los principios del AA nos invitan a pensar el conocimiento —científico o de otro tipo— como un bien común que, a diferencia de otros recursos, no disminuye al compartirse, sino que se multiplica y transforma.

Bibliografía

 

Alperin, Juan Pablo (2014). “Open Access indicators. Assessing Growth and Use of open Access Resources from Developing Regions. The case of Latin America“. En Alperin, Juan Pablo; Babini, Dominique y Fischman, Gustavo (Eds.), Open Access Indicators and Scholarly Communications in Latin America. (pp. 15-78). Buenos Aires: CLACSO.

 

Budapest Open Access Initiative (s/f). “Spanish Translation. Iniciativa de Budapest para el Acceso Abierto”. Recuperado el 24 de septiembre de 2016 de http://www.budapestopenaccessinitiative.org/translations/spanish-translation

 

Córdoba, Saray (2011). “Los repositorios de acceso abierto: una vía para la democratización de la información y el conocimiento“. En Morales, Estela (Ed.), Derecho a la información, bien público y bien privado: acceso comunitario y acceso individual. (pp. 29-57). México: UNAM, Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas.

 

Rodríguez, Adolfo (2008). “Elementos que fundamentan el Acceso Abierto”. Investigación Bibliotecológica, 22(44),161-182. Recuperado de el 13 de agosto de 2015 de http://www.ejournal.unam.mx/ibi/vol22-44/IBI002204409.pdf

 

Rogel, Rosario (2015). “Acceso abierto, información científica disponible en línea sin barreras”. Revista digital universitaria, 3, Recuperado el 10 de agosto de 2016 de http://www.revista.unam.mx/vol.16/num3/art19/art19.pdf

 

Roth, Andrew (2012). “Google, acceso abierto y tecnologías de información y comunicación (TIC) en la economía política contemporánea“. Relaciones, 130, 157-176. Recuperado el 28 de marzo de 2015 de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0185-39292012000200008&script=sci_arttext

Science Metrix (2014). Proportion of Open Access Papers Published in Peer-Reviewed Journals at the European and World Levels—1996–2013. Recuperado el 24 de septiembre de 2016 de http://www.science-metrix.com/files/science-metrix/publications/d_1.8_sm_ec_dg-rtd_proportion_oa_1996-2013_v11p.pdf

 

Suber, Peter (2015). Acceso Abierto (primera edición en español). México: Universidad Nacional del Estado de México.

 

Swan, Alma (2006). “Overview of scholarly communication“. En Jacobs, Neil. (Ed.), Open Access: Key Strategic, Technical and Economic Aspects (pp. 3-12). Oxford: Chandos Publishing.

 

Thorin, Susane (2003). “Global Changes in Scholarly Communication“. Libraries' and Librarians' Publications, Paper 17.Recuperado el 24 de septiembre de 2016 de http://surface.syr.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1019&context=sul

 

UNESCOPRESS (2013). “Las publicaciones de la UNESCO, disponibles de forma gratuita como parte de la nueva política de acceso abierto de la Organización”. Recuperado el 24 de septiembre de 2016 de http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/unesco_to_make_its_publications_available_free_of_charge_as_part_of_a_new_open_access_policy/#.V-dbTjUo5o0

 

[1]    Siendo otras, por ejemplo, los libros y los congresos.

[2]    Al tipo de cambio vigente el 24 de septiembre de 2016.

[3]    Se puede consultar en https://openaccess.mpg.de/Berlin-Declaration

[4]    Se puede consultar en http://legacy.earlham.edu/~peters/fos/bethesda.htm

[5]    Se puede consultar en http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20100528040048/12Decla.pdf

[6]    Se puede consultar en http://unesdoc.unesco.org/images/0022/002225/222536s.pdf

[7]    La reforma de ley fue publicada en el Diario Oficial de la Federación en mayo de 2014 y puede consultarse en http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5345503&fecha=20/05/2014

 

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