Jan de Voz: el Ejercicio de Escribir

01/09/2011

In memoriam a Jan de Vos

 

La madrugada del domingo 24 de julio falleció el historiador Jan de Vos. A sus 75 años logró consolidarse como uno de los historiadores más importantes para la historiografía mexicana y, en particular, regional, al rescatar gran parte de la historia de la selva Lacandona y de los indígenas del estado de Chiapas. 

 

 

Jan, como le decían sus amigos y colegas, llegó al sureste mexicano en 1973 para incorporarse como agente de pastoral de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, a la misión jesuita de Bachajón.

 

Sus intereses lo llevaron a estudiar teología en Tubinga, para escuchar a teólogos como Joseph Ratzinger _actual papa Benedicto XVI_ y Jürgen Moltmann, uno de los teólogos protestantes más eminentes y escritor de Teología de la esperanza (1968). Sin embargo, una vez alejado de la teología, la gran pasión de Jan fue la historia, dedicándose exclusivamente a este oficio y doctorándose en la Universidad Católica de Lovaina, en su natal Bélgica.

 

A sus 19 años entró a la vida religiosa por admiración de un profesor jesuita que le sirvió de inspiración en sus años mozos. Como religioso, acompañó diversos procesos de catequización y fue testigo del Congreso Indígena, realizado en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en 1974. Por ello, salir de este camino no fue fácil, tan sólo después de un examen de conciencia personal, Jan de Vos dejó de ser un hombre de Iglesia, pero no de fe, como su admirado Fray Pedro Lorenzo de la Nada.

 

Jan de Vos forjó su propia forma de escribir historia con amplia seriedad académica; además, la fuerza narrativa e interpretativa que acompaña a sus textos ha logrado captar a públicos más allá del círculo académico. Entre los historiadores a quienes admiró, respetó e influyeron tanto en su formación como en su pensamiento están Luis González y González, Edmundo O’Gorman y Daniel Cosío Villegas. Vinculándose a este último no sólo por su esposa, Ema Cosío, sino por haber heredado el escritorio de trabajo del intelectual mexicano, compañero de muchas horas de un ejercicio solitario para quien interpreta el pasado, como él solía mencionar.

 

En 1987 inició su trayectoria académica en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), sede Sureste. Estudiante  de los indígenas y no estudioso de los indígenas su interés en la historia chiapaneca constituyó la herramienta a través de la cual ayudó a rescatar a los indígenas su propio pasado para ser sujetos de su propia historia. Conocedor de las herramientas de investigación, el manejo de fuentes, la interrogación del pasado y su gran talento narrativo, Jan inició con La paz de Dios y del Rey: la conquista de la selva Lacandona, 1525-1821 (1980), misma que formó parte de su trilogía, sucediéndole Oro verde: la conquista de la selva Lacandona por los madereros tabasqueños, 1822-1949 (1988), para terminar con Una tierra para sembrar sueños: historia reciente de la selva Lacandona, 1950-2000 (2002), abarcando así un periodo desde 1525 hasta el año 2000.

 

En esta trilogía, Jan de Vos se empeñó por abordar desde una historia político-colonial, pasando por la historia económica hasta terminar con una suerte de ecohistoria, el carácter social de los procesos históricos que se desenvolvían en un territorio lleno de cambios y contradicciones, en lo que Jan llamó “mi tema”, la Lacandona. Un lugar eminentemente transformado en los últimos 50 años al experimentar cambios drásticos y profundos, desde procesos migratorios, ambientales, económicos y políticos.

 

Sus investigaciones, por otro lado, tenían como objetivo rescatar la historia de los indígenas, alejadas de cualquier historia de Estado o del poder. Por ello, también su gran empeño en divulgar obras como Viajes al desierto de la soledad. Un retrato hablado de la selva Lacandona (1980, 2000), La batalla del Sumidero (1985) y Nuestra raíz (2001), este último traducido a los idiomas indígenas de Chiapas y, entre sus últimos trabajos, Fray Pedro Lorenzo de la Nada. Misionero de Chiapas y Tabasco (reeditado en 2010); Vienen de lejos los torrentes. Una historia sobre Chiapas (2010); y Camino del Mayab. Cinco incursiones en el pasado de Chiapas (2010).

 

Como académico, Jan equiparó el oficio de historiar con el del psiquiatra, capaz de elaborar el historial clínico de una mujer, la sociedad, a partir del conocimiento de los hechos ocurridos en la intimidad de su niñez, la juventud y de las experiencias dolorosas almacenadas en el inconsciente. Abordó, de este modo, a su paciente: la Lacandona, para ayudarla a conocer sus antecedentes del problema, y comprender las causas de sus conflictos. Paralelamente, asemejaba el trabajo del campesino que se levanta por la mañana para revisar su terreno como una especie de sabicultor que trabaja su milpa académica, como él la denominaba.

 

Su formación religiosa, asimismo, le proporcionó ideas para su  oficio; por ejemplo, así como Moisés, liberador del pueblo de Israel en la tradición veterotestamentaria, Jan elaboró un decálogo que nos remite a los diez mandamientos dados por Dios en la tradición judeocristiana; salvo que ahora no es Moisés quien baja del Sinaí, es Clío, la musa griega, la que sintetiza pragmáticamente diez puntos a seguir: elección del campo, definición del tema, planeación del trabajo, búsqueda de información, almacenamiento de datos, interrogación de las fuentes, explicación de los sucesos, estructuración de los apuntes, composición de la obra, comunicación del resultado (decálogo publicado en su artículo en la revista Desacatos núm. 15, editada por Ciesas de la que formó parte).

 

Más aún, más allá de la metodología se ve la disciplina, el trabajo y la entrega de un escritor cuya pasión fue la historia y cuya vida la destinó a interrogar el pasado; un ejemplo a seguir dada la falta de académicos ávidos por el oficio, pero codiciosos de los puntajes académicos. Para Jan, las ideas no venían de la inspiración o de alguna buena racha, sino del propio trabajo consciente y sólido, ya que para él escribir siempre fue un ejercicio.

 

A semejanza de los ríos de historias que nutren el desierto de la soledad, en donde navegó Jan de Vos, tampoco debemos olvidar los ríos del navegante. Sin duda, un navegante que hizo, en contadas ocasiones, del canto y la guitarra otra extensión de él mismo. Su oído musical estuvo nutrido por un gusto diverso, compuesto por el folclor latinoamericano, las canciones de su infancia y, últimamente, el rock indígena. Basta recordar la memorable apertura del VII Congreso de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales (AMER) con el grupo de rock tzotzil Zak Tzevul (se puede encontrar en esta liga http://www.youtube.com/watch?v=6NLiaHv6Bew).

 

Quienes conocimos a Jan, lo recordaremos con infinito respeto y admiración. Nos enseñó el amor por el ejercicio de escribir, el método a seguir. Nos dijo, también, que como seres humanos no estamos exentos de dudas, de perdernos en el camino, por ello es necesario pedir ayuda; por lo tanto, siempre recordó aquella pieza de son, La Caña. Que su historia de vida nos sirva de ejemplo:

 

Hermano si te has perdido

Dentro de la cañalera

Lanza en el aire una espiga

Que te sirva de bandera

 

 

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