Terrorismo: Secuelas en la Esfera Mental

 

Al revisar el tema del terrorismo, pocas veces encontramos en los medios de comunicación información acerca de las secuelas y el impacto que tienen actos de este índole en las víctimas y aún más raro si nos enfocamos en la esfera mental.

 

Generalmente, el análisis se centra en el origen, las motivaciones geopolíticas, económicas y religiosas de este tipo de actos. Pocas ocasiones la discusión atiende el último eslabón de la cadena: los civiles.

 

No es de extrañar que la tinta en los periódicos y el tiempo en los espacios propios de la televisión y la radio se ocupen del tema desde perspectivas que en muchas ocasiones son lejanas e incluso intangibles para las víctimas. En otras palabras, se abordan temas como la postura del gobierno de tal o cual país, las consecuencias económicas que supone el atentado, las alianzas entre gobiernos para dar respuesta al ataque; en fin, casi nadie se ocupa de lo que supone para un individuo sobrevivir a un acto terrorista o bien, perder a un ser querido.

 

Una de las posibles razones por las cuales este aspecto del problema ha sido ignorado puede guardar relación con que la definición de terrorismo u acto terrorista involucra a las víctimas solo como un objetivo indirecto, es decir, se trata de actos dirigidos contra un país, gobierno o sistema determinado, pero que no eligen específicamente a sus víctimas, sino que estas son determinadas por el azar.

 

Por ello, en este pequeño artículo decidí exponer un poco de lo que se conoce acerca del daño psicológico y psiquiátrico en las víctimas de terrorismo.

 

Es importante mencionar que no solo las víctimas directas del hecho violeto pueden sufrir algún tipo de secuela; también existen víctimas indirectas, por ejemplo, padres que pierden a sus hijos o cualquier persona que pierde a alguien cercano. Las víctimas indirectas pueden sufrir tanto o más como las directas.

 

La mayor parte de la gente expuesta a eventos traumáticos sufre de algún nivel de estrés emocional que en muchas ocasiones es subclínico, (Crimando, 2004) es decir, no hay evidencia clara y contundente de que se está sufriendo. Para que exista una presentación obvia de los síntomas pueden influir muchos factores de diverso orden, por ejemplo, el contexto social, los componentes biológicos y genéticos del individuo en cuestión, experiencias traumáticas previas y muchas otras variables.

 

Existe evidencia científica que sugiere que a diferencia de otro tipo de eventos traumáticos como pudiera ser un desastre natural, el terrorismo genera más morbilidad psiquiátrica, en otras palabras, es causa de padecimientos mentales (Hall, 2002).

 

Sin embargo, exponerse a un acto de terrorismo no necesariamente resulta en un desorden psiquiátrico. Existen personas que pueden padecer algunos signos y síntomas de estrés sin llegar a integrar ninguna entidad patológica. Por ejemplo, aquí se puede hacer mención de cambios cognitivos, físicos, emocionales y conductuales tales como insomnio, miedo, ansiedad, aumento o disminución del apetito, inatención, etc.

 

Generalmente estos síntomas pueden resolverse sin ninguna intervención terapéutica, aunque esta puede ser de gran utilidad para hacerlo de manera más funcional y más rápida.

 

Otro grupo de personas puede sufrir los síntomas ya descritos pero con mayor severidad y magnitud. También pueden presentar otros síntomas como pesadillas, sudoración, taquicardia y la sensación de volver a vivir el ataque con solo recordarlo.

 

Finalmente, un tercer grupo de personas, afortunadamente el menos numeroso, es el que va a presentar suficientes signos y síntomas para integrar un padecimiento psiquiátrico como puede ser depresión, síndrome de estrés postraumático o ataques de pánico.

 

En este último grupo la intervención terapéutica es imperiosa para lograr restablecer la funcionalidad del paciente. En muchas ocasiones se deben tomar medidas como internamientos hospitalarios, psicoterapia y administración de medicamentos.

 

En el caso de la depresión, los pacientes suelen presentar pérdida de interés, autoestima baja, ideaciones suicidas, etc.

 

En lo que se refiere a los ataques de pánico, estos incluyen sensaciones intensas de temor y angustia, con expresiones fisiológicas como taquicardia, náusea, temblor, sudoración, etc.

 

Para el diagnóstico de síndrome de estrés postraumático, existen diversos criterios que deben cumplirse. La presente explicación no intenta ser una revisión de la patología, sino simplemente una mera medida orientativa. Son tres los ejes rectores de este trastorno: 1) la re-experimentación del suceso, en forma de pesadillas y de imágenes o de recuerdos constantes e involuntarios; 2) la evitación conductual y cognitiva de los lugares o situaciones asociados al hecho traumático; y 3) las respuestas de hiperactivación, en forma de dificultades de concentración, de irritabilidad y de problemas para conciliar el sueño (García, 2007).

 

Sirva esta pequeña descripción de las potenciales secuelas del terrorismo en la esfera mental, como un intento de hacer evidente que la discusión del problema debe abordar también aspectos de salud pública y no solo quedarse en el ámbito de la diplomacia, las relaciones exteriores y los comunicados oficiales de los diversos gobiernos que pueden resultar lejanos y ajenos; también es necesaria la intervención directa con las víctimas y hacer patente que el restablecimiento de la funcionalidad de este grupo de personas debe ser prioritario, por encima de la estabilización de economías, acuerdos internacionales o reconstrucciones de edificios emblemáticos.

 

Fuentes consultadas

 

1. Crimando, Steven M. The Bio-psycho-social Consequeces os Terrorism. N. J. Med 2004 Sep; 101(9 Suppl):84-8; quiz 88-9.

 

2. García JJM, Collado EN. El daño psicológico en las víctimas del terrorismo. Psicopatología Clínica Leg Forense. 2007;7(1):147–60.

3. M. J. Hall et al. Psychological and Behavioral Impacts of Bioterrorism, PTSD Research Quarterly. 13, no. 4, (Fall 2002):1-7.

 

 

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