Corrupción en México: “Un problema de salud pública”

04/11/2016

Para nadie es un secreto que actualmente la corrupción es quizás el tema más presente en la sociedad mexicana. Todos los días, en todos los espacios tanto públicos y privados, somos testigos, víctimas y a veces hasta copartícipes o promotores de la corrupción.

 

El incremento acelerado de la corrupción pareciera que lo hace omnipresente y por lo tanto omnipotente sobre cualquier valor como el respeto, la justicia, la equidad y la honestidad.

 

Desgraciadamente, hoy nuestro país se distingue en el orbe internacional por los icónicos escándalos de corrupción, pero también por los resultados de los diversos estudios e índices de percepción, donde se nos compara en esta materia con otras naciones, tales como el Índice de Percepción de la Corrupción y el Barómetro Global de la Corrupción, ambos emitidos por Transparencia Internacional, el Reporte de Integridad Global, realizado por Global Integirty, los Indicadores Globales de Gobernabilidad elaborado por el Banco Mundial y Latinobarómetro, por citar solo algunos, en los que se observan dos factores fundamentales comunes: la ausencia de la cultura de la legalidad y la impunidad. Cierto es que la corrupción no es asunto prioritario del país pero también lo es que en otros países con quienes compartimos ubicación geográfica continental como Guatemala y Brasil, al publicarse los escándalos de corrupción se han tomado acciones para llegar hasta las últimas consecuencias, que han llevado incluso hasta la renuncia y el procesamiento penal de quienes fueran sus mandatarios. 

 

Preocupante es que México en el concierto internacional resalte por sistematizar la práctica de la corrupción, no solo desde la óptica de la falta de ética de los gobernantes y gobernados en el ámbito público, sino también en la esfera privada, lo que genera enorme costos económicos, políticos y sociales que paulatinamente se han normalizado a tal grado que se han identificado como característica propia de nuestra cultura.

 

Es cierto que existen causas de la corrupción como son: contar con una legislación injusta; una impartición de justicia viciada no solo por sistemas jurídicos defectuosos, sino también por la ineficacia institucional en donde reina el abuso del poder mediante mecanismos no escritos y discrecionales de operación en las diferentes dependencias responsables de todos los ámbitos y niveles de gobierno; otro punto no menos relevante es una economía decadente promotora de desigualdad social que imposibilita a gran parte de la sociedad a actuar con legalidad, porque es técnicamente “más caro” actuar dentro del marco de la Ley que fuera de él.

 

Una vez establecido el contexto general de la corrupción en México como “problema de salud pública” por su dimensión y alcance, deseo centrarme en un tema que ha atraído la atención en los últimos tiempos, particularmente, me refiero a los partidos políticos y su relación con el fenómeno de la corrupción.

 

De acuerdo a la Encuesta de Confianza en Instituciones, elaborada por Mitofsky en 2015, se advierte que los partidos políticos son las instituciones con la confianza más baja de la ciudadanía, situación que pone en alerta al propio sistema democrático al ser los partidos políticos entidades de interés público cuyo objeto es contribuir a la representación nacional. Dicho lo anterior, si no existe credibilidad en los partidos políticos, los órganos de poder carecen de legitimidad, lo que nos ha llevado incluso a una crisis de gobernabilidad.

 

En días recientes los dirigentes de los tres principales partidos políticos de nuestro país sostuvieron un debate en televisión, donde pude observar que la disputa se centró en acusaciones entre unos y otros para evidenciar qué partido presentaba más casos de corrupción. En este tenor es lamentable que en lugar de que los partidos políticos discutieran sobre ideas innovadoras para transformarlas en opciones de gobierno mediante el diseño de políticas públicas para enfrentar los retos que tiene nuestra nación en diversas materias como educación, seguridad y salud, hoy se encuentren compitiendo sobre quién es más o menos corrupto.

 

De manera cotidiana somos testigos de acciones u omisiones vinculadas a actos de corrupción en la clase política y vemos que la opción que ofrecen los partidos es “castigar” a sus militantes corruptos expulsándolos de sus partidos cuando en realidad es una falsa solución porque de esta manera, el sujeto corrupto se deslinda de rendir cuentas a su propio partido y peor aún el partido político se desmarca de rendir cuentas a la ciudadanía quienes con nuestros impuestos financiamos las actividades que realizan los partidos con independencia de que seamos militantes o simpatizantes de alguno de ellos.

 

Lo anterior es producto de la misma corrupción como conducta individual y social, ha trastrocado del deber ser ético y moral del hombre y peor aún ha invadido las esferas institucionales del círculo de legalidad y justicia. 

 

Es momento de que la ciudadanía se convierta en sociedad civil organizada, porque si los partidos políticos han abusado tanto es porque no han conocido realmente el poder que tiene la sociedad para exigir, en esa medida los mexicanos seremos menos ignorados por quienes tienen la obligación de representar nuestras causas. 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Casar, María Amparo (2015) Anatomía de la Corrupción. México: Centro de investigación y Docencia Económicas (CIDE), Instituto Mexicano para la Competitividad A. C. (IMCO)

 

Mitofsky México (2015), “México: Confianza en instituciones 2015”, Septiembre, 2015.http://consulta.mx/index.php/estudios-e-investigaciones/mexico-opina/item/575-confianza-en-instituciones 

 

Transparencia Mexicana (2016), “Índice de Percepción de la Corrupción 2015”, 26 de enero de 2016, http://www.tm.org.mx/ipc2015/

 

 

 

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