La Corrupción Individual y Colectiva

03/11/2016

Somos corruptos. Esto no es una pregunta, ni siquiera lo pongo como tema de tesis o de discusión. Los humanos como sociedad y como individuos somos corruptos. Quizá no todos, pero que un pequeño porcentaje de la población no lo sea, no deja a un lado que la sociedad en sí sea corrupta. Estoy seguro que cualquiera podría decir que no es corrupto a comparación de los políticos o la gente que tiene mucho dinero, pero en realidad es que en ellos es más evidente porque tienen los medios y más poder para hacerlo. Así es que lo mejor que nos queda es aceptarlo e intentar entenderlo.

 

Aunque en general hay dos formas de ser corruptos: obtener un beneficio ilegal para uno mismo y/o hacer que otra persona obtenga un beneficio ilegal; en realidad son dos caras del mismo mal, porque aunque la corrupción sea colectiva, tiende a ser un acto egoísta. Por ejemplo un gobernante obtiene riquezas de forma ilegal con la ayuda de sus amigos quienes también se ven beneficiados, pero en realidad desde un principio buscó su propio bien.

 

Mientras escribo, imagino a una persona leyendo esto y diciendo que él o ella nunca sería corrupto, jamás sobornaría o daría dinero para obtener mejores tratos u otros beneficios. Ahora lo interesante es que aquí está el problema del asunto. Creerse mejor que los demás es algo que lleva a la corrupción. Para entender esto primero debemos saber que se ha demostrado que la gran mayoría de las personas sienten o piensan que son mejores que los demás; esto puede llegar hasta el 94% en aquellos que tienen una maestría o un doctorado. En estudiantes de bachillerato, al ser interrogados en cuestiones morales, el 70% dijeron que eran mejores que sus compañeros y solo el 2% dijo sentirse inferior a los demás. Lo más interesante de esto es que en varios experimentos, aún cuando se les informaba a las personas del sesgo individual que tenían y por creerse mejores que los demás se les invitaba a tomar nuevas decisiones, la gran mayoría no cambiaba su postura y solo modificaba la idea que tenían de los demás. (Dunning, 2002).

 

Es decir, en general los seres humanos no solo nos sentimos, sino que nos pensamos mucho mejores que el resto de nuestra especie; y aún cuando nos dicen que no lo somos, pensamos que quizá los demás no son tan malos, aunque en nuestra mente, nosotros seguimos siendo mejores que el resto. Con este tipo de ideas y de razonamientos es muy fácil ser corrupto. Imaginemos al conductor que comete una infracción y soborna al policía para no tener una multa, este hombre seguro tendrá prisa por llegar a su destino y una infracción representa un inconveniente mayor. Ahora si en su subconsciente está la idea de que él es mejor que los demás (Dunning, 2002), él se puede dar permiso de sobornar al policía porque lo más importante en el mundo es que él no llegue tarde a donde quiera que vaya. Claro que cuando llegue a su casa y vea en la televisión la noticia de un político corrupto, se enojará porque se sentirá por encima de él.

 

El problema de esto es que esta idea de nosotros mismos está en nuestro subconsciente. Radica en un área del cerebro poco accesible al pensamiento porque tiene un fin evolutivo en específico. Si nos consideramos mejores a los demás, evidentemente trataremos de preservar nuestro organismo y de obtener los máximos beneficios. En realidad esto estaba muy bien si consideramos que funcionaba cuando éramos recolectores y cazadores. Pero en la sociedad actual en donde un hombre no necesita pelear por comida y las comodidades de dos individuos están a la misma altura, cualquiera de los dos utilizará el mayor paquete genético de oportunidades mentales para obtener beneficios materiales.

 

Ahora, esto explica porque usamos la corrupción a nuestro favor. Pero si somos seres individualistas que nos creemos mejores que el resto de los demás, ¿por qué habríamos de beneficiar a otras personas? La respuesta es muy sencilla, porque en el fondo lo que nos interesa es tener un beneficio propio y si la colaboración con otros es el medio, será el recurso a utilizar.

 

Un ejemplo muy claro es el que surge a partir de un estudio realizado en la Universidad de Princeton en el que se demostró que los seres humanos obtenemos beneficios individuales y colectivos al participar como sociedades cooperativas. El experimento en su primera fase, consistía en que dos participantes debían obtener el el mismo número al tirar un dado, para ganar cierta cantidad de dinero. En la siguiente fase, uno de los participantes podía modificar el número obtenido de forma “secreta” (los participantes no sabían que estaban vigilados), para que los resultados de los dados cuadraran con los del otro participante y así ganar el dinero.

 

Los resultados son impresionantes, tanto para mí como para los autores del estudio, ya que no esperaban que hubiera un aumento del beneficio mutuo en un 489% cuando los sujetos estudiados podían cambiar los resultados. En el mismo experimento, cuando no se modificaban los números, había un 48% de ganancia. Tomando en cuenta que esto se hacía con dados, se puede concluir que los beneficios individuales se mantenían en el mismo porcentaje que el del azar. Citando textualmente a los autores entendemos su preocupación: “Estos hallazgos revelan el lado obscuro de la colaboración, sugiriendo que las tendencias humanas cooperativas, tienen un papel fundamental en la corrupción.” (Wisel 2015)

 

Sin duda lo que he expuesto en este artículo son cuestiones que en realidad  no nos sorprenden porque somos corruptos; la historia y las noticias no nos ayudan a pensar lo contrario. Pero en vez de solo aceptar que lo somos y vivir con ello, podemos intentar entender un poco más acerca de este tema, luchar contra nuestra forma de ser y quizá hagamos que el mundo sea al menos un poco menos corrupto.

 

Referencias

 

Dunning, D., Meyerowitz, J. A., & Holzberg A. D. (2002) Ambiguity and self-evaluation: The role of idiosyncratic trait definitions in self-serving assessments of ability. In Heuristics and biases: The psychology of intuitive judgment. (pp. 324-333) Cambridge, UK.

 

Weisel R., Shalvi S., The Collaborative roots of corruption. PNAS, August 25, 2015, Vol. 112, no 34, 10651-10656.

 

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