La Metamorfosis del Trabajo en Tiempos de Globalización: La Influencia de la Globalización en los Me

Las razones de las desigualdades y de la pobreza se encuentran en la forma en que el mundo desarrollado organiza la actividad socioeconómica. Así pues, este estudio aborda el impacto socioeconómico que la relación de dominación Capital/Trabajo ha tenido en los mercados laborales mundiales, así como su incidencia en el ámbito socio-cultural de los trabajadores, produciendo el empobrecimiento de la fuerza de trabajo mundial.


Una vez examinada esta relación y sus consecuencias, veremos también sus posibles alternativas. Aquí se propondrá que hay que establecer una serie de medidas que aseguren una existencia digna a todos los habitantes de la Tierra: con alimentos suficientes, agua potable, vivienda adecuada, educación básica, atención médica, servicios públicos y trabajo digno. Pero para ello hay que cuestionar las relaciones de poder institucionales, jurídico-políticas e ideológicas que conducen una economía y unas relaciones sociales en contra de la inmensa mayoría de la población mundial. A partir de ahí hay que poner en práctica, paralelamente, una dinámica democratizadora constituyente y participativa que abra paso a nuevas instituciones populares. Éstas son tareas previas a todas las demás alternativas y en el contexto actual de crisis sistémica son más que necesarias para lograr un desarrollo humano sustentable.


El análisis de esta amplia investigación se dividirá en varios artículos que se presentaran de forma contigua en esta publicación.


INTRODUCCIÓN


Este artículo tiene como objetivo presentar cuáles son los impactos socioeconómicos de la ofensiva del capital contra el trabajo y sus posibles alternativas. Las explicaciones, respuestas y planteamientos de las posibles alternativas han sido desarrollados desde el presupuesto teórico de la subordinación del trabajo al capital. Así, partiendo de una visión crítica de la realidad actual que genera el sistema mundial capitalista, el presente estudio se orienta en tres presupuestos:


1. Que el sistema mundial capitalista es un modelo que genera explotación, injusticia y severa pérdida de oportunidades de vida en mayor o menor medida según la ubicación de las distintas sociedades, clases y segmentos sociales en el mismo. Pero que en cualquier caso es un sistema que se basa en la explotación del trabajo humano, lo cual se expande e impone en todo el planeta, y que se resume en que unos seres humanos —la gran mayoría de ellos— tengan que trabajar para otros, generalmente de forma asalariada o de forma directa o indirectamente dependiente de la relación universal de asalarización. Actualmente con la preponderancia del carácter neoliberal de la globalización nos encontramos en una situación que propicia aún más los fenómenos citados al principio;


2. Que la ofensiva del capital contra el trabajo en esta fase de globalización ha acrecentado la tasa de explotación de los trabajadores, evidenciado que tal regulación sistémica unilateral por parte del capital supone un retroceso en las conquistas sociales de los trabajadores, un deterioro en sus condiciones materiales de vida, una regresión en los niveles de cohesión social y una pérdida de la conciencia de clase presente en las relaciones sociales de producción y de reproducción. Con dicha ofensiva se ha producido la subordinación del derecho laboral al derecho mercantil;


3. Y, por tanto, que para revertir dichos impactos es imprescindible, por una parte, cuestionar las relaciones de poder institucionales, jurídico-políticas e ideológicas que gobiernan una economía y unas relaciones sociales en contra de la inmensa mayoría de la población mundial; y, por otra, hay que poner en práctica una serie de alternativas donde, siguiendo las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el concepto de trabajo decente sea el mínimo del que partir hacia otras opciones más justas y solidarias de redistribución de la riqueza.


La naturaleza del trabajo ha experimentado una profunda metamorfosis desde su concepción clásica hasta su concepción actual. Por ello, en la actualidad el trabajo responde a una razón productivista que surgió y evolucionó junto con el aparato conceptual de la ciencia económica, habiéndose convertido en la pieza fundamental para la conformación de las sociedades actuales y, por tanto, haciendo concebirse al ciudadano actual como un ciudadano-trabajador.


