Educación Libertadora

04/07/2015

 

Al leer el título es imposible dejar de pensar en Paulo Freire, pedagogo Brasileño nacido en 1921 y perseguido por su ideología libertaría, pero además, es reflexionar acerca de la educación desde un proceso de transformación de la realidad.

 

La realidad como un espacio de encuentros, de posibilidades, de construcción y de transformación de los sujetos. Es ahí en esa realidad donde ocurre la necesidad de educar para la vida desde una postura libertadora.

Tal cuestión podría resultar complicada puesto que en la sociedad, las familias, la escuela y otras instituciones, la estructura de dominación es una forma de organización que en poco ha cambiado con el paso de los años, de manera particular en cuestión educativa la concepción bancaria[1] sigue siendo la condición más común para el proceso de enseñanza.

En dicho proceso la relación educador/educando continua con la dicotomía opresor/oprimido, en donde el primero tiene la posibilidad y se cree con la obligación de indicar, mandar, adiestrar, mediante la transmisión los saberes en forma verbal a los segundos llenando su cerebro de conocimientos acabados e inertes.

Por lo tanto, los educandos se forman como sujetos (objetos) pasivos, que esperan, que no avanzan y claro que temen a la libertad, Freire diría porque no se sienten capaces de asumirla, pero también porque se les ha negado la oportunidad de vivirla.

Podemos entonces vislumbrar dos tipos de educación la Domesticadora  y la Libertadora. La primera en la que los sujetos viven un proceso de deshumanización y tienden a ser menos, buscan el tener, se siguen métodos cerrados y se desarrolla en ellos una conciencia opresora. Todo esto, con la finalidad de convertir “un hombre en cosa, algo animado en algo inanimado”[2], esto es, seres que no tienen ningún propósito, “sus  finalidades son aquellas que les han impuesto los opresores”[3].

Pensando lo anterior, desde un espacio escolar, en las aulas comúnmente quien da las indicaciones, quien dice, cómo, cuándo, porqué y que aprender es el docente, sujeto opresor que como es claro no se ha dado cuenta de su propia situación, ya que siendo el docente un sujeto que pertenece a un sistema más amplio que le indica qué, cómo y cuándo enseñar se convierte él a su vez en un ser oprimido.

Por ello, Paulo Freire nos invita a reflexionar y vivir un proceso de aceptación de nuestra posición en la dicotomía, pero también, a hacer de esto un acto volitivo de transformación del yo, desde nuevas formas de estar siendo, esto es, me acepto como un ser oprimido para entonces transformar mi situación y con ello me reafirmo como persona, regreso a lo humano y mi conciencia se libera. “Ni opresor ni oprimido, sino un hombre liberándose”[4] o bien parafraseando a Hegel solamente superan la contradicción en que se encuentran los sujetos que logran el hecho de reconocerse como oprimidos y esto los compromete en la lucha por liberarse.

El segundo tipo de educación es la libertadora aquella en donde la acción/reflexión de los sujetos les da la posibilidad y la responsabilidad de liberarse, de elegir. Esta educación presenta la oportunidad de decidir entre seguir indicaciones o tener opciones, “entre ser espectadores o actores. Entre actuar o tener la ilusión de que actúan en la acción de los opresores. Entre decir la palabra o no tener voz”. Este tipo de educación utiliza como método el diálogo y la problematización, que abre la oportunidad de escucharnos, de apelarnos y entonces de reconocer al otro.

En esta forma de educación los saberes dejan su forma quieta y acabada, en la enseñanza bancaria los saberes o conocimientos son una donación de aquellos que se juzgan sabios hacia aquellos a los que juzgan ignorantes. En la Educación Libertadora “sólo existe saber en la invención, en la búsqueda inquieta, impaciente, permanente que los hombres realizan en el mundo, con el mundo y con los otros”[5].

Al reconocerme y reconocer a los otros se abre la posibilidad de que el hombre se descubra como tal y se conquiste a través de la reflexión y del análisis de su historicidad, pero sobre todo de lucha por la emancipación.

Este tipo de educación da un giro a lo que se creía el destino dado y quizá podría ir contra las reglas, lo establecido, pero es la alternativa para que los sujetos escuchen a los otros a través del diálogo, se formen y desarrollen como seres autónomos, pensantes; actores responsables con una conciencia crítica que buscan, crean y conquistan, que dicen, deciden y eligen, pero que además, se reconocen como seres inconclusos con la capacidad de ser más y de transformar al mundo.

Lo difícil de esta última opción es que muchos le tememos a la libertad, además de que pensar algunas veces se convierte en un problema. Es complejo romper los esquemas de una sociedad cerrada, cambiar lo que era una forma y estilo de vida. Pero la educación no puede seguir estable en un sistema de enseñanza basado en el dilema opresor/oprimido, los docentes debemos de cambiar los modelos y nuestra conciencia de poder o dominación, propiciando con ello la formación del otro, desde su lado más humano. Llamemos, entonces, a esta forma de educar la educación de la esperanza. 

 

[1] Para Paulo Freire la educación bancaria, es la que recurre al método tradicionalista, que conduce a los educandos a la memorización y al aprendizaje mecánico.

[2] FREIRE, Paulo. La pedagogía del oprimido. México. Siglo XXI. 2005; p. 61.

[3] Ibídem, p. 62.

[4] Ibídem, p. 47.

[5] Ibídem, p.79.

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