¡La Violencia Jamás se Justifica!

 

Los seres humanos vivimos situaciones de conflicto, en muchas ocasiones estas circunstancias nos impulsan a cometer actos violentos. Lamentablemente, no sólo participamos en un intercambio de violencia con desconocidos, también lo hacemos con miembros de nuestra propia familia.

 

Según cifras del Instituto Hidalguense de las Mujeres:

  • Una de cada cinco mujeres sufre violencia por parte de su pareja actual.

  • Ocho de cada diez hogares padecen violencia emocional, en donde los gritos y enojos son expresiones más frecuentes.

  • Siete de cada diez agresores sexuales son conocidos de las víctimas y cinco de esos siete agresores son familiares.

 

Por lo anterior, es importante saber que hay diferentes tipos de violencia: violencia física (todo acto agresivo en cualquier parte del cuerpo que cause lesiones y pueda poner en peligro la vida), violencia psicológica (insultos, humillaciones, prohibiciones, burlas, amenazas, chantajes, celos obsesivos e indiferencia), violencia sexual (inducir a la realización de prácticas sexuales no deseadas o que generen dolor), violencia económica (controlar, chantajear o manipular a un familiar a través del dinero o de sus bienes y propiedades).

 

Un acto de violencia cometido en contra de cualquier familia o de una persona en función de su sexo o género no es normal, no es amor, no es vida. Las víctimas suelen repetir esta conducta por lo que la violencia se transmite de generación en generación.

 

Es importante saber las consecuencias que llevan a la violencia familiar y de género ya que afecta la estabilidad y la calidad de vida de la víctima, de su familia y de la sociedad.

 

Algunas de las condiciones que facilitan la violencia familiar y de género son:

  • Repetición de patrones de conducta aprendidos en la infancia y adolescencia.

  • Ignorancia sobre los derechos humanos en general, de los niños y de las mujeres.

  • Cultura machista o feminista discriminatoria.

  • Vicios y adicciones.

  • Trastornos mentales y problemas emocionales.

  • Falta de comunicación entre miembros de la familia y la pareja.

 

Para poder prevenir la violencia es importante poner en práctica algunas medidas, como son:

  • Respetar a todas las personas, cuidando y protegiendo especialmente a las y los más débiles.

  • No reaccionar impulsivamente.

  • Tratar con igualdad a todos los miembros de la familia.

  • No criticar, juzgar, discriminar a ninguna persona por su sexo, edad, raza o cualquier característica individual o social.

  • Fomentar valores en la familia, como el amor, el respeto, la paz, la unidad y la igualdad, aplicándolos primeramente en nosotros.

 

Lo más importante para lograrlo es educar a la familia y considerar que la violencia familiar y de género no es un problema privado, no puede serlo, mucho menos en nuestra sociedad, tiene que ser de interés social, de las personas y de los grupos para que en conjunto podamos enfrentarlo.

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