Asimismo la evolución del sistema mundial capitalista a través de los siglos ha ido construyendo una fuerza de trabajo mundial. De dicha conformación del sistema han surgido diversos mecanismos de control sobre la vida social y económica, de la cual, las distintas formas que ha adquirido la organización del trabajo y de la producción dan cuenta de ello. Éstas son consecuencia de una predeterminada forma de acción político-económica cuya orientación, explícita o implícita, continuamente ha reorientado el devenir laboral. Las políticas económicas en que se ha sustentado este proceso, responden a determinadas estrategias técnico-ideológicas de las que los grupos dominantes se han dotado con el fin de alcanzar sus intereses. A continuación vamos a ver cuáles han sido los impactos de la globalización en el trabajo.


INFLUENCIA DE LA GLOBALIZACIÓN EN LOS MERCADOS DE TRABAJO: LA OFENSIVA DEL CAPITAL CONTRA EL TRABAJO


Tras el agotamiento del modelo keynesiano de acumulación y regulación capitalista empieza un ciclo recesivo conocido como neoliberalismo cuyos pilares fundamentales son la inversión extranjera directa a través de las empresas transnacionales y la creación de la “infraestructura de la especulación” tras el desmantelamiento de los mecanismos de regulación de las finanzas. Asimismo, la vertiginosa integración económica experimentada en las últimas dos décadas del siglo XX ha contribuido a que los mercados de trabajo experimenten una creciente articulación geográfica y una cierta homogeneización de sus instituciones. Los resultados de esta tendencia se manifiestan en la mundialización de los contratos de trabajo que las empresas hacen por sí mismas o a través de empresas subsidiarias, en el avance de las ideas neoliberales a favor de la desregulación (regulación unilateral por parte del capital) y la flexibilización de los mercados, en la consolidación de la segmentación de los trabajadores o en el retroceso de la negociación colectiva. Esta ofensiva global sin precedentes del capital contra el trabajo ha supuesto un avance en la precariedad del empleo y por tanto un empobrecimiento de la fuerza de trabajo mundial. Todo ello hay que analizarlo dentro del fenómeno conocido como globalización. En esta serie de artículos no se pretenden abordar las distintas visiones sobre la globalización, por ello, y a la vista de los diversos autores consultados por el autor podríamos decir que la globalización es la nueva fase de desarrollo transnacional del capitalismo monopolista llevada a cabo por la doctrina económica del neoliberalismo.


En esta etapa se produce una reestructuración global del sistema-mundo, evidenciándose en un periodo de transición en el que comienzan a perfilarse los parámetros del que será un “nuevo orden económico internacional”, que busca fundamentalmente garantizar el relanzamiento de la acumulación y el incremento de la tasa de ganancia capitalista. Este nuevo orden económico, que se sustenta en la división internacional del trabajo hasta ahora establecida (cuadro 1) conlleva al mismo tiempo unas repercusiones socioeconómicas de indudable trascendencia, que si bien contribuyen en lo sustancial a consolidar aquella división internacional del trabajo, comienzan a modificar también algunos de sus términos.


Asimismo, el modelo actual de acumulación y regulación capitalista da una serie de “explicaciones” y “recetas”1 que tras su aplicación las desigualdades han continuado y, en algunos casos, se han acrecentado entre los países periféricos y los centrales2 e, incluso, en el interior de estos últimos. Este paradigma habla, por un lado, de que los estados periféricos no han sabido aplicar bien sus políticas de ajuste y de reestructuración. También dice que el subdesarrollo implica sociedades débiles que generan dictaduras nacionalistas y xenófobas que impiden las entradas culturales, tecnológicas y de capital procedentes del exterior, es decir, que los defensores del neoliberalismo no asumen su gran parte de culpa y la achacan a un círculo vicioso de pobreza y conflicto debido, según ellos, a unos estados frágiles. Por otro lado, esta doctrina aboga por unas políticas muy claras que deben seguir los países periféricos.


