La Distorsión Mediática del Cuerpo Humano

 

Actualmente vivimos en una sociedad en la cual se da gran importancia a la apariencia física, los estándares de belleza se encuentran muy bien marcados; a través de los medios de comunicación se nos impone un ideal de la belleza, se cree que el mayor valor de la figura es la delgadez del cuerpo, tanto para hombres, como para mujeres. Esto, sin duda, provoca que muchas personas, en su mayoría mujeres, se sientan presionadas por cumplir dichos estándares, lo que contribuye, en algunos casos, a la manifestación de trastornos alimentarios.

 

Estos padecimientos se caracterizan por alteraciones graves de la conducta alimentaria en la ingesta de alimentos, generalmente acompañadas de una intensa preocupación por la ganancia de peso y por la insatisfacción con la imagen corporal. Entre los trastornos de la conducta alimentaria se encuentran la anorexia nerviosa (AN), la bulimia nerviosa (BN) y el trastorno de la alimentación no especificado (TANE). 

 

Los pacientes con AN tienen una imagen distorsionada del cuerpo; la persona rechaza mantener un peso superior al saludable para su altura, lo que motiva que adopte estrategias inadecuadas para prevenir el aumento de peso, por ejemplo, la actividad física vigorosa y la restricción drástica de la ingesta de alimentos. Sin embargo, también se puede asociar con alimentación desmedida y conductas purgativas, es decir, provocar el vómito después de comer. Por otra parte, la BN se manifiesta por episodios de consumo excesivos de alimentos, seguido por conductas compensatorias como purgas, ayunos o ejercicios, con el fin de minimizar o eliminar los efectos del exceso. Por último, los TANE, incluyen el trastorno por atracón y otros trastornos que no cumplen con los criterios clínicos de AN o BN. Las personas con trastorno por atracón tienen episodios de ingesta de comida en la que se consumen grandes cantidades de alimentos en un corto período, acompañados de la sensación de ansiedad, depresión y culpa después de comer en exceso (APA, 2002). La aparición de AN y BN es mayor en la adolescencia, dada la magnitud de cambios biológicos, psicológicos y de redefinición del papel social en esta etapa de la vida, asociada a la preocupación por los estándares actuales de belleza. 

 

En este sentido, varias investigaciones se han interesado sobre la relación entre la influencia de los medios de comunicación y la manifestación de este tipo de enfermedades. Verri y cols. (1997) estudiaron el tiempo que pasaban los adolescentes frente al televisor y sus programas favoritos, así como su influencia en la eleccion de productos consumidos y, desde luego, en la imagen corporal ideal; se observó que las personas con trastornos en la conducta alimentaria permanecieron expuestos a la televisión durante más horas al día; en consecuencia, presentaron una dependencia psicológica a la televisión y en sus compras se manifestó la influencia de los comerciales (citado en Guerro-Prado et al., 2001). 

 

En 2011, Schooler y Trinh demostraron, en un grupo de adolescentes, que el perfil de uso de la televisión fue el predictor más fuerte de insatisfacción con la imagen corporal; en específico, aquellas adolescentes que veían televisión con frecuencia y de manera indiscriminada, reportaron los niveles más bajos de satisfacción corporal. Otros medios que ejercen gran impacto sociocultural son los impresos. Field y cols. (1999), en un grupo de mujeres preadolescentes y adolescentes, encontraron que el 69% reconocieron que las fotografías en revistas de moda influyeron en su concepto de la figura corporal ideal, en tanto que un 47% informó querer perder peso debido a la influencia de tales imágenes; claramente, existe una correlación positiva entre la frecuencia de lectura de dichas revistas y la práctica de dietas para reducir peso, la iniciación de programas de ejercicios y el sentimiento de que las imágenes de las revistas influyen en su concepto de la figura femenina (citado en Guerro-Prado et al., 2001). 

 

En suma, nos enfrentamos a una creciente problemática social, que se mantiene vigente gracias a los medios de comunicación, a través de los cuales se nos bombardea continuamente con imágenes, mensajes, productos, moda o estilos de vida que ponen de manifiesto el valor que se le da al cuerpo delgado y esbelto, a un estándar estético que se vende como el medio eficaz para el éxito y la satisfacción personal, pero que innegablemente afecta la salud y la calidad de vida de grupos vulnerables de la sociedad. 

 

Referencias

  • Asociación Americana de Psiquiatría, (2002). "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales". DSM-IV-texto revisado. Ed Masson, Barcelona. 

  • Guerro-Prado, D.; Barjau Romero, J. M.; & Chinchilla Moreno, A. (2001). "Epidemiología de los trastornos de la conducta alimentaria e influencia mediática: una revisión de la literatura". Actas Esp Psiquiatr, 29(6), 403-10.

  • Schooler, D.; Trinh,S. "Longitudinal associations between television viewing patterns and adolescent body satisfaction". Body Image 2011; 8 (1): 34-42. 

 

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