Una Nota a Cuba

10/07/2016

 

- ¿Has estado en África recientemente?

- No. 

- Bienvenida a Cuba. 

 

Enseguida estampó mi pasaporte y me dirigió lo que parecía una sonrisa. He de confesar que pasar migración siempre me genera cierto miedo. ¿Por qué? No lo sé. Jamás me han retenido para inspección secundaria en ningún lugar del mundo. 

Salí a buscar un taxi. Mi anfitrión inició la clásica conversación entre pasajero y conductor, me dijo: "Cuba es un país muy tranquilo, verás que pasarás unas excelentes vacaciones, acabo de dejar a una pareja inglesa en el aeropuerto y afirmaron haber tenido las vacaciones más maravillosas de su vida". Aquello sonaba prometedor. Yo sólo pensaba en encontrarme con mi padre y mi hermano en el hotel. Al pasar los años he descubierto que viajar sola ya no es mi fuerte. Atrás han quedado los días de tomar una maleta y aventurarme a recorrer Francia o Suiza en un intento por encontrarme a mí misma. Quizá me he encontrado ya. 

 

Al pasar al lado de la Plaza de la Revolución alcancé a ver la imagen gigantesca de Ernesto "Che" Guevara acompañada de la frase "Hasta la victoria siempre". No pude evitar recordar mis años de estudiante de universidad, los libros de las distintas revoluciones en el mundo y las misiones de los jesuitas. Días después le dije a mi hermano, "Quien en su juventud no fue revolucionario y comunista, no tuvo juventud". 

 

Uno de los puntos más emblemáticos de La Habana es la Plaza de Armas. A primera vista sólo se observan turistas; pero si se mira con atención, se  advierte la presencia de niños cubanos que, sin camiseta corren por las calles antes de que caiga el sol. Ver niños correr en las calles es el mejor indicativo del nivel de seguridad que hay en una ciudad y en un país. 

 

Cuba es, efectivamente, un país muy tranquilo. Su gente lleva en el alma una alegría innegable. Son amables unos con otros, se saludan al pasar por la calle, se ayudan, se regalan sonrisas sin razón. Eso también es un indicativo relevante. 

 

La ciudad es muy vieja. Desde la revolución no hubo construcciones importantes, pero ahora se construyen dos hoteles. Tampoco se observa grafiti, ese cáncer que a lo largo y ancho del globo terrestre castiga a la mayoría de las ciudades grandes. 

 

El restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos promete un impacto positivo en la economía de la isla. Pero la población está preocupada. Por un lado esperan que la apertura comercial impacte positivamente en su calidad de vida. Por otro lado, les preocupa que Estados Unidos termine por imponer no sólo sus condiciones comerciales, sino incluso, el “American way of life”. Los cubanos son un pueblo de arte, de cultura y no quieren que nada interfiera con esto. 

 

Existe una separación entre las condiciones imperantes para los cubanos y las que se ofrecen a los extranjeros. Comencé a notar esto cuando pedimos que nos llevaran a una clínica porque mi padre requería consultar a un médico especialista en trauma. La respuesta fue categórica: "Tienen que ir a la clínica internacional Cira García". ¿Clínica internacional?, ¿había clínicas para los nacionales? No me atreví a preguntar. 

 

Llegamos a la clínica, sin embargo, el médico que buscábamos sólo daba consultas los miércoles y estábamos en martes. "Pero vayan arriba a preguntar si el doctor puede hacer una excepción", nos recomendaron. Efectivamente, el médico pudo hacer esa excepción. Mientras esperamos a que terminara de atender una urgencia, observe a una pareja de sudafricanos que solicitaba una consulta con el ginecólogo. Era notorio que no contaban con los recursos económicos para pagar la consulta. Así que una enfermera les dijo: "no se preocupen, les voy a llenar el seguro y con eso ya no tienen que pagar". Sin pedirles más que una identificación (cualquier identificación de cualquier país es una identificación oficial y válida para los cubanos); llenó una hoja sencilla, sin sellos, sin marcas de agua ni seguridad de ningún tipo, y listo, ya estaban afiliados a la seguridad social de Cuba. 

