Manipulación de Memoria: ¿Dónde Estamos?



¿Cuántos de nosotros no hemos vivido alguna situación vergonzosa, un momento doloroso o experimentado alguna pérdida que literalmente nos gustaría borrar de nuestra memoria? ¿A quién no le gustaría poder manipular sus propios recuerdos?

La manipulación de la memoria ha sido un tema habitual de la ciencia ficción; novelas y películas a menudo hablan del deseo del ser humano por acceder y modificar su propia memoria o la de otros. En la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, del director Michel Gondry, se muestra el efecto que puede producir, en las relaciones interpersonales, la posibilidad de acudir a una compañía para seleccionar los recuerdos que quisiéramos que fueran borrados, recuerdos en su mayoría dolorosos.

Es así que surge la interrogante, ¿se podrían borrar recuerdos de manera selectiva? Antes de intentar dar una posible respuesta, es importante dejar claro que la memoria es la capacidad de almacenar, procesar y recuperar la información del pasado, mientras que el recuerdo no es más que una reconstrucción del pasado que se basa no sólo en la información originalmente adquirida, sino también en los nuevos conocimientos, motivaciones, sentimientos y experiencias de la persona que recuerda. Es un proceso activo cuyo resultado puede no ser idéntico a la experiencia original. En otras palabras, los recuerdos son como los archivos de una computadora, y la memoria el disco duro que los contiene (Morgado, 2005).

Muchos investigadores han especulado durante largo tiempo sobre la existencia de la supresión de la memoria, especialmente la capacidad de eliminar huellas mentales de eventos traumáticos. Un equipo dirigido por el psicólogo Brendan E. Depue de la Universidad de Colorado, descubrió que la supresión de la memoria emocional se produce bajo el control de la corteza prefrontal, la parte anterior de los lóbulos frontales del cerebro. En las primeras etapas del olvido intencional, parte de la corteza prefrontal amortigua la actividad de áreas neuronales que intervienen en aspectos sensoriales de la memoria (como son corteza visual y tálamo). A medida que el proceso continúa, una zona prefrontal diferente reprime la actividad de estructuras como el hipocampo y la amígdala, áreas cerebrales involucradas en el recuerdo consciente de la información y en el condicionamiento al miedo, respectivamente (Bower, 2007).

Los recuerdos tóxicos, como base de patologías como las fobias, han interesado a muchos científicos quienes se han dedicado a comprender cómo se forma la memoria en el cerebro para tratar de revertir ese proceso en aquellas personas que necesitan escapar de algún trauma psicológico o físico.

La idea de poder disminuir el dolor asociado con un trauma, a través de la administración de fármacos que disminuyan los niveles de norepinefrina relacionada con el estrés, es una estrategia que surgió con dicha finalidad. Roger Pitman, un neurocientífico de la Escuela de Medicina de Harvard, tuvo la idea de administrar a un grupo de personas propranolol, un fármaco usado habitualmente para la hipertensión, justo después de un evento traumático (un accidente automovilístico o un asalto) con el propósito de ver si el bloqueo de la norepinefrina podría “protegerlos” contra el estrés post-traumático. Sin embargo, la intención de Pitman no era la de borrar el recuerdo del trauma en sí, sino sólo la valencia emocional asociada con él. En teoría, si lo hiciera, se correría el riesgo de comprometer la integridad psicológica de las víctimas; por ello, una preocupación planteada es la posibilidad de alterar el contenido y no sólo el tono emocional de los recuerdos (Adler, 2012).

Del mismo modo, el psicólogo clínico Merel Kindt, ha descubierto que la medicación se puede utilizar para quitar las asociaciones negativas de algunos recuerdos, con lo cual ha logrado ayudar a pacientes que padecen aracnofobia (Soeter & Kindt, 2015).

A pesar de todo, para muchos expertos la memoria, el “recipiente” sagrado de la individualidad, permanece fuera de los límites de la manipulación, como lo declara uno de los pioneros de la investigación de la memoria moderna James McGaugh.

No cabe duda de que somos la suma de nuestras experiencias, de todo lo bueno y malo que hayamos vivido, de ahí que habría que considerar a esos “archivos” guardados en la memoria como el respaldo de nuestra propia identidad, de lo que nos hace ser únicos. Entonces, ¿qué sucedería si borráramos dichos archivos?¿Dejaríamos de ser nosotros mismos?


Referencias

  • Adler, J. (2012). “Erasing painful memories”. Scientific American, 306(5), 56-61.

  • Bower, B. (2007). “Forget about it: How the brain suppresses unwanted memories”. Science News, 172(2), 21-22.

  • Morgado, I. (2005). “Psicobiología del aprendizaje y la memoria: fundamentos y avances recientes”. Rev Neurol, 40(5), 289-297.

  • Soeter, M., & Kindt, M. (2015). “An abrupt transformation of phobic behavior after a post-retrieval amnesic agent”. Biological psychiatry, 78(12), 880-886.

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