La Necesidad y la Tecnología

Hace más de tres mil años, el rey Salomón, uno de los sabios más importantes en la liturgia judeocristiana, escribió en el libro de Eclesiastés la frase: “Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará, no hay nada nuevo bajo el sol”. Si se considera la frase de forma literal y no literaria, muchos podrían decir que el rey judío se equivocó, pues cuántas cosas no hay nuevas en nuestro mundo, hemos llegado a punto en que la tecnología nos sorprende diariamente. Los avances científicos han logrado que a lo largo de dos siglos el ser humano haya aumentado su esperanza de vida en más de cuarenta años. Pero no sólo es la esperanza de vida, diferimos en muchas cuestiones con nuestros antecesores; por ejemplo, tenemos una forma de vida muy distinta a la de nuestros abuelos. El internet y los teléfonos inteligentes representan un cambio enorme en la forma en la que nos comunicamos y en la que mantenemos contacto con otras personas. Hemos avanzado de sentarnos a escribir cartas y esperar días o semanas para recibir respuesta, a mandar y recibir mensajes instantáneamente a través del celular. Las llamadas telefónicas que suscitaron un gran cambio hace más de cien años, nos parecen algo cotidiano, incluso las video-llamadas que tenemos en la palma de la mano, no nos sorprenden más.

El internet y este tipo de tecnología están tan infiltrados en nuestra forma de vida, que quedarse sin celular, sin datos de navegación o sin acceso a una red WiFi, nos hace sentir aislados y hasta cierto punto inútiles. Recuerdo que al perder su celular, un amigo me decía que se sentía desnudo, que le faltaba algo tan importante como lo ropa para sentirse a gusto, pues sin teléfono se quedaba incomunicado. De cierta manera tiene razón, la tecnología que actualmente tenemos a nuestro alcance nos parece indispensable, pero lo que realmente es necesario es la comunicación con los demás, la forma es secundaria.


Y es aquí donde el rey Salomón acertó al escribir que no hay nada nuevo bajo el sol, ya que lo escribió de una forma literaria, estaba “literariamente” en lo correcto, pues podemos afirmar que la necesidad de comunicarse, no ha cambiado en los seres humanos. Hasta la fecha, estar en contacto con nuestros seres queridos, hacer negocios y establecer vínculos con otras personas, es prioritario, no podemos prescindir de expresar lo que pensamos y muchas de nuestras situaciones por resolver se solventan a partir de la comunicación. Definitivamente esto no se ha modificado desde hace siglos, si hoy usamos un teléfono inteligente y la computadora en vez de una carta o un telegrama es sólo porque los avances tecnológicos lo permiten, y es a lo que estamos acostumbrados en este momento. Seguramente la tecnología continuará con sus avances y quizá en unos años usaremos otros medios que harán parecer antiguos a los actuales.


Y no solamente es la necesidad de comunicación la que sigue vigente. Desde el punto de vista médico puedo exponer dos ejemplos muy claros: 1) los enfermos tienen la necesidad de recobrar la salud para mejorar su calidad de vida y prolongarla; 2) los médicos tenemos la necesidad de obtener información actualizada para que el conocimiento nos permita ayudar a nuestros pacientes. En cuanto al primer punto, el internet nos ha permitido difundir el conocimiento para que el paciente entienda mejor su enfermedad y trabaje en conjunto con el médico para alcanzar una mejoría.


En cuanto al segundo punto, hasta hace menos de quince años, satisfacer la necesidad de obtener información y conocimiento era algo bastante complejo. Aún a principios de este siglo, cuando un médico deseaba consultar alguna revista médica en particular, debía acudir a una biblioteca que contara con este tipo de material, localizar su ubicación en fichas bibliográficas, buscarla en el gabinete donde debería estar, y si alguien no la tomó antes que nosotros, sacar fotocopias del artículo en cuestión para después leerlo con calma.


Con las aplicaciones que actualmente existen para el celular, únicamente con teclear el título se despliega el contenido para leerlo inmediatamente. Cuando platico con médicos que vivieron estas experiencias, y que no son mucho mayores que yo, me impresiona la diferencia experimentada, antes podían transcurrir semanas para leer lo que se deseaba, ahora si la conexión a internet es lenta, exageradamente tendremos que esperar unos instantes más para poder leer artículos publicados recientemente en cualquier parte del mundo.


Desde puntos de vista científico y tecnológico, esto no sólo es sorprendente, sino que ha revolucionado la forma de obtener información para atender una necesidad específica. Pero en realidad las necesidades no han cambiado, el ímpetu de un estudiante de medicina por el conocimiento hace veinte años no es menor al que sienten los estudiantes que ahora están en formación, esas ganas de saber más no han cambiado; de hecho, la evidencia histórica demuestra que el deseo de aprender cosas nuevas nos ha acompañado durante siglos, que tenemos una sed por el conocimiento que no ha sido saciada. Lo único que ha cambiado es el método para obtener y guardar esta información.


El ejemplo de la búsqueda del conocimiento médico es el que he utilizado porque es lo que vivo todos los días, aunque en realidad ocurre lo mismo en cualquier área científica o tecnológica que analicemos. La genética aplicada a los alimentos, la industria aeronáutica y la informática son en realidad métodos para solventar las necesidades de alimentación, transporte y comunicación que han existido desde que el hombre inició su peregrinación por este planeta.


Bibliografía


1. Diamond, Jared. “Armas, gérmenes y acero”. Debolsillo, 2013.


2. Sagrada Biblia. Versión Oficial de la Conferencia Episcopal Española, 2012.

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