El Cerebro y la Música


El escenario acústico del humano está integrado por diferentes tipos de sonidos, algunos de los cuales lo han acompañado por miles de años. Muy probablemente todos pensemos en la voz humana como uno de los sonidos que más frecuentemente escuchamos en nuestro entorno, además de considerar que esta es el vehículo del lenguaje hablado, el cual constituye una de las formas de comunicación más preponderante en nuestra especie.


Otro sonido que ha acompañado la vida de cualquier sociedad humana, es la música, la cual es considerada por la Biomusicología como el resultado de la facultad musical, es decir, el producto creativo de determinados rasgos biológicos que nos permiten percibir, crear y disfrutarla. Por lo tanto, la facultad musical se refiere a determinadas capacidades como el poder sincronizar nuestros movimientos con un pulso o ritmo determinado, el baile, el canto y la percusión bimanual; todas estas habilidades forman los cuatro componentes que definen a la musicalidad humana (Fitch, 2015).


Esta forma de entender la música nos permite considerar nuestra propia biología como parte de la definición de música, además de que constituye uno de los principales enfoques para investigar preguntas en relación a cómo la percibimos y la analizamos, a las similitudes o diferencias que puedan existir con el lenguaje hablado, entre muchas otras cosas más. A continuación mencionaremos brevemente algunas evidencias en relación a las similitudes y diferencias entre la música y el habla, especialmente en relación a los sustratos neuronales que subyacen a la percepción de estos sonidos.


La música y el habla pueden ser considerados como distintos o similares dependiendo del parámetro que se analice (e.g. estructura espectro-temporal). Sin embargo, uno de los aspectos más importantes de dilucidar si el sustrato nervioso que subyace al procesamiento de estos dos sonidos es el mismo. A pesar de que las regiones cerebrales que se involucran en la percepción del habla han sido ampliamente estudiadas y descritas, poco se conoce de lo que pasa en el caso de la música. Una evidencia importante en relación a la independencia en el procesamiento de estos dos sonidos es que existen patologías que afectan selectivamente el procesamiento de la música (i.e. la amusia) o del habla (i.e. afasia).


Considerando estos antecedentes, en el Instituto de Neurobiología de la UNAM diseñamos un protocolo de estudio utilizando resonancia magnética funcional, en este experimento la intención era comparar diferentes fragmentos musicales usando distintos timbres (e.g. piano, violín) y tonos emocionales (e.g. alegre, triste), así como distintos tipos de vocalizaciones humanas (con o sin contenido verbal). El objetivo era detectar las regiones cerebrales que modularan su actividad durante la percepción de estos dos tipos de sonidos para después poder compararlas en busca de diferencias. Además de lo anterior decidimos incluir dos poblaciones diferentes, una de músicos profesionales y otra de personas sin ningún tipo de entrenamiento musical, lo anterior se hizo con la finalidad de buscar cambios funcionales asociados con el entrenamiento musical.


Nuestros resultados mostraron que los sonidos musicales modulaban en mayor proporción la activación de una región de la corteza cerebral que se denomina planum polare, esta región se localiza en el lóbulo temporal, en ambos hemisferios. Asimismo, encontramos que la corteza somatosensorial (i.e. la región que recibe y procesa la información sensorial de la piel) también se modulaba más con los sonidos musicales comparados con las vocalizaciones humanas, sin importar si eran frases o vocalizaciones sin contenido verbal (e.g. risas, gritos, gemidos).


La comparación entre músicos y no-músicos nos mostró dos diferencias principales, la primera fue que los músicos presentaron mayor prevalencia de actividad bilateral del planum polare, es decir, era más común que el planum polare de los dos hemisferios modulara su actividad mientras escuchan música. El segundo hallazgo fue que los músicos también modifican la actividad de otra región del lóbulo temporal del hemisferio derecho: el planum temporale (su equivalente en el hemisferio izquierdo es el área de Wernicke). Siguiendo este hallazgo, pudimos analizar que el planum temporale en los no-músicos mostraba activación principalmente con los estímulos vocales humanos, mientras que en los músicos la activación de esa región era similar para durante las vocalizaciones y durante la música. Con estos datos concluimos que aunque la mayoría de las regiones cerebrales que participan en la percepción de la música y el habla son compartidas, existen regiones en la corteza cerebral, como el planum polare, que muestran mayor selectividad con los sonidos musicales. Además, el entrenamiento musical constante parece modificar la actividad del planum polare y del temporale.


Estos datos constituyen una evidencia para considerar a la música como un sonido distinto del habla, no solo en sus propiedades acústicas sino también en su representación funcional en nuestros cerebros. La música y el habla constituyen dos mundos diferentes de comunicación y nuestra biología, así como la de algunas otras especies, están comenzando a demostrarlo.

Fuentes consultadas:


Angulo-Perkins Arafat, Aubé William , Peretz Isabelle, Barrios Fernando A, Armony Jorge L., Concha Luis. 2014, Octubre. Music listening engages specific cortical regions within the temporal lobes: differences between musicians and non-musicians. Cortex. 59:126-37.


Fitch William Tecumseh Sherman. 2015, Marzo. Four principles of bio-musicology. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences. 19;370(1664):20140091.

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