La internacionalización de una ciudad tiene una fuerte dinámica multi-actores, en la que el sector privado, las cámaras de comercio, los gremios, las universidades y grupos ciudadanos participan de manera sistemática; sin embargo, esta interacción no necesariamente se lleva a cabo de manera armónica y coordinada.

En este sentido, pensar en internacionalización de los gobiernos locales implica comprender que la acción exterior es de naturaleza transversal e involucra la coordinación de esfuerzos no sólo entre múltiples actores, sino también entre los distintos campos a través de los cuales se implementa la agenda. Típicamente, se observa que los sectores de comercio, turismo, promoción de inversiones, educación, cultura y deporte, son los más activos en el plano internacional en las ciudades modernas. Así, puede afirmarse que la práctica de las relaciones internacionales desde lo local, tiene una dimensión tanto multi-actor como multi-sector.

La acción internacional de los gobiernos locales puede estar motivada tanto por incentivos externos provenientes de un contexto internacional cada vez más interconectado, como también por incentivos internos que animan a las autoridades locales a ampliar sus posibilidades por medio de la inserción en redes y el contacto con socios, nuevos y tradicionales.

Los gobiernos locales han abandonado paulatinamente las formas tradicionales de acción internacional y han iniciado un viraje hacia nuevas formas de relación basadas en la colaboración, la responsabilidad y el aprendizaje mutuo, la búsqueda de objetivos comunes, el diálogo, la confianza y la reciprocidad. Identificados como buenas prácticas, y sintetizados en doce ideas fuerza sobre lo que constituye una acción internacional estratégica, participativa y sostenible.

En los últimos años las ciudades, municipios, gobiernos locales y regionales han venido desarrollando diferentes estrategias para visibilizarse y proyectarse a nivel internacional, dotándose de una identidad, una imagen, un modelo o una marca que los haga reconocibles internacionalmente.

Hoy en día las ciudades utilizan toda suerte de medios, presenciales o virtuales, para pregonar sus atractivos y captar tres diferentes tipos de capital: visitantes, inversiones y conocimiento. En este contexto, cualquier territorio es potencialmente un espacio de atracción, y sus características físicas, materiales, históricas y sociales son susceptibles de proyectarse ante el mundo. Sin embargo, para hacerlo de manera estratégica, vale la pena definir claramente qué se quiere atraer o qué se pretende proyectar, según las capacidades y necesidades reales de cada territorio. 

La atractividad y el reconocimiento internacional de una ciudad no se establecen por decreto, tiene que existir otro actor, de preferencia internacional, que identifique a ese territorio como digno de ser catalogado como referente.

La experiencia reciente muestra que las estrategias de atractividad internacional que han sido más exitosas son aquellas que han logrado ir más allá de la simple difusión de un logotipo o de un slogan llamativo, su éxito radica en que han logrado visibilizar los rasgos auténticos de una legítima identidad territorial.

Una ciudad atractiva debe asumir como primer factor de atracción el aumento de la calidad de vida de su gente, lo que hasta hace poco parecía secundario y que hoy influye de forma determinante en las decisiones de relocalización de las empresas, el destino de las inversiones y el turismo.

Una ciudad no se convierte en ciudad internacional por decreto, o por una campaña de publicidad. El reconocimiento por parte de otros es la única forma significativa para ser considerada internacional y dicho reconocimiento no es automático, toma tiempo y debe basarse en una identidad real y no sólo de mercadeo.

La dimensión económica de un territorio y su capacidad de atracción de capital se han convertido en nuevas y poderosas anclas de atracción y de atención a nivel global.

Con la organización de grandes eventos internacionales se dan dos impactos de gran envergadura; el de las inversiones y el dinero que traen los visitantes, y el de los telespectadores que miran el evento y conocen así la ciudad.

 

Es así, que no resta más que decir: ¡vamos, gobiernos locales a internacionalizarse!

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