Educación Antiterrosista

 

Si usted se preguntara cómo el terrorismo, entendido como un mal social, puede ser prevenido desde la educación temprana, como cualquier mal de este tipo debería ser prevenido y no combatido una vez que ya es incontrolable o más difícil de aminorar, seguramente empezaría por cuestionarse ¿qué es el terrorismo? Ante esta pregunta, lamentablemente no podría encontrar un mismo significado entre sus fuentes de consulta.

 

Si la pregunta se hiciera en Occidente, el resultado sería distinto que en Oriente, por ejemplo. Ni siquiera mencionar una fórmula de cómo atacarlo o combatirlo. Jamás encontraríamos una manera sin que alguna otra persona se oponga o difiera.

 

Sin duda, el terrorismo es un tema que puede y debe ser abordado desde un frente multilateral de relaciones internacionales, además de lo propio que los países podrían hacer desde los frentes unilateral o bilateral. Comprendamos que es un fenómeno que sobrepasa las capacidades de los Estados que son víctimas y que muchas veces rebasan fronteras de dos países o incluso regiones o continentes. Digámoslo de la siguiente manera, muy hipotéticamente: el terrorismo es un mal social que cuenta con una organización trasnacional que tiene éxito gracias al financiamiento, a los medios de comunicación y al terror que esparcen entre las personas.

 

Ante esto, ¿cómo se combate al terrorismo desde el ámbito multilateral? La ONU inició desde 2006 con una nueva etapa en esta lucha, pues se acordó la estrategia mundial contra el terrorismo, la cual cuenta con un marco estratégico y operativo común para hacerle frente a este fenómeno. Los ejes de esta agenda, de acuerdo con el organismo internacional son los siguientes: hacer frente a las condiciones conducentes a la difusión del terrorismo; prevenir y combatir el terrorismo; adoptar medidas para desarrollar la capacidad de los Estados para luchar contra el terrorismo; fortalecer la función de las Naciones Unidas de combatir el terrorismo, y velar por el respeto de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo.

 

Nuevamente, vale la pena mencionar que no hay una definición de terrorismo como tal, cada país o cultura podría definirla de distinta manera, pero lo que sí hay son 14 instrumentos internacionales de la ONU para tratar de hacerle frente a este mal: 

 

  1. Convenio sobre las infracciones y ciertos otros actos cometidos a bordo de las aeronaves, de 1963. 

  2. Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de aeronaves, de 1970 y su Protocolo de 2010.

  3. Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil, de 1971.

  4. Convenio sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agente diplomáticos, de 1973.

  5. Convenio internacional contra la toma de rehenes, de 1979.

  6. Convenio sobre la protección física de los materiales nucleares, de 1980, y sus enmiendas posteriores.

  7. Protocolo para la represión de actos ilícitos de violencia en los aeropuertos que presten servicio a la aviación civil internacional, de 1988.

  8. Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima, de 1988, y su Protocolo de 2005.

  9. Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental, de 1988.

  10. Convenio sobre la marcación de explosivos plásticos para los fines de detección, de 1991.

  11. Convenio internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas, de 1997.

  12. Convenio internacional para la represión de la financiación del terrorismo, de 1999.

  13. Convenio internacional para la represión de los actos de terrorismo nuclear, de 2005.

  14. Convenio para la represión de actos ilícitos relacionados con la aviación civil internacional de 2010. 

 

Sin duda, estamos ante una de las áreas más tratadas por Naciones Unidas, aunque es evidente que hacen falta más acuerdos. Actualmente, un país puede, en uso total de su soberanía, emprender en su territorio estrategias de combate contra el terrorismo; sin embargo, en muchas de estas ocasiones, se incurre en errores sumamente graves que podrían ser evitados fácilmente. 

 

Ejemplo de ello está en los ocho turistas mexicanos muertos y los seis heridos por fuerzas de seguridad egipcias en el desierto de este último país, el pasado 13 de septiembre de 2015. Sin duda, salen a flote muchas dudas en este tema, pero es un ejemplo de lo mucho que falta por definir en la estrategia mundial del combate al terrorismo, en este caso, paro que no exista posibilidad alguna de confundir camiones de turistas por agrupaciones de terroristas. Protocolos de comunicación, respeto íntegro a los derechos humanos de las personas en la estrategia mundial de combate al terrorismo o alertas de viaje más efectivas y oportunas deben ser más frecuentemente discutidas.  