 

Tocó nuestro turno. Después de una consulta de poco más de 45 minutos pasamos a la caja. "Son 25 cuc por favor", me dijo la cajera. Me sorprendió el monto, pues erogamos el equivalente a 425 pesos mexicanos. Una consulta privada de este tipo en la Ciudad de México no cuesta menos de 1,100 pesos. 

 

Habíamos de ir a la farmacia a comprar un medicamento y un jarabe para la tos. Mi padre enfermo de tos antes de salir de viaje pero ya había tomado un frasco de jarabe, así que yo me opuse rotundamente a comprar un segundo. Nuestro taxista, quien desde un par de días nos daba servicio, aseguró que podía conseguir un jarabe de aloe vera cien por ciento natural, claro, en la farmacia para los nacionales. 

 

En ese momento no pude contenerme más y sin evitar un tono de sorpresa arroje la pregunta. 

 

- Explíqueme por favor ¿Por qué hay farmacias internacionales y farmacias para los nacionales?

 

- Pues en Cuba hay una especie de apartheid entre los extranjeros y los cubanos, respondió. No es algo oficial pero existe en la práctica. En las farmacias internacionales hay medicamentos importados y casi siempre encuentras lo que buscas. En las farmacias a dónde vamos nosotros, hay medicinas de producción nacional que son más naturales. Nosotros podemos comprar en las farmacias internacionales pero ustedes no pueden comprar en las nuestras. Por eso, tengo que ir sólo a buscar el jarabe para la tos, a ustedes no se los venderán.

- Y, ¿en qué otros aspectos se manifiesta este apartheid que mencionas?

- ¿Ves esta construcción blanca que pasamos del lado derecho?, preguntó. Es un club privado. Se supone que todos pueden entrar pero en la práctica sólo pueden hacerlo los diplomáticos, los extranjeros residentes en Cuba o los turistas.

 

Aquello me remitió de inmediato a mi viaje a Sudáfrica. Otro país donde la gente es increíblemente cálida y amable, pero que sufre los estragos de su propia historia. En 2010, en pleno mundial de fútbol, rentamos la casa de una familia de color (muchas familias aprovecharon la falta de habitaciones en Johanesburgo, salían de sus hogares temporalmente para rentarlos). La señora que nos ayudaba con las labores del hogar, almorzaba hincada en la cocina. Cuando mi madre lo notó se asombró y le dijo: "No, te voy a traer una silla para que te sientes". Pero la mujer nunca aceptó. Mucho menos osaba sentarse a comer a la mesa con nosotros.  

 

Después de conseguir el jarabe, dimos un paseo por La Habana vieja. Entramos a una librería. "Quiero comprar un libro aquí en Cuba", dijo mi padre. Cada uno de nosotros tres elegimos un texto, llevábamos 4 títulos en total; al llegar a la caja y después de una corta discusión con la cajera porque no entendíamos cuanto debíamos pagar, entregamos un billete de 3 cuc. Increíblemente nos regresaron 15 pesos cubanos de cambio. ¿Qué? Si, pagamos el equivalente a 51 pesos mexicanos por 4 libros nuevos y éstos no eran de literatura universal. 

 

Hoy dejo Cuba. Me llevo en el corazón la afectividad y amabilidad de su pueblo. Un pueblo que vive mayoritariamente feliz, independientemente de las adversidades económicas que puedan enfrentar. Al margen de los Mercedes Benz último modelo que utilizan Raúl Castro y los altos funcionarios del gobierno cubano, se erige una ciudad cosmopolita, donde florece el arte, el talento y la calidad humana. Una ciudad hermosa, no sólo por su arquitectura ni por los miles de árboles que regalan su sombra a los transeúntes, sino hermosa porque cada cubano lleva en su alma el amor por la humanidad. 

 

Bien dijo el Che, "Hasta la victoria siempre". 

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