Conocimiento e Información

20/07/2016

 

El conocimiento y la información en materia de salud con el que contamos en la actualidad son apabullantes. 

 

Existen especialistas en salud que estudian más de 10 o 12 años para dominar el conocimiento de un área en específico y es tal la cantidad de información que incluso dichos expertos se ven rebasados en el proceso de aprendizaje. Quienes nos dedicamos a la práctica de la salud, debemos ir adoptando la nueva información al conocimiento que ya tenemos. Esto es un proceso laborioso que requiere de un constante estudio. Pero, ¿qué pasa cuando una persona que no tiene el conocimiento en salud adquiere cierta información?

En los últimos 30 años, la información en todos los ámbitos no solo se ha incrementado sino que se ha difundido de manera general y global. El internet y su fácil acceso en múltiples dispositivos han puesto la información al alcance de la población en general. Esto supondría un beneficio en materia de salud y bienestar, ya que una población mejor informada puede prevenir enfermedades, reconocer síntomas y signos de diferentes padecimientos y acudir de manera oportuna con el médico.

Pero a pesar de tener mucha información estamos lejos del punto en el que el internet funcione como plataforma de conocimiento en salud para la población. El análisis de esto implica saber que primera y conocimiento no es lo mismo. La información es el conjunto de datos aislados de cualquier tema; el segundo es la compresión y análisis de cierta información. Partiendo de este punto, si la información es correcta puede crear conocimiento veraz y productivo, de no ser así, solo se crearán conceptos erróneos y peligrosos.

Esto último tiene varias causas, la información desplegada en internet (que es demasiada) puede ser poco veraz o errónea. El ejemplo más común que me viene a la mente es el buscador de preguntas de Yahoo, en el que una pregunta es contestada por cualquier usuario. Las respuestas casi siempre son opiniones y están poco o nulamente fundamentadas. Esto en realidad no sería un grave problema de no ser porque las preguntas en salud muchas veces comprenden conceptos importantes que se explican erróneamente y, lo peor, que las personas creen ciegamente en la respuesta recibida.

Otra causa del mal uso de la información en salud es que está al alcance de todos y que sin previo conocimiento puede ser usado erróneamente. Por ejemplo, en varias ocasiones he tenido que recetar medicamentos a familiares, amigos o pacientes a quienes su curiosidad los lleva a buscar en internet los efectos adversos del medicamento recetado. Cualquiera que lo haya hecho constatará que, al hacer tal búsqueda, se despliega una lista enorme de posibles efectos y contraindicaciones que muchas veces implican condiciones mortales. Esta información aislada y fuera de contexto asusta a muchas personas.

Es cierto que cualquier medicamento tiene efectos adversos pero el porcentaje en el que aparecen son mínimos, a veces inestimables. Por otra parte, se debe tomar en cuenta el factor riesgo-beneficio, es decir, qué tanto beneficia un medicamento a una persona y qué tanto lo pone en riesgo. Ciertamente al hablar de una aspirina para resolver un dolor de cabeza para algunas personas el riesgo pareciera ser muy grande tomando en cuenta el padecimiento. Pero pasa lo contrario cuando el paciente cursa con enfermedades graves y altamente contagiosas y por miedo a un efecto adverso deciden no seguir las indicaciones prescritas. Esto puede llevar a un mayor contagio y prolongación de la enfermedad. Es aquí cuando la información aunque sea veraz desplaza al conocimiento por descontextualizar la situación.

Otra dificultad que ha creado el internet con respecto a la información en salud, son ciertas páginas —que no quiero nombrar para no favorecer su uso— en las que introduces síntomas y estas proporcionan un diagnóstico. Dichas páginas de internet generan diagnósticos a través de algoritmos usando las presentaciones más comunes de una enfermedad, y si bien el cáncer de páncreas se puede manifestar por dolor abdominal, falta de apetito y malestar general, hay un sinfín de enfermedades que se manifiestan así. Aquí el problema radica en que una enfermedad no se puede diagnosticar con solo unos cuantos síntomas, un algoritmo y sin una consulta profesional en persona. Lo peor viene cuando un paciente se ha “diagnosticado” previamente por lo que leyó en internet y debemos cambiar la idea con la que llega a consulta.

Con las ideas escritas previamente no espero que la gente cierre sus computadoras y dejen de hacer búsquedas en internet para conocer enfermedades. En primera instancia debemos estar conscientes de que no todo lo que despliega internet es cierto o aplica a la enfermedad. Además de esto, lo que debemos hacer como sociedad es buscar atención médica adecuada, ser más cautos con la información recibida y hacer la búsqueda en páginas confiables que proporcionen información correcta y orienten de manera adecuada al paciente.

Existen páginas médicas de internet que contienen una sección para pacientes que todo médico debería distribuir. Los accesos para la información de pacientes es gratis, amigable y fácil de comprender. Las más recomendables son MDconsult. com, webMD.com, cancer.net, mdanderson.org, entre otras.

La Edad Media fue una época caracterizada porque el conocimiento y la información estaban restringidos a ciertas personas y el resto vivían en la oscuridad. Ahora vivimos en una época completamente contraria, donde todos tienen acceso a la información, pero muchos siguen viviendo en las sombras del saber. Debemos asegurarnos de que la luz producida por el conocimiento ilumine a todos de manera adecuada, sin cegarnos ni alumbrar caminos inadecuados. 

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