El Arte de Vivir el Aquí y el Ahora

 

Estar presente parece obvio, y aunque debería serlo, en realidad es la excepción. ¿Por qué? Porque la verdadera presencia es más que estar físicamente en un lugar: es estar conectados con nuestra esencia, que es hermosa e imperturbable. Lamentablemente, esa paz interior se ve perturbada, a veces violentamente, por nuestros pensamientos y emociones, que nos alejan del momento presente.

 

Desde que Freud destapo la olla del inconsciente y comenzó a interpretarlo, la psicología comenzó a moldear la forma como percibimos nuestra vida mental y emocional. Como ciencia al fin, esta basada en un modelo mecanicista y racional, con énfasis en la patología o enfermedad. Por lo tanto, si tenemos ciertos síntomas y conductas que se ajusten a ciertos patrones, somos etiquetados, medicados y hasta condenados a “ cargar “con una enfermedad mental” de por vida.

 

Aunque es innegable que las emociones son parte de nuestra humanidad, estas son igualmente pasajeras y no constituyen la parte mas profunda ni real de nuestro ser. Las emociones son fenómenos temporales como lo son las tormentas o los huracanes; pero siempre pasan, a pesar de lo escandaloso que haya podido haber sido.

 

Cuantas veces nos vemos envueltos en una gran expectativa en torno al éxito  de un proyecto,  salir triunfadores en una competencia deportiva,  aprobar un examen, lograr un ascenso, obtener mayores ingresos, emprender una empresa,  conquistar a la persona deseada.  Deseamos que llegue ese día generando tanta expectativa y  las ideas comienzan a bailar en nuestra mente constantemente, un diálogo interno saboteador  diciéndonos ¿Y si no sucede como espero?   ¿Qué pasará si no rindo lo suficiente? ¿Seré capaz de hacerlo?.  Sera… qué pasará… y si no sucede.  Estamos todo el tiempo viviendo un futuro que todavía no llega y nos olvidamos de conectarnos con el presente (aquí y ahora).   

 

La lista de lo que no eres no se agota con los pensamientos y las emociones, pues hay muchas otras cosas que nos desconectan de la presencia, como por ejemplo el identificarnos con nuestras habilidades (Soy inteligente, o soy tonto), posesiones (soy rico o pobre), logros o títulos (Soy ejecutivo, doctor, o delincuente).

 

Todas estas condiciones van y vienen, y son relativas, pues no son mas que conceptos y etiquetas que no son la presencia, que hoy las tenemos y mañana quien sabe. Sin embargo, nos atormentan, porque nos mantienen alejados del momento presente, que es lo que nos permite conectarnos con nosotros mismos. Así, nos angustiamos por lo que hicimos o dejamos de hacer en el pasado, o nos preocupamos por lo que puede llegar a ocurrir en el futuro. Finalmente….

 

¿Quién soy yo? Seguramente una de las preguntas más desconcertantes que podemos hacernos, porque realmente tiene miles de respuestas y no es estática en el tiempo. Descubrir lo que te mueve, enfada, provoca… descubrir tus defectos, tus virtudes y rutinas. Poner conciencia en lo que eliges, expresas y tomar la responsabilidad de ser quien quieres ser. Desde mi experiencia  puedo decir que es un camino impresionante, con obstáculos y recompensas. Este camino merece la pena explorarlo para poder crear una sociedad más sana e íntegra, más alejada de la frustración permanente de estar viviendo una vida destinada hacia los demás y no para uno/a mismo/a.

 

Entonces solo es necesario que en este momento abras el presente que tienes en tus manos. Allí encontraras la presencia, el mejor regalo que puedes darte a ti mismo y a los demás.

 

La elección de vivir en el pasado o en el futuro no sólo nos  priva de disfrutar el hoy, nos  priva de “vivir” realmente. El único momento importante es “Ahora”.

 

¡DEBEMOS APRECIAR EL AQUÍ Y EL AHORA! ¡¡PORQUE SOLO ESTÁN AQUÍ AHORA!!

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