Estas políticas a las que aludimos son los programas de ajuste estructural (PAE) que desde los años ochenta vienen aplicándose en la mayoría de los países periféricos (cuadro 2) para, supuestamente, posibilitar su saneamiento financiero y un futuro crecimiento económico. Según el profesor Patxi Zabalo (2000) estas medidas implican un conjunto de políticas económicas basadas en la austeridad y en la liberalización de la economía que son normalmente impuestas como condiciones para el respaldo financiero por parte de instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos programas obedecen a una concepción extremadamente ortodoxa de la política económica, la neoliberal, que años más tarde sería bautizada por sus propios impulsores como el consenso de Washington, pretendiendo ser la receta única aceptada universalmente por parte de los expertos en desarrollo económico. Sin embargo, las voces críticas surgieron desde el principio y denunciaron que la verdadera intención de estos programas era conseguir el pago de la deuda externa por parte de los países periféricos a pesar de los terribles efectos socioeconómicos que acompañaban a la puesta en marcha de estas políticas.


Siguiendo los estudios de Piqueras (2008) vamos a enunciar las consecuencias socioeconómicas4 que los PAE implican para la mayoría de los países periféricos:


• economía enfocada al pago de la deuda basada en la exportación en detrimento de la soberanía alimentaria,

• desatención de los servicios sociales más básicos por insuficiencia de recursos estatales,

• congelación de los salarios y en consecuencia pérdida de poder adquisitivo de las poblaciones,

• hundimiento del mercado nacional,

• aumento del paro cíclico y estructural,

• informalización de la economía y el subempleo,

• sobrexplotación de su fuerza de trabajo,

• pérdida de los propios recursos productivos y naturales,

• déficit ascendente de las balanzas comerciales y altos desequilibrios fiscales,

• privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas,

• menoscabo de su soberanía nacional para regular los procesos económicos y sociales a nivel interno, y

• pérdida de su influencia política a escala internacional.


De esta manera, con la globalización de la economía la competencia entre capitales se radicaliza por lo que los dueños del dinero demandan más libertades, incluidas las de contratar y despedir trabajadores sin que les cueste nada o casi nada, las de pagarles menos si la competencia los obliga a reducir sus costos de producción y las de reducir o eliminar el servicio médico, las utilidades y el sistema de pensiones. Para hacer realidad esas libertades los derechos de los trabajadores estorban y por tanto deben cambiar o desaparecer. Estos planteamientos así como las consecuencias de la precarización laboral para los trabajadores se analizarán en la segunda parte de este estudio en la próxima publicación.

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• AMIN, S. (2007). Altermundistas y luchas populares. Informe sobre la Globalización. El punto de vista nº4. Le Monde Diplomatique edición española, Madrid.

• CASTEL, R. (1997). La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Paidós. Barcelona.

• PIQUERAS, A. (2008). Desarrollo y cooperación: un análisis crítico. Editorial Tirant lo Blanch. Valencia.

• WALLERSTEIN, I. (2005). Análisis del sistema-mundo. Siglo XXI. Madrid.

• ZABALO, P. (2000). Diccionario de acción humanitaria y cooperación al desarrollo. Icaria editorial/Hegoa. Barcelona.


1. Nos referimos a los Programas de Ajuste Estructural (PAE) y al Consenso de Washington.


2. La denominación Centro-Periferia se refiere a la relación económica que existe entre los países con capacidad de desarrollar autónomamente sus economías en un marco de internacionalización económica (centro) y aquellos que en la distribución mundial del trabajo y la producción tienen economías dependientes que quedan subordinadas a la capacidad de desarrollo de los anteriores (periferia). Para profundizar sobre este tema ver la teoría del Sistema Mundial, de I. Wallerstein.


3. Algunas de estas economías periféricas han logrado transformarse en economías productivas importantísimas dentro del Sistema Mundial, es el caso de China (entre otras) que aplicando políticas opuestas a lo establecido por las pautas preconizadas por el paradigma del desarrollo y la doctrina neoliberal puede llegar a convertirse (si no lo es ya) en un rival de consideración para las economías centrales.


4. Piqueras nos dice que hay que tener en cuenta que la planificación para “ajustar” las economías no es sólo un proyecto aplicado a las periferias sino que también se emplea en los países centrales, aunque con distinta intensidad y alcance, para mitigar los costos de la fuerza de trabajo y los gastos sociales del Estado para así, con la explotación de casi todas las poblaciones del planeta, trasladar las rentas del Trabajo al Capital. Lo que en las periferias es o se llama “ajuste estructural”, se da en las centrales como “ajuste distributivo”.

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