El Futuro Distante

 

En un sentido estricto, si el futuro no nos ha alcanzado, sólo es cuestión de tiempo para que suceda. Quizá nos sentimos un poco decepcionados al ver que la ciencia ficción ha sido más imaginativa de lo que esperábamos y que si aún no tenemos patinetas o coches voladores, el error no ha sido en los avances científicos sino en las expectativas que hemos puesto con respecto a esto. Hace unos meses en los que la película “Volver al futuro” cumplió 30 años, escuché a algunas personas decir que resultaba ilusorio pensar que podríamos tener tal tecnología a tan poca distancia; y justo estos comentarios me hicieron pensar y rememorar que los avances científicos producto de la imaginación se convierten en realidad cada vez con mayor rapidez. 

Para explicar esto voy a exponer el punto desde el pasado, aunque la temática del artículo trate del futuro. Hablar de lo sucedido es fundamental no solo porque estamos sometidos a la espiral de la historia, sino porque toda predicción tiene un presente que con el paso del tiempo se vuelve pasado y alcanza un futuro exacto y correcto o uno erróneo.

La primera idea que se tiene del helicóptero la ideó Leonardo Da Vinci a finales del siglo XV. Aunque sus dibujos y bocetos difieren bastante de lo que hoy conocemos como un helicóptero, el genio renacentista ya había imaginado y propuesto las bases de una máquina voladora con un rotor helicoidal. Tuvieron que pasar más de 400 años para que en 1932 los ingenieros aeronáuticos soviéticos Boris Yuriev y Alexei Cheremukhin lograran que el primer helicóptero pudiera alcanzar una altura de 605 metros; y fue hasta la segunda guerra mundial cuando el uso del helicóptero ya era común en los ejércitos (Tomasini 2012).

Otro ejemplo poco conocido es la bicicleta. A finales del siglo XV el genio italiano ya tenía un modelo de vehículo con dos ruedas unidas por una cadena, aunque bastante simple, se asemeja al que tenemos actualmente. En 1817, 300 años después de los esbozos de Da Vinci, el barón alemán Karl Drais creó la primer bicicleta que aunque no tenía pedales, ya era una realidad y actualmente es uno de los medios de transporte más usados en todo el mundo (Tomasini 2012).

Pero la brecha entre la imaginación y la realidad se ha ido acortando. Conforme han pasado los siglos, el punto que pasa entre la concepción de algo ficticio a que se haga realidad no necesita de varios cientos de años para que ocurra. Los ejemplos más cómodos que nos pone la historia son las ideas de ciencia ficción que el escritor Julio Verne tuvo y dejó plasmadas en varios de sus libros.

Por ejemplo, “En el año 2889” un pequeño libro en donde describió que para dicho año habría reporteros televisivos y video-conferencias (las noticias por radio se hicieron masivas para 1920 y las vide-conferencias en 1990). Además, en 1865 Verne publicó “De la tierra a la luna”, donde predijo varios avances tecnológicos; que para la sociedad moderna, son una realidad desde hace 70 años, como el lanzamiento de cohetes, naves espaciales y viajes a otros planetas. Comparados con la invención del submarino, éstos últimos tardaron muchos años (100) en volverse realidad.

En 1870 Verne publicó su libro “Veinte mil leguas de viaje submarino” donde el Capitán Nemo viaja en un submarino eléctrico llamado Nautilus. Solo 14 años después, en 1884 apareció el primer submarino eléctrico de la armada española y fueron ampliamente utilizados en la primera y segunda guerras mundiales. Aunque aquí fueron muy pocos años que pasaron entre lo que se escribió hasta la realidad, hay que señalar algo importante, Julio Verne no inventó o tuvo la idea original del submarino, sino que al ser un hombre de mundo se relacionaba con varios científicos y sabía de los avances tecnológicos de la época (Catalá 2005). La idea precaria del submarino con la que la comunidad científica contaba en su época lo llevó a imaginar algo mucho más grande de lo que en 1884 se construyó. Claro que la idea de una nave que pudiera sondear las profundidades del océano parecía imposible para la población general, pero Julio Verne supo que además de ser una historia interesante, llegaría a ser verdad.

Así han pasado los años y cada vez vemos que las predicciones se vuelven realidad con mayor veracidad y rapidez. A excepción de algunos errores predictivos como el de Isaac Asimov quien dijo que las computadoras serían cada vez más grandes y por lo tanto poderosas, (y lo que ha pasado es que el tamaño ha sido cada vez menor), las mentes más grandes de la historia han pronosticado cuestiones muy interesantes de analizar. Desde situaciones tan sencillas como la vigilancia constante descrita por Goerge Orwell en “1984”, hasta aspectos mucho más complejos como la modificación genética para crear productos según lo requerido como en el libro “Un mundo feliz” de Aldous Huxley.

Y de la misma forma en que la historia se repite, los vaticinios continúan apareciendo. Hace 500 años en dibujos, hace 100 años en novelas y ahora el cine nos proporciona una gama de predicciones que nos parecen irreales y futuristas, pero de hecho siguen haciéndose realidad.

Un ejemplo muy claro es la película Gattaca de 1997 en donde la trama está envuelta en asuntos relacionados con la manipulación genética. Casi veinte años después de la realización cinematográfica, la modificación genética es una realidad. Actualmente se pueden crear animales fluorescentes, sintetizar proteínas para que se unan a ciertos genes y modifiquen o mejoren enfermedades genéticas, incluso este asunto ha llegado a la vanidad pues ya se puede hacer una modificación para escoger el color del iris del bebé. Aunque esto último no se hace por cuestiones éticas aún no resueltas, ya se ha logrado exitosamente en animales y es una realidad que quizá en unos años veamos en práctica.

Los ejemplos podrían continuar por mucho tiempo y no sólo porque haya muchos, sino porque cada vez hay más. A diario aparecen nuevas películas y libros acerca de ideas futuristas que en este momento nos parecen irreales, pero que sin duda en algún punto, a quienes les toque vivirlas, les parecerán cotidianas y habituales. 

Este es el curso de la historia y de la tecnología, siempre se llegará al futuro que parece distante.

 

Referencias consultadas

  • Catalá, Rosa María. 2005. “VII. Actividades”. En línea: http://www.comoves.unam.mx/assets/revista/85/guiadelmaestro_85.pdf. Consultado el 29 de febrero de 2016.

  • Tomasini, M. 2012. “Las Máquinas de Leonardo Da Vinci”. En línea: http://www.palermo.edu/ingenieria/pdf2013/12/12CyT_02lasmaquinasdeleonardo.pdf. Consultado el 29 de febrero de 2016.

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