 

El 31 de julio de 2010, el doctor Mauricio Meschoulam escribió en El Universal las siguientes líneas: “El terrorismo busca menos víctimas mortales que psicológicas. Su objetivo es propagar miedo y pánico entre la población, para que, así atemorizada, pueda incidir en un cambio de comportamiento o de estrategias de las autoridades […] No todo terror es terrorismo, la distinción se encuentra en el sufijo “ismo” que implica doctrina o ideología. El terror como doctrina busca intencionadamente impactar en la psique colectiva y, de este modo, modificar su conducta. La violencia contra civiles se suma al ataque a militares o policías “no-combatientes”, es decir, que no se encuentran en un combate o conflicto activo […] Su medio es la comunicación masiva. Entre más difundamos las escenas traumáticas, el temor arrasa con mayor virulencia a una ciudadanía en shock. Hoy, a través de la televisión, YouTube o Twitter (al igual que Facebook), el terrorismo encuentra el canal perfecto para esparcirse logrando un contagio de estrés”. Con base en esta definición, hagamos un juego de análisis casuístico. Recordemos los lamentables hechos de los atentados más grandes que París ha visto en los años recientes. El viernes 13 de noviembre de 2015, seis atentados casi simultáneos sacudieron la cotidianeidad de las parisinas y los parisinos. Más de 100 personas murieron y otros centenares resultaron heridas. Basta con esto para considerar que estamos ante un hecho sumamente lamentable. En Twitter, #ParisAttacks y #Bataclan fueron trending topic durante largas horas. Facebook activó su conocida alerta de “Esta persona se encuentra bien”, con lo que se podía conocer que la persona en cuestión no tenía ningún problema. 

 

Ahora bien, ¿qué puede generarse con las ideas anteriores? Desafortunadamente, podría representar el ascenso de discursos radicales o extremistas en la política. Mencionemos dos ejemplos claros: Donald Trump, en Estados Unidos, y Marine Le Pen, en Francia. El primero se perfila para obtener la candidatura del Partido Republicano para las elecciones presidenciales nuestro país vecino, y la segunda ganó adeptos en las elecciones francesas del domingo 6 de diciembre de  2015 (aunque los perdió en la segunda vuelta posterior). Ambos usando discursos antimusulmanes y antimigrantes, empoderados seguramente por el temor social al terrorismo que equivocadamente generan estos dos temas entre el electorado. ¿Por qué George W. Bush pudo reelegirse como Presidente de Estados Unidos? ¿Por qué contó con el apoyo del Congreso estadounidense para ejecutar los planes sumamente costosos de la “lucha contra el terrorismo” en el Medio Oriente? Sin duda, el factor psicológico del terrorismo le ayudó.

 

Por esas razones, es importante considerar el impacto de los medios de comunicación en la psique para la difusión del terrorismo. Podemos estar seguros de que si preguntamos a alguna persona de menos de 30 años que mencione los principales actos terroristas que ha presenciado en medios, seguramente mencionaría los atentados en París, el 11-S de las Torres Gemelas o los acontecidos en los metros de Londres y Madrid. Todos ellos en Occidente, en donde los medios masivos de comunicación tienen una fuerte presencia; la suficiente como para cubrir los hechos minuto a minuto. A eso, hay que sumarle el hecho de que hablamos de ciudades sumamente pobladas, facilitando con ello la difusión masiva de los productos que los medios ofrecieron. 

 

Estos factores, sin duda, son tomados en cuenta por los terroristas, aunque también cometen atentados en zonas en donde tienen objetivos claros, pero esta vez no en Occidente. En África y el Medio Oriente, hay ataques terroristas más seguidos que en las otras partes del mundo y, sin embargo, son menos conocidos que en otros lados, pero no por ello menos importantes. Simplemente, no son difundidos por los medios de comunicación y, por esto, no alcanzan el esparcimiento masivo que otros sí logran.  

 

Más educación, menos extremismo 

 

Por su parte, el índice de Better Life, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, menciona que “la educación desempeña un papel clave para proporcionar a las personas los conocimientos, las capacidades y las competencias necesarias para participar de manera efectiva en la sociedad y en la economía. Además, la educación puede mejorar la vida de la gente en áreas como la salud, la participación ciudadana, el interés político y la felicidad. 

 

Diversos estudios muestran que las personas con un buen nivel educativo viven más, participan más activamente en la política y en la comunidad en la que viven, cometen menos delitos y dependen menos de la asistencia social […] En una economía en la que los conocimientos cambian con rapidez, la educación tiene por objeto enseñar competencias para la vida [...] Tener una buena educación mejora en gran medida la probabilidad de encontrar empleo y de ganar suficiente dinero. Las personas con un alto nivel educativo resultan menos afectadas por las tendencias del desempleo, por lo general debido a que sus logros educativos aumentan el atractivo de su perfil profesional en la fuerza laboral. Los ingresos de por vida también aumentan con cada nivel educativo obtenido.” 

