Bioterrorismo:¿Qué tan Ajeno es en Nuestra Realidad?

 

Si estás leyendo esto y no vives debajo de una piedra, estoy seguro que has visto alguna película o serie de televisión en donde la trama gire alrededor de un atentado bioterrorista. Un sobre generalmente con un polvo parecido al ántrax llega a la oficina de algún gobierno y empieza un cerco sanitario impresionante, la histeria colectiva crea un caos y el presidente se queda encerrado hasta que se descubre que el polvo era talco.

 

Así es como el bioterrorismo se nos presenta en televisión, pero esto que vemos es al fin y al cabo ciencia ficción. Lo que hay de realidad detrás de esto, va mucho más allá de una amenaza a través de un sobre. Es un problema bélico que ha existido durante siglos e incluso ahora es difícil distinguir si las infecciones durante la guerra son usadas como armas biológicas o sufridas como enfermedades secundarias a la mala higiene de los soldados.

 

El ejemplo más antiguo que tenemos de bioterrorismo es en el siglo XIV a.C. en donde los hititas enviaban carneros enfermos de tularemia (una infección bacteriana altamente contagiosa y con un alto índice de mortalidad) a sus enemigos. Los registros de esta guerra indican que esto fue hecho con el objetivo de mermar los efectivos del ejército contrario, logrando así un rotundo éxito (Barras, 2014).

 

Pero no todas las muertes infecciosas durante la guerra son consideradas bioterrorismo. Por ejemplo, en 1520 en Tenochtitlán, la viruela (infección viral altamente contagiosa y actualmente erradicada), hasta entonces no conocida en América, provocó la muerte de miles de aztecas con lo que el ejército que dirigía el tlatoani fue derrotado fácilmente.

 

Ahora, tomando en cuenta que la definición de bioterrorismo enfatiza que el principal objetivo es amenazar y aterrorizar a una sociedad mediante el uso de agentes biológicos, el ejemplo de la viruela en los aztecas no puede ser considerado un acto bélico, ya que los españoles no tenían control de la enfermedad y no la usaron a su favor, de hecho muchos españoles también murieron durante dicha epidemia.

 

Ejemplos a discutir en la historia universal hay muchos, pero ¿qué pasa en la actualidad? ¿Con todos los avances tecnológicos y la creación de vacunas, antivirales, antibióticos y antídotos aún estamos en riesgo de contraer enfermedades contagiosas usadas como armas biológicas? La respuesta es un rotundo sí. Estamos a merced de varias enfermedades infecciosas que pueden causar estragos en la sociedad, sobre todo de aquellas que han sido erradicadas.

 

El ejemplo más claro es la viruela. El agente de esta enfermedad es un virus llamado Variola, el cual se contagia a través de contacto directo o con gotas de saliva, causa importantes manifestaciones cutáneas que dejan ciertas cicatrices muy características y tiene una mortalidad del 25%; es decir, uno de cada cuatro pacientes infectados tiene riesgo de morir al contraer la enfermedad.

 

En 1796 Edward Jenner inició la vacunación de dicha enfermedad en uno de sus hijos y casi doscientos años después la vacunación fue universal logrando la erradicación oficial en 1980. Por lo tanto, las personas que nacimos después de la erradicación ya no recibimos la vacuna contra la viruela, de hecho, actualmente solo una minoría de la población es inmune (resistente) a dicho virus, lo que nos deja en un estatus desprotegido.

 

Ahora, si bien la enfermedad fue erradicada, el virus aún existe en ciertos laboratorios del mundo con el objetivo de tener la posibilidad de crear más vacunas en caso de ser necesario. Y como si se tratase de una película de acción, si el virus cae en las manos equivocadas, podría ser esparcido como arma biológica y teóricamente el 25% de la población no inmune moriría. Si tomamos en cuenta que los ejércitos están constituidos en su mayoría por personas menores de 40 años, un escenario así podría ser desastroso en un conflicto bélico.

 

Es poco conocido que el virus de la viruela podría ser utilizado como arma biológica, en cambio el ántrax es una de las enfermedades infecciosas que pueden utilizarse como agentes bioterroristas más conocida. Esto debido a la gran difusión a través de las noticias mundiales a principios del siglo XXI. Y aunque gracias a la televisión se ha hecho bastante conocida, han sido pocos los casos reales. En Estados Unidos posterior a los ataques terroristas de 2001, se presentaron solo 22 casos de ántrax contagiados a través de sobres y únicamente 5 personas murieron (Adalja, 2015).

 

Esta enfermedad es causada por una bacteria llamada Bacillus anthracis productora de toxinas y puede causar síntomas cutáneos (los más comunes), gastrointestinales y respiratorios (los más mortales). De hecho, el contagio inhalado y la presentación respiratoria tiene una mortalidad del 90% sin tratamiento.

 

Imaginemos ahora, que una persona trabajando en un escritorio cerca del presidente abre un sobre con polvo que contiene las esporas del ántrax. Al inhalarlo estas esporas germinan en los pulmones y pueden pasar hasta 6 semanas en lo que se desarrollan los síntomas. Para ese entonces, la persona habrá tosido o estornudado muchas veces esparciendo las esporas y contagiando a muchas más oficinistas incluyendo al presidente.

 

Tomando en cuenta esto se puede entender por qué la histeria al abrir un sobre con polvo que podría contener un arma que tiene hasta 90% de probabilidades de matarte. Por fortuna no todo es negativo, en el caso del ántrax existe tratamiento antibiótico que reduce a la mitad la tasa de mortalidad y también se cuenta con una vacuna, aunque por lo infrecuente de la enfermedad, esta no se aplica a todos.

 

Existen otras enfermedades como la peste negra o el botulismo que también podrían ser usadas como armas biológicas y que afortunadamente contamos con tratamiento. Aunque se han reportado casos de peste negra en algunos países de medio oriente, no se ha confirmado que dichas infecciones hayan sido utilizadas como medios bioterroristas.   

 

Se debe tener en cuenta los pocos casos actuales y que la población general que no está enfrentando un proceso bélico tiene un riesgo muy bajo de estar en contacto con estos agentes biológicos. Esto no significa que no tengamos posibilidad de contagiarnos. La posibilidad existe, pero la probabilidad es muy baja y el objetivo de este artículo es informar para poder entender un poco más de este tema, con el fin de no caer en una histeria colectiva irreal pero tampoco de pensar en esta cuestión como un asunto de ciencia ficción.

 

Referencias:

 

Adalja, Amesh A, et al. Clinical Management of Potential Bioterrorism-Relatad Contidtions. N Engl J Med 2015;372:954-62.

 

V. Barras, G. Greub. History of biological warfare and bioterrorism.  Clin Microbiol Infect 2014; 20: 497-502.

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