Creación y Contemplación del Arte: Evidencia Cientifica

03/07/2015

 

La sociedad occidental actual en la que nos desenvolvemos, nos ha provisto de un gran número de supuestos que en pocas ocasiones nos detenemos a cuestionar y/o analizar. Uno de ellos, es aquel que asume que en el arte siempre hay belleza y que además, la actividad artística debe estar precedida de una gran capacidad creadora e imaginativa.

 

Reflexionar sobre lo que se ha dado por hecho durante muchos años, no siempre es con la intención de probar que esa situación es falsa, sino más bien, con el propósito de conocer los elementos verdaderos y comprobables que dan certeza a una u otra aseveración.

 

Así pues, las siguientes líneas tratarán de describir la evidencia científica que existe en el vínculo entre arte y belleza que actualmente asumimos como inequívoco.

 

Sin lugar a dudas, al hablar de belleza, es imposible mantenerse al margen de la subjetividad. Además, dicha subjetividad puede estar influida por muchas situaciones, entre ellas la cultura y el momento histórico. Por ejemplo, lo que les parece bello en Asia, a los habitantes de América podría no resultarnos de igual forma o bien, los cuerpos regordetes de hace unos siglos, en nuestra actualidad no son igualmente deseados o aplaudidos.

 

Entonces, ¿podemos tener una aproximación objetiva a la belleza? En otras palabras, independientemente de nuestras diferencias temporales y culturales ¿existe algún proceso que subyace a la contemplación de lo bello?

 

La Neuroestética es la encargada dentro del campo de las Neurociencias de responder esta cuestión. Busca encontrar las bases biológicas y neurales de procesos como la creatividad y la belleza.

 

Aunque pudiese parecer sorpresivo de manera inmediata que la primera descripción de la belleza en términos neurobiológicos la haya realizado un filósofo (Edmund Burke), es imposible no tener presente a la Filosofía como madre de todas las ciencias. Burke afirmó que la belleza es en gran medida una cualidad de los objetos que actúa sobre la mente humana a través de los sentidos. (Zeki, 2014).

 

Y es justo el análisis de estímulos diferentes a través de cada uno de los sentidos, como ahora la Neuroestética se vale de varios métodos para estudiar y comprender el fenómeno de la contemplación de lo bello.

 

Por ejemplo, Semir Zeki, neurocientífico que lleva a cabo sus trabajo de investigación en Londres, describió que una región particular del cerebro se encuentra activa cuando el sujeto contempla algo bello, ya sea una pieza musical o bien una pintura. La mencionada región es la denominada corteza orbitofrontal medial. Este descubrimiento lo realizó con el uso de resonancia magnética funcional, una técnica de imagen, (neuroimagen para ser más precisos) que permite conocer qué regiones del cerebro de un sujeto están funcionando cuando dicho sujeto realiza una actividad específica. (http://cordis.europa.eu/news/rcn/33604_es.html)

 

Cabe señalar que en el estudio fueron incluidos participantes de diferentes orígenes étnicos, con diversos grados de escolaridad y de varios países del mundo. Esto con la intención de evitar en los resultados, la influencia que estos factores pudiesen tener para que los participantes considerasen algo como bello o no.

 

Resulta sumamente fascinante que a pesar de que la vía sensorial sea diferente, es decir, sin importar si se trata de un estímulo auditivo (pieza musical) o un estímulo visual (pintura), el sujeto activa la misma región cerebral cuando considera que está ante algo bello. Esto llevó a plantear a los autores del estudio descrito que en el cerebro, existe el concepto abstracto de la belleza.

 

Hasta lo aquí descrito, podemos concluir que la corteza orbitofrontal medial es el área cerebral que se activa al contemplar lo que consideramos como bello, pero todavía hace falta describir cuál es el papel que juega la creatividad para la obtención de una obra bella. 

 

El arte es el escenario propicio para el desarrollo y análisis de la creatividad, sin embargo, su estudio es un verdadero reto para la Neurociencia, pues supone la combinación de diferentes funciones cognitivas además de la influencia del entorno en el propio sujeto.

 

Si bien es cierto que la investigación acerca de las bases neurales de la creatividad es un terreno sobre el cual todavía muchas cosas deben ser exploradas, hasta el momento, ya estamos en posibilidad de realizar ciertos señalamientos al respecto. El primero tiene que ver con la concepción popular acerca de que el hemisferio cerebral derecho es el creativo. Esto es impreciso, pues la creatividad es un proceso global y localizado en ambos hemisferios, pues involucra varios circuitos neuronales.

 

Otro señalamiento importante para la existencia de la creatividad, tiene que ver con la integridad de los circuitos cerebrales que conectan los lóbulos frontales y temporales, es decir, aquellos situados en la parte anterior y lateral del cerebro respectivamente. (Rodríguez-Muñoz, 2011).

 

Finalmente, no puede dejarse de lado la asociación histórica que se ha hecho entre la psicopatología y el arte. Ejemplos de artistas con enfermedades mentales existen muchos: Van Gogh, Joan Miró, Pollack, etc. A este respecto se ha señalado la dopamina como neurotransmisor (sustancia que transmite información de una neurona a otra) principalmente involucrado en estas patologías.

 

En conclusión, la corteza orbitofrontal medial es el área cerebral específica relacionada con la contemplación de lo bello; y además la creatividad es un fenómeno complejo que recluta muchas funciones cognitivas y que se desarrolla de manera global en ambos hemisferios cerebrales.

 

Fuentes consultadas

 

(Comisión Europea. Servicio e Información Comunitaria sobre Investigación y Desarrollo, 2015 La neurobiología saca a relucir la belleza [En línea]. Disponible en http://cordis.europa.eu/news/rcn/33604_es.html).

 

Rodríguez-Muñoz, F-J. (2011). Contribuciones de la neurociencia al entendimiento de la creatividad humana. Arte, Individuo y Sociedad, 23 (2), 45-54.

 

Zeki, S. (2014). Neurobiology and the Humanities. Neuron, 84 (1), 12-14.

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