 

Ante estas definiciones, podemos comenzar a crear casos hipotéticos relacionados al terrorismo: ¿podríamos decir que si el mundo se esforzara por educar más y mejor a su población, los atentados terroristas disminuirían? Tal vez. Aunque es cierto que también hay terroristas que cuentan con alta formación educativa. Lo que es cierto es que más allá del fundamentalismo y extremismo religioso, muchas personas que participan del terrorismo lo hacen por que sus países están sumergidos en conflictos armados internos que les impiden tener una estabilidad económica, política y social. Sin relacionarlo con el terrorismo, mencionemos brevemente el caso de México y Centroamérica: ¿qué pasa con esos jóvenes que no tienen oportunidades laborales, muchas veces, producto de su falta de preparación académica? La gran mayoría terminará uniéndose a las filas de la delincuencia y el crimen organizado. 

 

Es común saber de delincuentes que tienen menos de 18 años y que cometen crímenes sumamente graves. Es claro, que si bien no es la panacea de un mal que es multicausal, la mejor educación puede ayudar a esos jóvenes a mantenerse en un mundo más alejado del crimen. ¿Podríamos decir lo mismo de los terroristas jóvenes? Quizás sí. Recordemos que muchos de ellos no superan los 30 años de edad. Aunque es cierto que el tema de desarrollo económico de los países influye. Si bien hay terroristas que nacen, se crían y se desarrollan en las grandes ciudades de Occidente, la mayoría de ellos provienen de países en donde la desigualdad social o la pobreza alcanzan niveles estratosféricos. Esta es solo una hipótesis que podría ser ampliamente discutida. De hecho, existen otras que afirman que el nivel socioeconómico, la pobreza y la educación están muy poco relacionadas con el terrorismo. Inclusive, las evidencias de autores como Alan Krueger y Jitka Maleckova señalan que los militantes de Hezbolá de los años ochenta y noventa provenían de familias privilegiadas de alto nivel educativo. Quizás, en los años recientes, ese esquema ya cambió. 

 

Además de lo anterior, es menester mencionar que hay otro sector de la sociedad que debe ser educado y prevenido: las víctimas psicológicas del terrorismo; todos aquellos que somos susceptibles a generar terror en nuestras mentes producto de lo que vemos y muchas veces compartimos en nuestras redes sociales. Ante ello, es necesario implementar estrategias educativas para que los efectos psicológicos del terrorismo no afecten demasiado. Es común conocer a gente que equivocadamente piensa que no se deberían recibir refugiados del Medio Oriente, por ejemplo, debido a que son “terroristas potenciales”. Las personas confunden al Islam con un semillero de terrorismo. “Los musulmanes y muchos migrantes son malos para nuestro país”. Nada más equivocado que eso. La promoción de los derechos humanos al máximo, la creación de conciencia cívica; de solidaridad, o la enseñanza correcta de las diferentes culturas que hay en el mundo, en los programas educativos de niñas, niños y adolescentes, sin duda ayudarían a aminorar con el paso del tiempo el éxito de esas ideas tan erradas. Lo mismo puede haber un terrorista de una u otra religión, país, cultura o rasgos físicos. Nuevamente, “lo diferente y poco común” es lo que nos da miedo, pero es un temor fundamentado en la falta de conocimiento y educación. 

 

Ante esto, los políticos pueden ayudar a que esto cambie. Por mencionar un ejemplo concreto, recientemente, Hillary Clinton, quien disputa la nominación del Partido Demócrata para la candidatura a la presidencia de su país, mencionó en su cuenta de Twitter que el Islam no es el adversario, que los musulmanes son pacíficos y tolerantes, y que no tienen nada que ver con el terrorismo. 

 

Sin duda, un acto de responsabilidad social fundamentado en una buena educación cívica y cultural, ahora que cuenta con un poder de gran alcance en los medios de comunicación. 

 

Fuentes:

 

Índice Better Life OCDE. “Educación”, disponible en: http://www.oecdbetterlifeindex.org/es/topics/education-es/ (consultado el 13 de diciembre de 2015).

Krueger, Alan B. y Jitka Maleckova. “Education, Poverty, Political Violence and Terrorism: Is Ther A Causal Connection?”, NBER Working Paper Series 9074 (2002).

Meschoulam, Mauricio. “Entender y combatir el terrorismo”, El Universal, 31 de julio, 2010, disponible en:http://archivo.eluniversal.com.mx/editoriales/49230.html (consultado el 11 de diciembre de 2015).

Naciones Unidas. “Acciones de las Naciones Unidas contra el terrorismo”, disponible en: http://www.un.org/es/terrorism/(consultado el 13 de diciembre de 2015).

Naciones Unidas. “Instrumentos jurídicos internacionales”, disponible en: http://www.un.org/es/terrorism/instruments.shtml(consultado el 13 de diciembre de 2015).

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