Energía, Emisiones, Tráfico y Políticas Públicas

 

Para explicar el problema de la movilidad en el DF hablaré de dos episodios de la megalópolis.

Primero, en el año 2009, en el marco de una posible reforma energética, la Academia Mexicana de Ciencias organizó el Segundo Foro de Energía, denominado “Reforma Energética para un Futuro Sustentable”.

 

Entre algunos de los invitados estuvo Claudia Sheinbaum, quien fuera secretaria del medio ambiente en el Distrito Federal entre 2000 a 2006, y una de los artífices del sistema Metrobús. En el foro, un asistente le pregunta, ¿Por qué no habían usado trolebuses (transporte eléctrico), en lugar del metrobús con motores a diesel?

La respuesta fue desafortunada si la consideramos en el marco del foro de reforma energética enfocado en desarrollo sustentable. La ex funcionaria dijo que la generación de energía, supongo que se refería a la termoeléctrica del Valle de México, era igual de contaminante que el metrobús.

La respuesta faltaba a la verdad, el ciclo completo del diesel contamina mucho más, mientras que la energía del trolebús puede generarse por turbinas eólicas o energía solar en un tiempo relativamente corto, sin hacer algún cambio al trolebús. Aquella administración tomó otras decisiones ambientalmente incorrectas, no extendió la red del metro, al tiempo que puso un segundo piso al periférico. La premisa de esas políticas hace pensar que se buscaba más una apariencia innovadora y vanguardista que la reducción de emisiones.

Además, es común encontrar unidades de transporte público que arrojan demasiado smog, congestionamientos viales provocados por obras mal planeadas u operativos mal realizados. Esto ocurre en todo el país.

Segundo, el  programa “Hoy no circula”, hace ya algún tiempo que las autoridades de la zona metropolitana de la Ciudad de México decidieron aplicarlo, a través de los años, el programa ha evolucionado. En algún momento se determinó que autos con cierta antigüedad no podrían circular una vez a la semana, bajo la premisa de que un auto viejo es más contaminante.

Sin embargo, la suposición no fue del todo cierta, alguien emitió un reclamo y la corte le dio la razón.

En consecuencia, se ideó una nueva norma que permite circular todos los días si el vehículo no rebasa los límites de contaminación. Combinada con la corrupción en los centros de verificación del Valle de México, esta determinación provocó que cientos de miles de autos contaminantes regresaran a la circulación diaria. Si sumamos esto a lo que parece un nuevo reglamento de tránsito que no mejora la fluidez vehicular, la falta de transporte público eficiente y a la poca cultura de la responsabilidad, invariablemente la Ciudad de México vivió episodios de contingencia ambiental que hace muchos años no se veían.

El ejemplo al inicio del texto y la historia del hoy no circula, ponen de manifiesto una visión cortoplacista y la falta de un modelo de ciudad sustentable para la definición de políticas públicas.

Cada modificación al hoy no circula, tomada con la misma premura que la de hace unos meses, deja al descubierto el fracaso que desde hace dos décadas, al menos, han sufrido los gobiernos de la ahora Ciudad de México, en su intento por crear una ciudad más habitable y transitable.

Necesitamos ciudades con transporte público libre de emisiones, o que, al menos, contamine menos que el privado, un sistema efectivo que regule el uso del automóvil; sin espacios para la corrupción, pero lo más importante, una ciudad donde se pueda transitar sin contaminar tanto, además de una reforma urbana que permita tener ciudades más compactas, verticales, que faciliten la movilidad sin motores, con espacio público de calidad. Mientras esas no sean las metas, los paliativos fracasarán uno tras otro, bandazos absurdos de la autoridad provocarán una peor ciudad.

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